La abrieron en 1982, porque al hijo del supuesto capo Julio Nasser no lo dejaran entrar a una bolera cercana, se volvió famosa pero la Fiscalía la incautó en 1997
El nacimiento de la bolera Tito’s Bolos Club está ligado al orgullo del hijo de un traficante. Jorge ‘Tito’ Nasser, el hijo de Julio César Nasser, llegó tarde a una cita deportiva en la bolera Gran Colombia y fue expulsado de allí sin compasión. Herido en su amor propio, decidió que fundaría su propia bolera, de la que no podrían echarlo nunca. Contaba con el apoyo de sus padres, quienes serían investigados por la DEA tiempo después.
Ahora, están lejos los tiempos de gloria de la antigua bolera. El próximo 27 y 28 de abril, la Sociedad de Activos Especiales (SAE) realizará la subasta del histórico inmueble conocido como Tito’s Bolos Club, una de las boleras más emblemáticas del Caribe colombiano. Este proceso abre la posibilidad de cambio de propietario y podría implicar el desalojo del actual ocupante.
El establecimiento está ubicado en la carrera 51B No. 94-110, en el norte de Barranquilla, una zona de alta valorización inmobiliaría y constante expansión urbana. El predio cuenta con más de 5.000 metros cuadrados, lo que refuerza su atractivo económico y estratégico dentro del mercado actual de bienes en la ciudad.
Actualmente el espacio es utilizado por la iglesia cristiana Vida Abundante, liderada por el pastor Jorge Freyle, quien sostiene que la orden de desalojo no es válida. La congregación afirma haber realizado inversiones significativas en el mantenimiento y adecuación del lugar, además de ser la única usuaria activa del inmueble.
Sin embargo, la SAE, que tiene en la dirección a Amelia Pérez Parra, sostiene que la comunidad mantiene una deuda cercana a los 1.000 millones de pesos por concepto de canon de arrendamiento y obligaciones acumuladas. Esta situación financiera hace viable el proceso de subasta del bien, según la entidad estatal encargada de la administración de activos incautados.
Antes de esta etapa, el lugar funcionó como La Bolera Moñona, que operó tras el cierre de Tito’s Bolos Club, aunque cesó actividades en 2024 debido a la disminución de su actividad comercial y cambios en el uso del espacio.
Tito’s Bolos fue fundado en 1983 por la familia Nasser, encabezada por el arquitecto Julio César Nasser y su hijo Jorge “Tito” Nasser. El proyecto nació a partir de una anécdota ocurrida en 1982, cuando Jorge fue expulsado de la bolera Gran Colombia por llegar tarde. Molesto por la sitaución, decidió crear su propio establecimiento como alternativa.
Un año después se inauguró Tito’s Bolos con 20 pistas de madera y una infraestructura considerada de alta calidad para la época. Desde sus inicios, se consolidó como uno de los centros deportivos y recreativos más importantes de Barranquilla y del Caribe colombiano.
El lugar no solo tuvo impacto recreativo, sino también deportivo. Varios jugadores profesionales se formaron allí, entre ellos el periodista Carlos Julio Arzuza, quien obtuvo tres medallas de oro en competencias nacionales. La bolera también fue sede de eventos regionales de alto nivel e incluso fue considerada para competencias vinculadas a los Juegos Centroamericanos y del Caribe.
Con el paso del tiempo, el negocio perdió fuerza debido a cambios económicos y a los procesos judiciales que rodearon a la familia fundadora. La familia Nasser fue investigada por autoridades internaciones por presunto tráfico de estupefacientes y lavado de activos.
La DEA vinculó a Julio César Nasser, conocido como alias “El Turco”, y a su exesposa Sheila Arana en procesos relacionados con el envío de cocaína y marihuana hacia Estados Unidos y Europa. Sheila fue detenida en Suiza en 1994 y posteriormente extraditada a Estados Unidos, donde cumplió nueve años de prisión.
Uno de los hijos de la pareja fue asesinato en Barranquilla tras salir de un gimnasio, hecho que marcó profundamente la historia familiar. Paralelamente, las autoridades colombianas incautaron múltiples bienes relacionados con el grupo.
En total fueron ocupados 41 inmuebles, entre ellos la propia bolera, bajo señalamientos de haber sido utilizados para lavado de activos. Parte de estos bienes pasó a administración estatal y otros fueron destinados a instituciones públicas. La antigua mansión familiar en el barrio El Prado fue convertida en sede universitaria.
Las investigaciones estimaron que el grupo acumuló una fortuna superior a los 100.000 millones de pesos y mantuvo cuentas en el exterior por más de 150 millones de dólares, lo que sustentó los procesos de extinción de dominío.
Tito’s Bolos dejó de operar bajo ese nombre en 1997. Posteriormente, el espacio fue ocupado por la congregación religiosa Vida Abundante, que inició actividades pastorales bajo la dirección del pastor Jorge Freyle, basando parte de sus enseñanzas en textos bíblicos como Isaías 60:11 y Ezequiel 4:1-3.
La iglesia sostiene que ha realizado inversiones importantes en el inmueble y reclama su derecho de permanencia. No obstante, la SAE insiste en que existen obligaciones económicas pendientes que hacen procedente la recuperación del bien mediante subasta pública.
La entidad ha fijado un precio base cercano a los 16 mil millones de pesos para el proceso de venta programado en abril. Este evento representa el posible cierre definitivo de un espacio con alto valor histórico, deportivo y cultural para Barranquilla.
Impacto y cierre del caso
El caso de Tito’s Bolos ha generado expectativa en la ciudad, especialmente entre antiguos jugadores, trabajadores y habitantes del sector norte de Barranquilla, quienes recuerdan el impacto social del lugar como punto de encuentro deportivo y recreativo durante décadas.
El deterioro progresivo del inmueble y los cambios en la dinámica urbana llevaron a su transformación de centro deportivo a un bien en disputa legal y administrativa. Las autoridades sostienen que el proceso de subasta busca recuperar activos del Estado y garantizar su uso eficiente dentro del marco legal vigente.
Mientras tanto, la comunidad religiosa de Vida Abundante insiste en permanecer en el predio, argumentando inversiones realizadas y continuidad de sus actividades. El desenlace dependerá de la subasta y de las decisiones judiciales que se tomen en las próximas semanas, marcando así el futuro definitivo de uno de los espacios más recordados de la historia reciente del Caribe colombiano.
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