Mientras la biodiversidad venezolana enfrenta su crisis más aguda, con el triple de especies en peligro de extinción, una «absurda» iniciativa busca abrirle las puertas a los hipopótamos salvajes que heredó el narcotráfico colombiano. Sólo el traslado de ocho ejemplares hacia un aeropuerto de Colombia costaría 400 mil dólares, sin contar el transporte internacional, el mantenimiento posterior ni la infraestructura necesaria para mantenerlos en Venezuela.
Foto: Fernando Vergara/ AP
¿Es posible que Venezuela, el país donde el hambre llegó a vaciar zoológicos y donde apenas 8,9% del presupuesto nacional se destina al ambiente, pueda recibir a unos invitados impensables: los descendientes de los cuatro hipopótamos que el narcotraficante Pablo Escobar introdujo ilegalmente en Colombia en los 80?
La pregunta surge a partir de comunicaciones de la organización mexicana Ostok Sanctuary, en Sinaloa, a las que tuvo acceso TalCual, donde se plantea la posibilidad de reubicar ejemplares de esta especie invasora en centros de manejo humano con apoyo del país. Sin embargo, el Ministerio para el Ecosocialismo niega que exista cualquier plan, solicitud formal o acuerdo en curso para traer hipopótamos a Venezuela.
Pero mientras 289 especies nativas están amenazadas por falta de protección y recursos, programas estatales venezolanos aparecen ahora como potenciales receptores de una megafauna invasora que Colombia todavía no logra controlar. Que Misión Nevado, creada para atender perros y gatos, no animales de hasta tres toneladas, figure entre los actores interesados abre otra pregunta inevitable: ¿cómo se pretende asumir una operación de esta magnitud cuando ni siquiera las autoridades han logrado frenar el deterioro de los ecosistemas propios?
La intención quedó reflejada en el documento de Ostok Sanctuary, fechado el 6 de mayo y con membrete también de la Asociación de Zoológicos, Criaderos y Acuarios de México (Azarm), que sostiene que el interés venezolano no es reciente. Según el texto, en 2023 ya se había enviado una comunicación a la entonces ministra de Ambiente de Colombia, Susana Muhamad, «solicitando la transferencia de ocho hipopótamos para su resguardo en centros de conservación bajo manejo humano».
El anuncio, firmado por Ernesto Zazueta, presidente de Azarm y fundador de Ostok Sanctuary, añade que la disposición venezolana «no solo se mantiene, sino que se ha ampliado», y menciona a organismos como Misión Nevado entre los que podrían albergar más ejemplares.
TalCual pudo conocer, antes de la publicación oficial de un comunicado sobre el tema, que dentro del Ministerio de Ecosocialismo no existe registro de un plan formal para traer hipopótamos al país. Fuentes vinculadas al organismo indicaron que el asunto debía ser abordado directamente por el ministro Freddy Ñañez y señalaron además que Misión Nevado no está adscrita a esa cartera, sino a la vicepresidencia, por lo que desconocen si desde allí existe alguna iniciativa paralela relacionada con estos animales.
Horas después, la propia cartera ambiental emitió una declaración a través de la Fundación Nacional de Parques Zoológicos, Zoocriadores y Acuarios (Funpzza), en la que aseguró que «desconoce las declaraciones emitidas por algunas organizaciones no gubernamentales internacionales», replicadas luego por medios informativos, «en relación a supuestos acuerdos y/o propuestas en torno a la importación de ejemplares de la especie hipopótamo».
En el oficio, Funpzza reiteró que Ecosocialismo, como «máxima autoridad nacional ambiental» y «ente máximo responsable de la gestión de la diversidad biológica», es la única instancia facultada para gestionar actividades de este tipo en la nación. «Hasta la fecha no se maneja ningún plan al respecto», concluye el comunicado.
Las dudas, sin embargo, siguen abiertas alrededor de Misión Nevado, señalada directamente por Ostok Sanctuary como una de las partes involucradas. Desde este medio se contactó al programa estatal para conocer si existe alguna propuesta vinculada al eventual traslado de hipopótamos, pero al momento de la publicación de este texto no se obtuvo una respuesta conreta.
No existe información pública sobre aspectos básicos de una eventual operación de esta magnitud. No se sabe cuántos animales podrían trasladarse, cuáles serían los espacios destinados para su resguardo, qué instituciones asumirían el manejo veterinario y ambiental, cuánto costaría mantenerlos ni qué evaluaciones se habrían realizado sobre impactos ecológicos, sanitarios o de bioseguridad.
Tampoco hay información oficial sobre negociaciones concretas entre Venezuela, Colombia y México para ejecutar el traslado.
A ese vacío de información y las dudas que surgen se suma la ola de cuestionamientos alrededor de algunos actores vinculados al proyecto. María de los Ángeles Palma Irizarry, directora de bienestar de Ostok Sanctuary desde 2022, figura en investigaciones abiertas en México por presuntas irregularidades cometidas durante su paso por la Dirección General de Vida Silvestre de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales.
Un reportaje del medio mexicano Contralínea la ubica entre un grupo de exfuncionarios investigados por presuntas alteraciones documentales y emisión irregular de permisos relacionados con fauna silvestre. A la fecha, no existe una sentencia judicial definitiva sobre el caso.
Así, mientras Ostok impulsa alternativas para evitar la eutanasia de parte de la población de hipopótamos en Colombia, una de las fases contempladas en el plan oficial de Manejo y Control para enfrentar la crisis ambiental, el debate alrededor de Venezuela deja de ser únicamente sobre animales. También expone preguntas sobre capacidad estatal, prioridades públicas y gestión ambiental en un país que todavía no logra revertir el deterioro de buena parte de sus ecosistemas.
Para Esmeralda Mujica, bióloga y primera directora ejecutiva de la Fundación Nacional de Parques Zoológicos, Zoocriaderos y Acuarios de Venezuela, traer hipopótamos al país sería «un absurdo» frente a las urgencias ambientales que ya existen dentro del territorio venezolano.
«Tenemos el caimán del Orinoco, el oso frontino, el águila harpía y el cardenalito, que son animales que necesitan apoyo gubernamental para realmente preservar la especie. Es dinero, son recursos a gastar», advierte.
En casi 15 años, entre 1999 y 2015, la cantidad de especies amenazadas en Venezuela se ha triplicado: pasó de 102 a 289, de acuerdo con la Lista Roja de la Fauna Venezolana. El propio informe atribuye parte de ese aumento al deterioro progresivo de las condiciones de conservación ambiental.
Mujica insiste además en que tampoco existe claridad pública sobre cuáles serían los supuestos «centros de conservación» que albergarían a los animales en Venezuela. Y advierte que introducir una especie invasora sin controles rigurosos puede terminar alterando ecosistemas completos.
«Nos pasaría lo mismo que le está pasando a Colombia: desplazarían especies, perros de agua, los manatíes, habría cambios en la vegetación. ¿Qué va a pasar con nuestros ecosistemas?», se pregunta, al pensar en un escenario en el que sean soltados en un espacio abierto.
La experiencia colombiana ya ofrece algunas respuestas. El Instituto Humboldt, que ha seguido por años la expansión de los hipopótamos en la región antioqueña Magdalena Medio, ha documentado agresiones a pescadores y habitantes cercanos a ríos, daños a cultivos y embarcaciones, contaminación de fuentes hídricas y conflictos con otras especies animales.
Un reporte académico de ese centro universitario sobre el manejo de esta especie exótica en Colombia advierte además que las grandes cantidades de materia orgánica que producen, por su excremento, pueden disminuir drásticamente el oxígeno en cuerpos de agua y provocar mortandad de peces. También señala que compiten directamente por hábitat y recursos con especies vulnerables como manatíes, nutrias y chigüires.
Aunque en Colombia solo se ha documentado oficialmente un ataque a humanos, en 2021, de acuerdo con data del ministerio de Ambiente de ese país, en África los ataques de hipopótamos causan 500 muertes cada año y son considerados uno de los mamíferos más peligrosos del continente.
Cuando se le pregunta qué espacios venezolanos podrían albergar hipopótamos, por su extensión o amplitud, Mujica, también miembro fundadora de la Asociación Latinoamericana de Parques, Zoológicos y Acuarios, menciona al zoológico Bararida, en Lara, que históricamente ha manejado y reproducido ejemplares de esta especie. También considera que Caricuao podría eventualmente acondicionarse, aunque insiste en que el principal problema sigue siendo el mismo: presupuesto, infraestructura y personal especializado; por eso, para ella, en realidad, «ninguno podría adquirir a esos animales».
«Son las mismas instalaciones de los años 80 y 90. ¿Hemos visto mejoras radicales en nuestros espacios? No», cuestiona.
Mantener un hipopótamo no es menor. Cada animal puede pesar hasta tres toneladas y consumir diariamente alrededor de 3% de su peso corporal en alimento.
Además, requieren una infraestructura especializada. Mujica explica que estos animales necesitan «bretes», estructuras de contención de acero diseñadas para inmovilizarlos de manera segura durante procedimientos veterinarios. «La persona que hizo ese planteamiento no tiene idea de lo que implica manejar un animal de estos», afirma.
Y la logística tampoco es sencilla. La organización ambiental Fotosíntesis Colombia estimó que solo capturar y trasladar un hipopótamo desde las ciénagas hasta un aeropuerto puede costar unos 55 mil dólares por animal, debido a la necesidad de construir corrales especiales y utilizar maquinaria pesada en terrenos de difícil acceso.
Antes de cualquier vuelo, además, los animales deben cumplir cuarentenas estrictas y ser atendidos por equipos veterinarios especializados. Para movilizar unos 80 hipopótamos, que es la cantidad planteada por India, otro de los países interesados, se requerirían tres vuelos chárter exclusivos, concluyó la agrupación.
Bajo ese escenario, trasladar únicamente ocho hipopótamos hasta un aeropuerto ya implicaría costos cercanos a los 440 mil dólares, sin contar el transporte internacional, el mantenimiento posterior ni la infraestructura necesaria para mantenerlos en Venezuela.
«¿Misión Nevado tiene veterinarios capacitados para esto? ¿Dónde los van a trasladar? ¿En un Hércules?», se pregunta la bióloga y remata con la pregunta que justamente atraviesa toda esta discusión: «¿Vamos a gastar recursos en conservar animales que no representan un problema para nosotros, mientras nuestras propias especies siguen desprotegidas? Estaríamos trasladando a Venezuela un problema ambiental que hoy tiene Colombia.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes «contra el odio», «contra el fascismo» y «contra el bloqueo». Este contenido fue escrito tomando en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.
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