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Tigres de Aragua: La Historia de su Fundación y Desafíos en el Béisbol Venezolano

Tigres de Aragua había sido aceptado en la Liga para formar parte de la primera expansión. Tres meses tenían los fundadores de los bengalíes para armar la nómina y estar listos para el día inaugural. Para ayudar en la caza de peloteros llegó nada más y nada menos que la leyenda viviente, José Antonio Casanova, quien sería el mánager del equipo.

El mercado de jugadores constaba de cuatro fuentes. Una era la cantera de nuevas promesas del doble A, otra la de veteranos cesantes de la recién extinta liga occidental; luego estaban los jugadores extranjeros, y una cuarta opción era la contemplada en el acuerdo de expansión para el ingreso de Cardenales y Tigres a la Liga Venezolana de Béisbol Profesional (LVBP), que establecía que estas nuevas divisas recibirían dos jugadores de cada uno de los cuatro equipos que ya pertenecían a la Liga, para un total de 8 peloteros por debutante. Para esto, Leones, Magallanes, Tiburones e Industriales debían elaborar una lista de criollos “no protegidos” de su nómina. Los jugadores en esta lista participarían entonces en una especie de draft en el que Lara y Aragua elegirían sus nuevos integrantes. Eso sí, nada es gratis en esta vida: el monto mínimo a pagar a cada equipo por estas fichas era de 4.000 bolívares, el equivalente a unos 10.000 dólares de hoy.

En cuanto a extranjeros, los acuerdos para el ingreso de Cardenales y Tigres contemplaban el derecho a traer hasta nueve jugadores importados, dos más que el tope de siete permitido por la Liga.

Otro punto del acuerdo, uno duro para las nuevas divisas, era el pago de 6.000 bolívares al equipo de casa cada vez que Aragua o Lara visitara un estadio ajeno. Esto buscaba cubrir el déficit de taquilla que suponían iba a generar los pocos fanáticos que, tanto en Caracas como en Valencia, tendrían las novenas debutantes. Humberto Osuna recuerda en una entrevista que a veces en Caracas él era la única persona en el Universitario que aplaudía a los Tigres.

El 24 de septiembre de 1965 se registró la compañía Tigres de Aragua C.A. Esta figura pasaría a Fundación Tigres de Aragua en 1982, lo que, de hecho, abrió las puertas a una serie de eventos que con el tiempo terminaron poniendo el equipo en manos de la gobernación del estado. Pero eso es harina de otro costal, así que regresemos a 1965.

Los tigres amigos hicieron la tarea, y la hicierón bien. Armar un equipo profesional desde cero en poco más de siete meses es cosa de admirar. El viernes 15 de octubre de 1965, en el estadio José Pérez Colmenares de Maracay, el gobernador Ildemaro Pérez Segnini lanzó la primera pelota en el acto protocolar del primer juego de Tigres de Aragua en la LVBP. Si bien el estadio había sido inaugurado en febrero con la copa Kennedy, si usted le pregunta a un maracayero de la época, este le dirá que la verdadera inauguración del coso de Maracay fue ese 15 de octubre.

Los de Aragua perdieron ese primer juego 2 por 1 ante Industriales de Valencia en un estadio repleto de fanáticos. Ese día la taquilla se agotó, dejando por fuera a una legión de personas que tuvieron que conformarse con escuchar las incidencias del encuentro por la radio, en la voz de Foción Serrano.

Once derrotas más tuvieron que soportar los nuevos seguidores del equipo, para un total de 12 reveses en fila. Entonces, la primera victoria llegó ante el lanzador Steve Hargan, el mismo que por Valencia les había ganado el encuentro inaugural. El resultado de esa revancha, sin embargo, estuvo por momentos en vilo. El juego fue protestado por la supuesta inclusión de un jugador que no estaba en el roster, el cubano Paul Casanova. Al final la querella no prosperó, y el primer triunfo de los bengalíes en la LVBP se hizo oficial. Esa fue la primera vez que Foción Serrano pronunció la frase que se haría icónica: “¡Ganaron los Tigres!”, seguido de un golpe sólido a la mesa. Por cierto, esa pobre mesa pagó también enojos. Cuenta un tío que en una ocasión el equipo botó un juego en una entrada clave, y Serrano estalló: golpeó la mesa, golpeó el micrófono, se paró y salió de la caseta de transmisión furioso. Con esa pasión vivía los juegos el “Tigre mayor”.

Aragua jugó ese año con alineaciones abarrotadas de importados, entre los que destacaba el jardinero dominicano Rico Carty, que sacó 13 para la calle y dejó un promedio al bate de .392. Como dato curioso, en ese roster estuvo también Tommie Aaron, hermano de Hank Aaron, quien, si bien no brilló en la gran carpa, jugó junto a Hank varios años consiguiendo algunos hitos interesantes, como el ser los primeros y únicos hermanos en batear jonrones en un noveno inning para voltear un juego y dejar en el terreno al oponente. Tommie y Hank son aún la pareja de hermanos con más cuadrangulares en las mayores, sumando entre ellos 768 vuelacercas; claro, ahí Tommie solo contribuye con 13, pero el récord vale.

Con todo y el perfil de los importados, y siendo la nuestra una Liga en la que la base criolla resulta fundamental, una novena cargada de nativos no protegidos por otros equipos la tenía cuesta arriba. Los de Maracay terminaron esa temporada en el sótano detrás de Lara, con récord de 18 victorias y 42 reveses, a 6 juegos de sus compañeros de debut y a 15 de Magallanes, que ocupaba el cuarto lugar en la tabla de posiciones. Ese año la diferencia entre las divisas nuevas y las otras cuatro fue inmensa. Sin embargo, hubo algunas notas positivas para Tigres en su debut, como el título de Novato del Año adjudicado al joven José Manuel Tovar, y el título de vuelacercas conquistado por Rico Carty.

La siguiente temporada marchó un poco mejor para el Aragua que, si bien no logró salir del sótano de la Liga, ganó diez juegos más que su temporada inicial, y quedó a solo 3,5 juegos de la punta, y a 2,5 de la clasificación. Sin embargo, la nota amarga de esa temporada fue la renuncia de José Antonio Casanova como mánager del equipo. Una noche en la que Tigres cayó derrotado ante el Caracas, el público en Maracay reaccionó de manera algo agresiva contra Casanova. Este episodio llevó al dirigente a dejar el puesto. Aquella fue la última participación de José Antonio Casanova en la liga profesional venezolana.

Luego vino el tercer año del equipo, y el primero de 23 años consecutivos de un novato llamado David Concepción, que apenas era príncipe, con un aura tan grande que coincidió con la primera clasificación de los bengalíes a la postemporada. Ese año se utilizó un formato sin final, en el que los cuatro clasificados jugaron un todos contra todos para definir el campeón. Aragua llegó al último encuentro en primer lugar, y solo le bastaba ganarlo para coronarse campeón. Esa noche, los de Maracay estaban blanqueando al Valencia en el noveno inning cuando, ante un inofensivo toque del receptor de Industriales, el lanzador de Tigres voló la pelota y Valencia volteó el juego 2 carreras por 1. Esto obligó al Aragua a jugar un duelo de desempate contra Leones. Para ese encuentro, el Caracas puso en la lomita a Diego Seguí, y acabó con las ilusiones de la ciudad jardín. Así de cerca estuvo Tigres de ganar la primera corona en tan solo su tercer año de existencia.

Luego de aquella decepción, cuatro años más tuvo que esperar la fanaticada aragüeña para levantar el trofeo. El campeonato llegó en la temporada 1971-1972, y luego el bicampeonato en la 74-75 y 75-76. Entonces empezó un largo verano de 27 años en los que Tigres logró cinco subcampeonatos, pero ninguna corona. No obstante, a Tigres le aguardaba una era de gloria en el nuevo siglo. Todo comenzó en la temporada 2003-2004, cuando Aragua al fin reencontró el camino a la gloria. Luego el equipo se volvió imparable y, en un espacio de nueve años, conquistó seis títulos, incluido un tricampeonato, y otro gallardete más en la 2015-2016, el último hasta el presente.

Al igual que ocurre con Cardenales, hoy es imposible pensar en el béisbol venezolano sin esta divisa que a lo largo de los años ha consolidado una legión de fanáticos, con una fuerza especial en la ciudad de Maracay. Y vaya que es especial, como lo ha sido siempre: en sus primeros años a Tigres los apodaban “los Mets de Venezuela”, por aquello de perder juegos y seguir llenando el estadio. Y es que Maracay debe tener algo; yo no sé qué será, pero debe tenerlo. Quizás es la herencia del cariño que el Benemérito le puso a la ciudad. Quizás es esa fuerza que arrastra en la historia al haber sido un punto importante de encuentro de aquellos que venían del llano, de los andes y del occidente. Lo cierto es que, al parecer, a quien se va a vivir para aquellas tierras lo posee un espiritu que lo transforma y se enamora de aquel calorón.

Mi familia tiene una rama caraqueña por parte de mamá y una llanera por parte de papá. Ambas coincidieron en Maracay por los años cincuenta y gracias a ello, yo existo. Tengo catorce tíos de sangre, y solo uno nació en Aragua. Entonces, que alguien me explique por qué carizo todos son fanáticos de los Tigres, excepto uno que era magallanero (siempre hay uno, siempre…)

Sin embargo, el caso más dramatíco creo que era el de mi papá. El tipo nació en un caserío de Guárico, creció en Apure, y se formó como profesional en Caracas, donde vivió el resto de su vida. Entre Apure y Caracas pasó solo dos añitos en Maracay, y resulta que el señor era tigrero de corazón. “Seré de los Tigres hasta que funden las Babas de Agua Verde”, solía decir. Y es que esto de ser fanático, sin duda, es un asunto gobernado por dinámicas ajenas a cualquier lógica. Ahí reside su belleza.

rpoleoZeta

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