Carolina Rojas y Sara Beltrán lideran la producción en el Vichada de un negocio que mueve 270 toneladas y logra ingresos por USD 100.000 anuales.
La primera vez que Sara Beltrán conoció un cultivo de marañón en un viaje al Vichada, entrevió la oportunidad que cambiaría su vida: además de identificar una demanda insatisfecha, pues el 98 % del marañón que se consume en Colombia es importado principalmente de Brasil, apreció el potencial de esta nuez como fuente de minerales, proteínas y vitaminas para personas que, veganas como ella, buscan continuamente fuentes de proteína vegetal.
De esa experiencia de hace más de 15 años nació Marañones de la Orinoquía, una apuesta que emprendió junto a sus familiares y amigos. Hoy, esta abogada de 37 años aspira a llegar con su marañón Kju a Estados Unidos, el mayor importador mundial de la nuez, así como a la Unión Europea y Reino Unido. Según Beltrán, la demanda mundial de cerca de cuatro millones de toneladas no está cubierta, pues hoy solo se producen dos millones, y con la tendencia que tienen los consumidores a buscar cada día más productos sanos, la demanda de nueces y frutos secos va en aumento.
Sus marañones en diferentes presentaciones se venden bajo la marca “kju”, una abreviación de la palabra castaña de cajú en portugués, uno de los tantos nombres de esta semilla, también conocida como anacardo, o “cashew” en inglés.
Marañones de la Orinoquía, fundada en 2016, es pionera en la exportación de nueces de marañón procesadas y con la mayor extensión de cultivo productivo, unas 600 hectáreas, más una proyección de siembra de 1.000 hectáreas. En 2017 estableció su primera planta de producción, a la que siguió cinco años después, en 2022, la más moderna del país, en el barrio Las Granjas de Puerto Carreño, con tecnología de punta que permite el aprovechamiento de todas las partes de la fruta y una capacidad para procesar 1.000 toneladas de nuez al año, lo que facilita procesarle a terceros.
El departamento del Vichada se ha consolidado como el epicentro de la industria del marañón en Colombia: cuenta con 8.000 hectáreas sembradas que representan más del 90 % de la producción nacional. En volumen, Colombia exporta en promedio 270 toneladas de esta almendra al año, cuyos ingresos superan los USD 100.000.
El cultivo de marañón en Colombia comenzó hace más de 60 años como una iniciativa del Ministerio de Agricultura. En ese momento se establecieron semilleros de la planta en el Meta, Cauca y Santa Marta, pero el auge del cultivo en el Vichada, a donde llegó en 1988, se debe a los suelos arenosos y el clima cálido, ventajas de este departamento, en el que se han conseguido obtener clones que hoy arrojan rendimientos de hasta 1.000 kg/hectárea, una marca que está por encima de reconocidos países productores como Brasil (726 kg/ha) o Vietnam (886 kg/ha).
En el Vichada, el árbol de marañón, que puede alcanzar ocho o nueve metros de alto y tiene una vida útil de entre 7 y 10 años, no requiere riego porque llueve mucho y existe un período seco de cuatro meses muy provechoso para su producción. Los municipios de Puerto Carreño y La Primavera son los principales centros de producción del departamento.
El principal producto comestible es la almendra, que se vende seca, horneada o frita, y hoy puede conseguirse en forma de crema para untar. Por su parte, la cáscara de la nuez es rica en aceite (25 a 30 % en peso) y con ella se fabrican barnices y tinturas; el fruto o manzana se vende para producir otros alimentos, medicinas y cosméticos; y el aceite que se extrae también sirve para resinas y cosméticos. El marañón, junto con el pistacho, comparten el primer lugar en contenido de proteínas entre los frutos secos (21 %).
El desarrollo del cultivo cuenta con un sólido respaldo institucional y comunitario a través de proyectos que integran a familias campesinas, resguardos indígenas y víctimas del conflicto armado. Las autoridades del departamento, empleando recursos del sistema general de regalías y el auspicio del Gobierno Nacional, apoyan a los campesinos en la siembra de 2.130 hectáreas para una primera fase. Una segunda fase plantea cultivar 4.000 hectáreas en los resguardos indígenas y en las fincas del municipio de Puerto Carreño.
La Fundación Alpina se ha aliado con la Gobernación del Vichada y la empresa Kardian Nuts, que opera bajo un modelo comunitario, para apoyar el proyecto “Conucos Sostenible”, que consiste en el cultivo de 500 hectáreas en el Resguardo de Kanlitojo cuya producción tendrá un impacto directo en 100 familias. Alpina es cliente del marañón producido luego de introducir al mercado productos a base de esta proteína vegetal como el Cremosino de marañón, en su permanente búsqueda de nuevos productos acordes con los cambios de estilo de vida.
Otra organización enfocada en la producción sostenible de marañón es Asomarvi (Asociación de Marañoneros del Vichada), una organización fundada en 2003 por Carlina Rojas en Puerto Carreño, oriunda de la región que ha sembrado marañón criollo desde los 19 años, quien se dedica junto a su familia a impulsar el cultivo en la región. Asomarvi, fundada en 2003, agrupa principalmente a mujeres víctimas del conflicto armado, donde se encuentran afiliadas 48 familias que aspiran al establecimiento de 192 hectáreas de cultivo.
Asomarvi utiliza clones adaptados a la altillanura como los desarrollados por Agrosavia (Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria), una entidad de participación mixta adscrita al Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural que ha adelantado investigación clave en marañón para Colombia, liberando clones de alto rendimiento por su adaptación a la Orinoquía, productividad y calidad industrial: Mapiria, Yopare, Yucao.
Entre los negocios que son consumidores del marañón del Vichada se encuentran los restaurantes Wok, que los utiliza en varios de los platos de su menú. La empresa Chaia, dedicada a la elaboración y venta de productos alimenticios basados en plantas; y RioBita, de la Cooperativa de Ahorro Solidario Canapro, e IFCAYA (Ingenieros Forestales Consultores y Asociados), empresa que opera en la región Caribe, Andina y que en el Vichada impulsa la producción agroforestal sostenible en Puerto Carreño e integra actores de la cadena del marañón para restaurar tierras degradadas.
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