En julio de 2015, año y medio después de dejar la Opppe (Oficina Presidencial de Planes y Proyectos Especiales), Farruco Sesto publicó un cuaderno de veintiocho páginas para deixar constancia de lo que había hecho al frente de ella. Se titula La OPPPE como legado del Presidente Chávez y advierte en la portadilla que buena parte del texto proviene de un documento privado escrito en noviembre de 2014.
Es el único relato de aquella oficina escrito desde dentro. Está redactado para elogiarla, y por eso lo que admite no tiene réplica. Sesto explica allí para qué se creó el organismo que levantó 43 torres en el litoral central, a quién le rendía cuentas, con cuánta gente trabajaba y cómo se modificaron las normas para que él siguiera al frente.
Para qué se creó. En la página 4 lo dice sin rodeos. Chávez sentía la necesidad de disponer de «una instancia ágil, no ligada a las burocracias ministeriales», que pudiera elaborar «en contacto directo con él» algunos proyectos que consideraba especiales. Eludir a los ministerios era el propósito, no una consecuencia.
Y en la página 5 añade las dos condiciones que puso Chávez: que la oficina no se limitara a Caracas, sino que abarcase todo el país, y que, además de proyectar, tuviera «funciones ejecutoras, con autonomía administrativa».
El decreto confirma lo que Sesto cuenta. El Decreto N.º 6.966, del 13 de octubre de 2009, publicado en la Gaceta Oficial N.º 39.289 del 21 de octubre, define el objeto del organismo como «identificar, planificar, proyectar y ejecutar acciones urbanísticas, arquitectónicas o paisajísticas de carácter extraordinario».
La palabra vivienda no está.
Y sigue sin estar quince meses después, cuando el Decreto N.º 7.985, publicado en la Gaceta Oficial N.º 39.589 del 7 de enero de 2011, convirtió a la oficina en fundación del Estado y reprodujo ese objeto palabra por palabra.
Y así funcionó su primer año. La primera obra que entregó fue el monolito conmemorativo del 19 de abril, inaugurado en abril de 2010, y en noviembre de ese año arrancó la construcción del Mausoleo del Libertador.
En la página 5 del citado cuaderno, Sesto cuenta que en mayo de 2008, siendo ministro de Cultura y seis meses antes de las elecciones regionales del 23 de noviembre de aquel año, se creó una Comisión Presidencial de Planes y Proyectos Especiales para la Gran Caracas, integrada por siete ministros y presidida por él, con la Secretaría Ejecutiva a cargo de su propio despacho.
En junio lo trasladaron al Ministerio de Vivienda y Hábitat y, un mes más tarde, en julio, ocurrió lo que él mismo relata:
«Un mes después se publicó una reforma a ese decreto para que mi persona pudiera seguir presidiéndola».
Se reformó el instrumento legal de una comisión de siete ministros para que la siguiera encabezando el mismo hombre, y la secretaría se mudó con él a su nuevo despacho.
Aquí no hay dinero, ni obra, ni víctimas. Solo un decreto que regía a siete ministros, reformado para que un hombre conservara un cargo al cambiarle el despacho. La presidencia estaba atada a un ministerio y, en vez de pasar al nuevo titular de Cultura, pasó a seguir a la persona.
Catorce meses después, ese mismo hombre dirigía la oficina que levantó las torres de La Guaira.
En el último de los veintiún fascículos de OPPPERACIÓN CIUDAD, la revista que la oficina de Farruco Sesto encartaba en el Correo del Orinoco y que se publicó el 26 de noviembre de 2013, Sesto lo explicó en una entrevista que le hizo Gipsy Gastello, coordinadora editorial de esa misma revista y, antes, directora de Comunicación e Información del Ministerio de Cultura cuando Sesto lo encabezaba.
«La OPPPE —dijo Sesto en esa entrevista— nació por voluntad expresa del Comandante Hugo Chávez, quien quiso disponer de una oficina especial para desarrollar proyectos de carácter especial. Una oficina que le rindiera cuentas directamente a él, a través de su Ministro del Despacho».
No al Ministerio de Vivienda, ni a la Contraloría General de la República, ni a la Asamblea Nacional, ni a una alcaldía.
A Chávez.
En cuanto a los integrantes de la Opppe, la cifra está en la página 27 del cuaderno de 2015, y la da él:
«No superaban entonces las setenta personas en nómina, concebida por ser ágil y eficiente como un cuerpo de combate».
En la página 26 dice qué hicieron con esa nómina:
«Solamente en Caracas y Vargas, a partir de 2011, emprendimos la construcción de 11.199 viviendas, que incluyen las 43 torres del litoral, de las cuales logramos entregar unas nueve mil quinientas».
Y calcula la escala. Equivale, escribe, «a construir en menos de tres años una ciudad de 50.000 habitantes».
Setenta personas, una ciudad de cincuenta mil habitantes en menos de tres años y, al mismo tiempo, el Mausoleo del Libertador, el monumento del 19 de abril, la Plaza de la Galería de Arte Nacional y el Parque Bolívar, que son los otros trabajos que enumera en ese mismo cuaderno.
En la página 9, Sesto transcribe su propia respuesta cuando Chávez le encargó la vivienda en cadena nacional, en el Aló Presidente N.º 354 del 21 de marzo de 2010, y aclara que la tomó de las transcripciones de Prensa Presidencial:
«Presidente, es suya la oficina. Usted instruye y yo obedezco».
Diez meses después, el Decreto N.º 7.985 organizó esa oficina como fundación del Estado. Su artículo 4.º establece un consejo directivo de tres integrantes, todos «de libre nombramiento y remoción», y uno de los tres asientos corresponde al ministro de Estado para la Transformación Revolucionaria de la Gran Caracas, cargo que Sesto ocupaba desde diciembre de 2010.
El primer considerando de ese decreto registra que, al ser designado Sesto ministro de Estado para la Transformación Revolucionaria de la Gran Caracas, en diciembre de 2010, la Opppe pasó a depender de ese despacho.
De modo que Sesto presidía la fundación, encabezaba el despacho del que la fundación dependía y designaba a uno de sus tres directivos. Los tres controles de cualquier ente público —quién aprueba, quién revisa y a quién se le rinde cuentas— quedaban dentro de su propio circuito.
Un funcionario que hubiera querido detener una obra de esa oficina no tenía a quién acudir, porque el jefe, el revisor y el destinatario de las cuentas eran el mismo hombre.
Por otra parte, en todo el articulado no aparece un órgano técnico. Ni comité de ingeniería, ni instancia de revisión de proyectos, ni auditoría independiente, ni comisario. Los controles que menciona son de lineamiento político y de rendición patrimonial ante el Ejecutivo.
El artículo 5.º traslada al personal, incluido el técnico, del régimen de la administración pública al régimen de las fundaciones.
¿Lineamiento político? ¿Para construir edificios?
Esas fechas no caen en cualquier momento.
Las elecciones parlamentarias se habían celebrado el 26 de septiembre de 2010, y la Asamblea Nacional electa en ellas se instaló el 5 de enero de 2011. Entre una fecha y la otra hubo tres meses en que legisló la Asamblea saliente, la elegida en 2005, que el oficialismo controlaba por completo porque la oposición no había participado en aquellos comicios.
En esos tres meses, el 16 de noviembre de 2010, esa Asamblea saliente modificó el artículo 51 de la Ley Orgánica de Administración Financiera del Sector Público para incluir a la Opppe entre los ordenadores de pagos del sector público.
Y el 7 de enero de 2011, dos días después de que se instalara la Asamblea nueva, el Ejecutivo convirtió a la oficina en fundación del Estado por decreto, es decir, sin pasar por el Parlamento.
El 12 de marzo de 2011, Chávez anunció por televisión que Sesto salía del Ministerio de Cultura. El anuncio llegó tres días después de que la periodista Lisseth Boon publicara en El Mundo Economía & Negocios una investigación sobre quién estaba construyendo el Mausoleo del Libertador, la obra insignia de la Oficina Presidencial de Planes y Proyectos Especiales.
[De esa investigación, que le valió el Premio Nacional de Periodismo de Investigación del IPYS en 2011 y que ocupó seis entregas hasta diciembre de aquel año, se hablará con detenimiento en la séptima nota de esta serie].
Dieciocho días después del anuncio, el 30 de marzo, Boon informó que el cambio aún no se había publicado en la Gaceta Oficial y que Sesto seguía siendo ministro de Cultura. La fecha en que dejó de serlo no consta en ninguna publicación consultada para esta serie. Su sucesor, Pedro Calzadilla, aparece al frente del ministerio en 2012.
A esa oficina, la Presidencial de Planes y Proyectos Especiales, le encargó el Estado venezolano 43 torres en el litoral central. Las levantó entre 2011 y 2013, y en ese lapso hubo cuatro elecciones: la presidencial del 7 de octubre de 2012, las regionales del 16 de diciembre de ese año, la presidencial del 14 de abril de 2013 y las municipales del 8 de diciembre de 2013, que fue el mes en que Sesto dejó el cargo.
El año de mayor presupuesto de aquella oficina fue 2012.
Falta saber si la ausencia de ingenieros en su articulado fue un descuido de redacción. En marzo de 2011, el mes de mayor actividad constructiva, su director publicó treinta y seis páginas donde dejó escrito quién debía dirigir el proceso.
Y esa es la próxima entrega.
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