Categorías: Política

La Legitimidad y el Poder en Venezuela: Un Llamado Urgente a la Democracia

Jorge el psiquiatra, en una reciente entrevista en el medio El País, apeló a sus dotes devaluadas de manipulador para intentar desviar la atención sobre temas de interés nacional y sorprendió utilizando una frase de la campaña electoral de Bill Clinton: “la economía estúpido la economía”. La frase original es de James Carville, un conocido consultor político norteamericano que fue estratégicamente utilizada en la campaña de Clinton para enfrentar a Bush. En esta oportunidad, Jorge la utilizó para evadir profundizar sobre el tema que principalmente preocupa a los venezolanos, tal como es el irregular ejercicio en el poder de Delcy Rodríguez.

Las decisiones recientes que se han venido tomando desde el ilegal ejercicio del poder permiten concluir que los hermanos junto a la camarilla en el poder intentan manipular los tiempos e ir ejecutando cambios institucionales cosméticos que les permitan mantener el control de casi todas las variables, y que a los efectos de los derechos ciudadanos, todo siga exactamente igual.

Estamos ante una anomalía constitucional evidente. Al frente del poder ejecutivo está alguien cuya “autoridad” deriva de la designación de un presidente ilegítimo a quien nadie eligió; este supuesto presidente ya no está, y es muy improbable que vuelva al cargo. Sin embargo, Delcy se mantiene mientras torea enfrentar la pregunta que todos nos hacemos: ¿Hasta cuándo?

En un histórico pronunciamiento, la Academia de Ciencias Políticas y Sociales de Venezuela ha hecho un llamado a resolver esta anomalía constitucional por la única vía posible: mediante elecciones transparentes y con garantías. La Academia sostiene que la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela consagra el principio republicano, conforme al cual el jefe del Estado y del Ejecutivo Nacional debe ser electo mediante sufragio universal, directo y secreto. Que el cargo de vicepresidente ejecutivo es de designación por parte del presidente de la República y no es un cargo de elección popular, por lo tanto, quien lo ejerce no tiene legitimidad democrática. La suplencia del vicepresidente por la vacancia presidencial ocurrida es de carácter funcional y temporal, como expresamente lo disponen los artículos 233, 234 y 239, numeral 8, de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

Que por tanto, la prolongación indefinida del ejercicio del cargo de presidente de la República por una autoridad no electa es violatoria del principio democrático y de la legitimidad de origen del Poder Ejecutivo Nacional. Valga aclarar que este cuestionamiento del rol de Delcy como encargada, no implica su reconocimiento como vicepresidenta, sino intenta resolver la compleja crisis a partir de lo que la Constitución señala.

Pero mientras la mayoría del país junto a las fuerzas que representan a quienes hacen oposición real presionan para una salida constitucional a la usurpación, Delcy y Jorge siguen suscribiendo actos de gobierno cada uno desde los poderes que ilegalmente dirigen, como si tales actos no estuvieran viciados de validez.

La legitimidad es el fundamento del poder, por más que Jorge lo evada. ¡La legitimidad estúpido! Es el germen virtuoso del ejercicio de la función pública.

Jean Jacques Rousseau sostenía que la única fuente de autoridad legítima es la voluntad general. Si un gobierno no emana de este pacto social, carece de derecho moral para exigir obediencia. La fuerza no hace el derecho, y solo se está obligado a obedecer a los poderes legítimos. «Renunciar a la libertad es renunciar a la cualidad de hombre».

La economía Jorge, tampoco escapa del paraguas de la legitimidad, no puedes construir un sistema económico viable sin la seguridad jurídica soportada en la legalidad de las instituciones. Max Weber definió la legitimidad como la creencia en la validez de un orden. Según Weber, un gobierno necesita que los ciudadanos crean que su autoridad es «correcta» para ser estable. Casi nadie en Venezuela estima que la autoridad de Delcy es correcta, ni en su origen y menos en su desempeño; por el contrario, cada día que pasa sin que se declare la falta absoluta del reo Nicolás Maduro, la usurpación se hace más grosera y genera mayor inestabilidad al país.

De la ilegitimidad en la que están no se regresa, no hay nada que puedan hacer que le aporte piso jurídico al ejercicio ilegal del poder; cada acto de gobierno es abusivo. Ni la Sala Constitucional, ni la Asamblea Nacional pueden validar lo que violenta groseramente la Constitución. El reloj corre, la situación se complica, una elección general es la única salida.

La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

rpoleoZeta

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