A un mes del inicio del nuevo diálogo entre el oficialismo y un sector de la oposición, la organización no gubernamental, Laboratorio de Paz, analiza este llamado “proceso de transición” en su informe Un mes después del 1A: ¿Toda transición conduce a la democracia?, publicado este 1 de septiembre, en el cual advierte sobre un “nuevo orden híbrido” si no se logra una transformación real de los esquemas de poder que mantiene el chavismo.
Las expectativas sobre los posibles resultados del nuevo diálogo se empiezan a dislumbrar. Una primera fase abrió la puerta a la renovación del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ). La Asamblea Nacional aprobó en primera discusión una reforma a la Ley Orgánica del TSJ, que plantea la modificación del proceso de selección de los magistrados. No obstante, la transformación del Consejo Nacional Electoral (CNE) sigue sin concretarse.
Esa primera ronda de conversaciones se llevó a cabo en Caracas entre el 6 y el 12 de agosto. Las delegaciones se mantienen encabezadas por Jorge Rodríguez, presidente de la AN actual y hermano de la presidenta encargada, y Dinorah Figuera, integrante de la AN de 2015, considerada la última instancia legítima en Venezuela, tanto por la oposición como por gran parte de la comunidad internacional, incluyendo a Estados Unidos.
Mientras tanto, la líder opositora y ganadora del Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, se mantiene al margen del actual proceso de diálogo.
Una segunda ronda se retomaría tentativamente a partir de mediados de septiembre y se espera el debate sobre las inhabilitaciones políticas, garantías civiles y la libertad de expresión.
A finales de julio, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, anunció el inicio “formal” a partir de agosto del “proceso de transición” en Venezuela, siete meses después de la captura de Nicolás Maduro. Durante ese tiempo se han concretado más de 400 excarcelaciones de personas presas por motivos políticos y una aparente mayor tolerancia a la disidencia.
Laboratorio de Paz plantea que la pregunta “ya no es si existe una transición” hacia la democracia, sino “¿hacia dónde está conduciendo?” esa transición. El análisis de la ONG de derechos humanos reconoce que en el último mes se han producido “cambios relevantes”. Sin embargo, advierte que “ninguno garantiza por sí mismo una democratización del país”.
“Salir del autoritarismo no significa necesariamente estar avanzando hacia la democracia. Una sociedad puede abrir espacios de participación y seguir reproduciendo estructuras de poder profundamente antidemocráticas”.
Informe Un mes después del 1A: ¿Toda transición conduce a la democracia?
El informe retoma el concepto de “zona gris”, desarrollado por el politólogo estadounidense, Thomas Carothers, para describir a los países que abandonan parcialmente el autoritarismo sin convertirse en democracias funcionales.
“En esa zona gris pueden coexistir elecciones, partidos de oposición, organizaciones independientes y nuevas instituciones con graves déficits de Estado de derecho, independencia judicial, representación ciudadana y alternancia real en el poder. La advertencia de Carothers, sostiene Laboratorio de Paz, resulta especialmente pertinente para el momento venezolano”, explica el informe.
El documento identifica dos posibles señales de alerta para los próximos meses: el pluralismo ineficaz y la política del poder dominante. “Desde esa perspectiva, Laboratorio de Paz sostiene que la renovación del TSJ o del CNE solo representará un verdadero avance si viene acompañada de reglas que garanticen independencia institucional, transparencia y capacidad para actuar incluso contra los intereses de quienes participaron en sus nombramientos. Si por el contrario se realiza bajo la llamada “cuotas políticas” se repetirá lo que actualmente sucede con la Asamblea Nacional”.
Más allá de las discusiones políticas y las aparentes transformaciones desde el poder, el informe también formula recomendaciones para organizaciones sociales, movimientos ciudadanos y defensores de derechos humanos. Laboratorio de Paz propone “aprovechar la actual apertura política para reconstruir capacidades democráticas” en cuatro frentes simultáneos:
Recuperar la confianza entre actores fragmentados por años de polarización y represión.Fortalecer el músculo organizativo de sindicatos, gremios, organizaciones comunitarias y movimientos estudiantiles.Construir una agenda propia, que no dependa exclusivamente de las prioridades de quienes negocian.Incidir sobre las decisiones públicas mientras el proceso continúa abierto.
Para Laboratorio de Paz, el mayor riesgo del momento es que la ciudadanía delegue completamente la iniciativa política en las negociaciones entre Washington, Miraflores y las élites venezolanas.
“La democracia no será solamente el resultado de lo que acuerden quienes hoy negocian. También dependerá de las capacidades que la sociedad venezolana consiga reconstruir mientras esas negociaciones ocurren”, concluye el texto.
Para ler el informe completo puede hacer clic aquí.
La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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