“La gente está harta” “La gente pide justicia” “La gente quiere un cambio” “La gente no puede más” “A la gente no le alcanza la plata” “Para que la gente entienda” “La gente no es tonta” “La gente tiene miedo” “La gente es consciente de lo que está pasando”. Un profesor de Filosofía de nombre Osvaldo Dallera recoge esta lista preguntándose: ¿Quién no ha escuchado alguna vez estas frases? Y por supuesto, creo que no hay nadie que no las haya escuchado y en las circunstancias que hoy vive el país, son realmente cotidianas.
Frente a “la recuperación y la estabilidad” asumidos como ejes centrales de las tres etapas del plan Trump-Rubio, “la gente” tiende a desaparecer como existencia real, tanto para la administración estadounidense, como para los académicos, especialistas, analistas, los inefables influencers seguidores de las políticas trumpistas, incluso, por algunos sectores de la dirigencia política, ella (la gente) solo existe cuando se le nombra, asumiéndola como masa de maniobra.
En ese contexto se le conceptualiza más como un simple objeto de la política (y dado que se le conocen sus necesidades y apremios que son externas a ella, entonces se parte de la idea de que es factible de ser contabilizada, calculada, medida y saber cómo se va a conducir en el futuro. Bueno, así piensan dichos actores que se mueven fuera de ella, al lado de ella y encima de ella, pero nunca con ella) que, como sujeto de la política que pueda conducirse como un actor protagónico de la misma.
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El chavismo, desde los tiempos de Hugo Chávez hasta hoy con el Delcinato, la ha concebido de esa manera, pero también algunos sectores de la oposición. Basta observar la conducta de algunos de los exiliados regresados al país en la que se percibe que más que trabajar haciendo esfuerzos con otros, parecen que han regresado a proyectar y revalorizar su imagen pensando en los futuros eventos electorales y de esta manera lanzarse a comicios en alcaldías, gobernaciones y legislaturas. De verdad, parece que no han comprendido el nuevo momento que vive el país.
Es bueno recordarle a ese “liderazgo” que ha regresado que el lema de estos momentos no es “Yo soy”, que el lema de hoy es algo más parecido a lo que dice Gospodinov: “Yo somos”, esto es, la individualidad diluida en la multitud, ser empujado por sus energías, sin dejar de ser uno.
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¿Pero, quien es la gente? que en esta nota yo le doy característica de sujeto de la política en el “momento actual” y la caracterizo como una “identidad colectiva” que teóricamente pudiera ser considerada una inexactitud, pues teóricamente se considera que la constitución de “identidades colectivas” es un fenómeno elitario y no masivo, pero eso es un tema para discutir en otro lugar.
Uno, puede sucumbir a cierta lógica numérica y decir, “la gente somos todos” y si buscamos en cualquier diccionario casi todos apuntan a “pluralidad de personas, muchedumbre, multitud, masa, concurrencia, afluencia, etc.” Con ese criterio podríamos llegar a decir que la gente que se reúne en un estadio para escuchar a Danny Ocean, Rosalía o a Bad Bunny es la gente a la que me refiero aquí. Pero no.
La gente, obviamente no es un todo homogéneo, al contrario, es profundamente heterogénea, pero logra un salto a sujeto político para dejar de ser un simple objeto del cálculo que otros hacen de ella cuando, visualiza un problema o una cuestión como el problema o la cuestión de muchos y/o de todos. En ese momento, más allá de la heterogeneidad, “la gente” se constituye en unidad en busca de la solución del problema o cuestión y no en una simple muchedumbre de individuos aislados.
En ese sentido, en este “momento actual”, “la gente” en Venezuela, asume el carácter de una identidad colectiva porque ha visualizado un tema, un problema, una cuestión que es al mismo tiempo el tema, el problema y la cuestión que afecta a todos y compartida por todos. En este caso, el problema que une a todos, por lo menos al 90% de la gente, es la recuperación de la democracia y con ella la recuperación del país.
No es una característica de este momento, de hecho, el primer movimiento masivo contra el chavismo lo protagonizó justamente “la gente”. Fue en el año 2000 contra el “Decreto 1011” el motivo de la movilización se expresó en el lema: “Con mis hijos no te metas” y fue un movimiento exitoso pues el decreto nunca entró en vigor por la presión que ejerció la gente organizada en la sociedad civil.
Este es un proceso que no ha sido valorado en su justa demenssión pues, con dicha movilización la sociedad civil se hizo más publica y por supuesto más política, aunque todavía estamos esperando por una democratización de la sociedad política.
El otro movimiento masivo contra el régimen fue el llamado “Paro Petrolero de 2002- 2003 “La gente” estuvo en la calle como nunca. Fue un movimiento general de la sociedad, dirigido por Fedecámaras, CTV, por la nómina mayor de PDVSA. La dirección de esa enorme movilización masiva de la gente fue expropiada por la agenda oculta de sectores empresariales y militares que fue incapaz de darle una orientación políticamente efectiva al mayor movimiento masivo de la historia.
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Hoy la gente se conduce bajo otro liderazgo que ha recompuesto la relación entre sociedad política y la sociedad civil y despliega una nueva centralidad como actor político, esta vez, eso que llamo “la gente” (José Nun la llama “la rebelión del Coro”) ha desplazado a las mediaciones clásicas como los actores fundamentales de la práctica política, por ejemplo, en la reivindicación de los derechos humanos, la gente organizada en la sociedad civil ha desplazado a los partidos políticos y a la iglesia en la defensa de sus derechos.
Esta energía de “la gente” en su lucha por la recuperación de la democracia la redime de su “pecado original” porque, digámoslo honestamente, su conducta y comportamiento no siempre ha encarnado los ideales democráticos y de libertad. Así como hoy es un factor importante como elemento contestario contra el régimen, fue igualmente factor importantísimo para la llegada de Hugo Chavez al poder. De ella (de “la gente”) podemos decir, parafraseando a Deleuze, “que no fue engañada”, y es que, no solo Inicialmente sino sistemáticamente por un periodo de tiempo significativamente largo, apoyó masivamente la instalación y la consolidación en el poder del régimen autoritario chavista, igualmente como lo hicieron las masas alemanas e italianas apoyando al nazismo y al fascismo “en determinado momento, en determinadas circunstancias”. Deleuze llamó a esta conducta “perversión del deseo gregario”.
Pero el cambio llegó. Los estropicios que la dictadura produjo en el país y su gente, fracturando la familia, generando el mayor éxodo registrado en el continente, la mayor crisis humanitaria conocido, también, en el continente, la violación de los derechos humanos mediante la represión, la detención arbitraria, la desaparición forzada, la tortura y el asesinato han sido demasiado y ha generado demasiado dolor en los venezolanos. ¡Ja! Que veinte años no son nada como dice el tango, no es cierto. Hoy esa misma gente que consintió con su voto y su conducta irresponsable para llevar al chavismo al poder hoy reniega de él y señala que es una verdadera plaga.
Junio; 13/06/2026
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@enderarenas
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