Para José W. Fernández, dos veces subsecretario de Estado y exgobernador suplente del Banco Mundial, no es una señal positiva que, en simultáneo, el presidente Donald Trump diga que él es quien manda en Venezuela y que puede trabajar muy bien con Delcy Rodríguez. A su juicio, eso “deja mucho que pensar”.
Fernández cuestionó que, a los dos días de la extracción de Nicolás Maduro, el jefe de la Casa Blanca ya declaraba que habían recuperado diez veces más de lo que costó la incursión militar: “Lo vio como una operación casi comercial y no como un apoyo a la democracia”.
También sostiene que hay muchos venezolanos que quieren regresar y que serán fundamentales para la reconstrucción del país, pero explica que para eso es necesario que llegue “la democracia y haya una luz al final del túnel”.
—¿Cuál es su valoración de la apertura económica que está en marcha en Venezuela bajo la tutela de Estados Unidos?
Los inversionistas grandes siempre van a exigir estabilidad política y garantías legales, pero eso solo se logra con democracia. El problema es que la visión de la administración Trump no cree que sea necesaria la democracia para mejorar la realidad económica de Venezuela ni para cumplir con la agenda de negocios que tiene prevista; por eso no hemos visto mayores cambios en la cúpula chavista, a excepción de Nicolás Maduro y Cilia Flores. La mayoría se mantiene y varios están sancionados por Estados Unidos, como Jorge Rodríguez, quien, además, es el coordinador de la nueva negociación.
—¿Es posible que el nuevo proceso de diálogo que inicia logre la robustez institucional que exigen las grandes compañías? ¿Qué opina del nuevo proceso de diálogo que inició en el país?
Hay que ser muy ingenuo para pensar que con Jorge Rodríguez se puede hablar de democracia. Es corrupto y, como te acabo de decir, está sancionado. El presidente de ExxonMobil fue muy claro y, en las primeras de cambio, dijo que Venezuela era un país en el que no se podía invertir, porque no hay garantías políticas ni jurídicas; y eso seguirá así mientras no gobiernen los liderazgos que el pueblo venezolano ha escogido.
Se calcula que, para poder regresar a los niveles de producción que tenía Venezuela antes de la era chavista, se deben invertir alrededor de ochenta mil millones de dólares en los próximos diez años. Nadie va a poner esa cantidad de dinero sin que haya una institucionalidad fuerte y legítima.
—Pero es que, en el corto plazo, no pareciera estar planteado que esos liderazgos escogidos vayan a gobernar el país.
Es que la administración Trump comete un error al pensar que ellos solos pueden proveer la libertad y estabilidad a mediano y largo plazo. Probablemente, en este momento puedan hacerlo, pero eso no es suficiente para que las grandes empresas inviertan. Ya verás que no lo harán masivamente, mucho menos las europeas.
—¿Qué rol pueden tener multilaterales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo en la reconstrucción económica y de infraestructura que requiere Venezuela?
Son sumamente necesarias, pero no han sido incorporadas, lamentablemente. Por ejemplo, para renegociar la deuda externa de Venezuela, que es de 180 mil millones de dólares, van a necesitar al Banco Mundial, pero todo esto lo está llevando Washington. La falta de acción de las multilaterales en Venezuela obedece a que no tienen la información que necesitan para trabajar, están viendo como Estados Unidos maneja el proceso y están esperando a que el liderazgo democrático empiece a ocupar espacios de poder.
—¿Cuándo el venezolano común podrá empezar a sentir que hay una mejoría sustancial en su economía?
Venezuela tiene una gran ventaja con respecto a situaciones como la de Cuba, por ejemplo, y es que produce petróleo. Eso será fundamental para su recuperación económica. Cuando las grandes transnacionales empiecen a invertir en el país, la mejora se va a sentir rápidamente.
Sin embargo, el gobierno americano reconoce que en una cuenta manejada por ellos han entrado alrededor de quince mil millones de dólares, y aún no hay ningún tipo de información pública donde se pueda ver cómo ha sido manejado y gastado ese dinero. Eso es un detalle significante.
—¿Es buen momento o no para reestructurar la deuda externa?
El primer problema con este tema es que, debido a la gran corrupción de todos estos años, no hay claridad en el monto que debe el país. Hay que revertir toda la opacidad y establecer un monto definitivo de la deuda. Esa es información clave que tanto las multilaterales que vayan a apoyar el proceso como los acreedores van a requerir. Yo creo que esa es una conversación que debe empezar a darse desde ya. La renegociación de la deuda es un proceso que toma tiempo y Venezuela no puede esperar a completarlo para empezar con su reconstructcion.
La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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