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El secreto del alemán que robó 440 tesoros indígenas colombianos y su país se niega a devolver

Preuss llegó al Huila detrás de las fasinantes figuras de piedra y se devolvió con ellas a Berlín donde llevan un siglo en las bodegas del Museo Etnológico

A lomo de mula y en los hombros de indígenas, Konrad Preuss sacó el cargamento de 21 estatuas de piedra desde San Agustín hasta Neiva, un viaje de 223 kilómetros que les tomó ocho días. Para ese momento, se encontraba en vigencia el Decreto 21 de 1906, el cual prohibía la alteración, excavación no autorizada y exportación de antigüedades e integrantes del patrimonio arqueológico nacional. El alemán, conocedor de la norma, le escribió una carta a Wilhelm von Bode, el entonces director de los Museos de Berlín, en la que le comentó: “Con cierta cautela, sin embargo, no hay peligro de sacar las cosas”.

Antes de llegar a Colombia, Konrad Preuss estuvo en México donde también realizó sus investigaciones, que lo convirtieron en uno de los etnólogos más importantes de su época.

Cuando las estatuas llegaron a Neiva fueron embarcadas río arriba por el Magdalena hasta Girardot. De ahí fueron conducidas hasta la finca que Preuss tenía en La Mesa, Cundinamarca. Algunas de las piezas habían sido cortadas deliberadamente por el alemán, ya que fue la única forma que encontró de sacarlas sin despertar sospecha entre las autoridades que le tenían el ojo puesto, producto de una denuncia que le puso el corregidor de San Agustín en 1914.

San Agustín es un pueblo de 36.000 habitantes que anualmente recibe alrededor de 64.370 turistas que visitan su Parque Arqueológico.

Las obras que fueron mutiladas son la figura de ‘El Resandero’, la escultura número 117 del Cerro de Pelota, la figura 119 del sitio Jabón y una urna funeraria de gran tonelaje. Preuss tuvo que quedarse en su finca en La Mesa unos cuantos años más de lo que tenía planeado, pues su país se enfrentaba a una humillante derrota en la Primera Guerra Mundial, la cual tenía paralizado el tráfico maritimo.

Mientras tanto, el etnólogo se puso a escribir sus aventuras por el sur de Colombia. Allí registró un inventario con 21 esculturas extraídas de San Agustín. Durante casi sesenta años se creyó que esa era la totalidad del lamentable hurto que había cometido al patrimonio colombiano.

También puede ver: El desplante de Petro con De la Espriella: sacó de la Casa de Nariño a la ‘Paloma’ de Fernando Botero

Sin embargo, en 1992, el investigador estadounidense David Dellenback, dedicado al estudio de San Agustín, denominado el Pueblo Escultor del Macizo colombiano, viajó a Berlín y registró que Preuss había reunido más de 440 bienes arqueológicos y etnográficos, que incluyen recipientes cerámicos, dos máscaras de madera de los indígenas Kogui de la Sierra Nevada de Santa Marta, grabados en cera y cilindros fonográficos con registros sonoros de comunidades indígenas de principios del siglo XX. Además de 34 esculturas de piedra, 13 más de las que registró en su libro, las cuales adquirió en su paso por Nariño.

Todas estas piezas fueron llegando al Museo Etnológico de Berlín, del que Preuss era director y curador, entre 1921 y 1923. Tan solo 2 fueron exhibidas al público por un corto periodo de tiempo. El resto del tesoro fue arrumado en las bodegas del Museo, donde han estado desde entonces. Con el paso de las generaciones, los habitantes de San Agustín fueron dejando de extrañar las estatuas de piedra que les habían hurtado. Hasta que en 2008 se publicó el catálogo completo de la estatuaria del Macizo.

Archivo David Dellenback registrando las estatuas en las bodegas del Museo Etnológico de Berlín en el año 1992.

En 2013, casi un siglo después de la amarga visita de Preuss al Pueblo Escultor, los agustinenses alzaron sus voces de protesta para que el Gobierno colombiano hiciera las respectivas gestiones de repatriación de las esculturas. Finalmente, mediante un fallo del Tribunal Superior de Cundinamarca, la Presidencia de la República, el Ministerio de Relaciones Exteriores, el Ministerio de Culturas, el ICANH y la Gobernación del Huila acordaron unánimemente hacer la solicitud de repatriación al gobierno alemán, la cual fue presentada formalmente en 2021.

En 2025, Hermann Parzinger, presidente de la Fundación del Patrimonio Cultural Prusiano (SPK, por sus siglas en alemán), rechazó la solicitud de devolución argumentando que la normativa alemana de restitución aplica primordialmente a reclamaciones cometidas en contextos de dominación colonial formal. Entonces, al ser Colombia una república independiente en 1914 y al tratarse de piezas de una cultura precolombina extinguida sin descendientes directos comprobables, no existía fundamento legal para la devolución.

Los expertos asumen que los creadores de las esculturas vivieron en San Agustín entre el 3300 a. C. y 1530 d.C. El apogeo de su cultura fue entre el cambio al primer milenio y el 900 d.C.

La respuesta de Colombia no se hizo esperar. Tan solo meses después de la negativa, la directora del ICANH, Alhena Caicedo, hizo públicas las cartas de Preuss, donde explicitamente confesaba la violación del Decreto 21 de 1906, el corte indiscriminado de las obras y el engaño aduanero al registrar las estatuas como “minerales” cuando las embarcó en Puerto Colombia rumbo a Berlín. Estas confesiones dejaron sin sustento la postura de los alemanes, que tuvieron que volver a abrir el caso que ya habían cerrado.

En el pasado las estatuas actuaron como guardianes de las tumbas de Tierradentro y San Agustín que, actualmente, son considerados la necrópolis más grande del mundo.

La última respuesta se dio a conocer en marzo de 2026. La dirección del Museo Etnológico de Berlín exigió que le entregaran un rastreo detallado de la ruta que hizo cada una de las estatuas desde las montañas del Huila hasta el puerto de Puerto Colombia. Esta injustificada solicitud representa un obstáculo administrativo ante un delito que ya fue documentalmente probado.

Por lo pronto, Gustavo Petro se despide de la Presidencia sin haber devuelto las estatuas como lo había prometido al principio de su mandato. Todo quedará en manos del gobierno entrante de Abelardo de la Espriella el cual tendrá la labor de continuar con las presiones diplomáticas para que las estatuas de piedra regresen a sus tierras de las que nunca debieron haber salido.

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