A pesar de que estados como Táchira, Amazonas, Apure y Sucre reportaron algunas actividades preventivas aisladas en los centros educativos antes del sismo gracias a alianzas locales, la realidad posterior del Ministerio de Educación fue el silencio. La Federación Venezolana de Maestros considera que el ministerio debe crear una cátedra obligatoria sobre situaciones de desastres para el inicio del nuevo año escolar.
Tras el doble terremoto ocurrido el miércoles 24 de junio, las grietas no solo se contaron en paredes caídas o infraestructura colapsada. La vulberabilidad de los salones de clase y de la comunidad escolar en Venezuela ha quedado, una vez más, al descubierto.
Sin la publicación de una data oficial sobre la infraestructura afectada, el Ministerio de Educación ordenó el reinicio del curso escolar en 18 de los 24 estados del país que no sufrieron daños directos por el sismo y mantuvo la suspensión únicamente en sectores específicos como cuatro municipios de Carabobo, Aragua, uno de Falcón, 12 de Miranda, Caracas y La Guaira. El año escolar, como pudo, se terminó.
De cara al nuevo año escolar que comenzará el 14 de septiembre, según anunció el ministro Héctor Rodríguez, la recuperación de la infraestructura dañada es una prioridad, pero también lo es la formación en materia de prevención porque la realidad intramuros de los planteles revela un panorama de desamparo estructural y pedagógico, donde la supervivencia de niños y docentes frente a un evento como este depende de la intuición y el azar.
En las escuelas venezolanas, la preparación ante un desastre natural es hoy un recuerdo difuso. Leyla Escoba, secretaria general de la Federación Venezolana de Maestros (FVM), sostiene de forma tajante la gravedad del escenario, “durante muchos años en todas las escuelas no se ha dado formación o actividades sobre los protocolos de seguridad de emergencia ante el sismo”.
Escoba detalla que la gestión de riesgo escolar existió en el país, pero quedó como una acción que se atribuye a décadas pasadas. Lo que en los años 80 y 90 eran jornadas esporádicas coordinadas con bomberos y Protección Civil, pero jamás llegó a consolidarse como una política continua o una regla. Con el paso del tiempo, la desidia del Estado eliminó direcciones enteras del Ministerio de Educación encargadas de estos temas, dejando desmantelada la capacitación.
“En algunas oportunidades docentes y escuelas han diseñado programas, pero en la mayoría hace mucho tiempo que no se hace nada. Desconocemos las razones; nadie está pendiente de eso desde el Ministerio de Educación o las zonas educativas, ahora llamados Centros de Calidad Educativa”, aclara la representante gremial. Esta desconexión institucional ha privado a generaciones enteras de herramientas fundamentales, «nunca antes nos dijeron que nosotros somos un país sísmico. Sí había zonas y fallas que se conocen, pero no hay una cultura de manejar desde el ambiente educativo este tipo de situaciones para ir formando a los niños para que estos de alguna manera vayan a la casa y a la comunidad”.
*Esta falta de previsión ha generado una cadena de desprotección que salpica directamente a la formación docente.
“El mismo abandono que se hizo en los centros educativos también vino de estos entes; no tenemos un personal calificado para manejar ningún sismo ni ningún tipo de desastre: inundaciones, problemas por electricidad o infraestructura. El docente no está preparado para asumir. Simplemente corren, se resguardan, quizás en lugares que consideran más seguros dentro de la misma institución. El mismo manejo que no se tiene, que no se conoce, hace más vulnerable a todos los actores de la comunidad educativa, llámese niños, padres o representantes, docentes y trabajadores en general.”
La mirada técnica y operativa coincide con el diagnóstico gremial. Víctor Moreno, bombero jubilado de operaciones contra incendio y coordinador del área de rescate y planificación para casos de desastres y riesgos especiales, advierte sobre las deficiencias en la cadena de prevención. “La respuesta de los bomberos se basa en tres aspectos: antes, durante y después. En el antes, preventivo, ellos no tienen ninguna previsión para casos de desastre”, asevera el especialista.
Moreno evoca los años en que la prevención sí formaba parte del currículo oficial. “En una época, hace más de 27 años, en el plan de estudio y en el programa que tenía el Ministerio de Educación había eso como una actividad: qué hacer en caso de terremotos, de incendio o inundaciones. Yo trabajé en la implantación de ese programa y viajé por todo el país para dar este entrenamiento, haciendo simulacros de evacuación según el caso lo necesitara. Esa es una materia que debería estar en responsabilidad de Protección Civil.”
Sin embargo, el problema no se limita al ámbito educativo o de entrenamiento; empieza en el diseño mismo de las edificaciones escolares. “Las unidades educativas no son estructuras sismorresistentes, porque las medidas, la permisología y el estudio de tierra se saltan”, denuncia Moreno, alertando sobre la precariedad con la que se han construido y mantenido los colegios y edificaciones en el país.
El especialista recalca la existencia de marcos normativos ignorados en la práctica cotidiana, como lo son “las normas Covenin (Comisión Venezolana de Normas Industriales) donde se dice cuáles son los medios de escape, cómo son, la iluminación de emergencia o la cinta antirresbalante en las escaleras. Nada de esto se cumple.”
Para Moreno, el abordaje preventivo debe incluir obligatoriamente simulacros periódicos en todo sitio que concentre personas y la creación formal de comités locales. “Deben hacer un comité o una brigada de emergencia, que son quienes van a tener las directrices en estos casos, con entrenamiento en primeros auxilios, rescates en zonas confinadas y todo el entrenamiento que conlleva formar una brigada que se mantenga en constante práctica.”
El desamparo actual se agrava ante la respuesta oficial posterior al desastre. Tras lo ocurrido el 24 de junio, la FVM exigió garantías de seguridad e infraestructura para evitar que se obligue a la comunidad educativa al reinicio o continuidad de clases sin una debida evaluación técnica, estructural y patológica de las edificaciones, en un contexto donde muchos centros en el centro del país han debido ser habilitados temporalmente como albergues.
“Nosotros, desde el mismo momento en que hubo estos terremotos —esta situación que hoy está en pleno desarrollo porque todavía hay réplicas que se están moviendo—, hicimos un llamado a todos los encargados de preservar y motivar al hecho educativo para que fuese activado. Pero el Ministerio se ha conformado con llamar a clases donde no haya daños evidentes, sin ningún tipo de prevención”, denuncia Escobar, secretaria ejecutiva de la FVM.
Dese la Federación insiste en que, si bien el año escolar estaba por culminar al momento de la catástrofe, la reestructuración del sistema debe ser inmediata para el próximo ciclo. “Debe haber una obligación del Ministerio de crear una cátedra obligatoria para que se imparta y se forme una cultura ante situaciones de desastres. Si el Ministerio no tiene especialistas, existen instituciones y organismos que pueden asumir esa responsabilidad; hay muchas cosas que se hacían y fueron abandonadas por el tiempo para darle prioridad a otras cosas no realmente importantes. Nosotros estamos a la disposición y nos gustariamos ser parte de la promoción y participación de este tipo de programas.”
A pesar de que estados como Táchira, Amazonas, Apure y Sucre reportaron algunas actividades preventivas aisladas antes del sismo gracias a alianzas locales, la realidad posterior al terremoto es el silencio. “Después del terremoto no reportamos ninguna actividad sobre esta situación. Sabiendo que hay réplicas de gran magnitud, no se ha hecho nada. Aunque en los estados más afectados las aulas estén cerradas o se estén usando para otras actividades, podría el ministerio hacer unos micros con Protección Civil o la Cruz Roja para difundir información, para que la población esté al tanto de cómo comportarse y tengan tranquilidad. La psique está alterada”, concluye la secretaria de la FVM.
Reconstruir los salones demandará recursos e ingeniería, pero devolverles la seguridad a las aulas exigirá algo más complejo: saldar la deuda histórica de la prevención. Formar a los niños desde el preescolar con simulacros, brigadas y protocolos claros no es un lujo burocrático, sino la única garantía de que, cuando la tierra vuelva a moverse, el miedo no sea la única respuesta aprendida.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes «contra el odio», «contra el fascismo» y «contra el bloqueo». Este contenido fue escrito tomando en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.
Para José W. Fernández, dos veces subsecretario de Estado y exgobernador suplente del Banco Mundial,…
La instalación de una nueva mesa de diálogo entre el gobierno y un sector de…
Después de acompañar a refugiados y escuchar a sobrevivientes de La Guaira, una pregunta viene…
El empresario y comunicador Santiago Matías se refirió a los resultados publicados por una plataforma…
Representantes de la Asociación Dominicana de Profesores (ADP) expresaron su respaldo a la candidaturra de…
El dirigente político Abel Martínez manifestó que uno de los principales objetivos de su organización…