En solo cuatro meses, las menciones a Nicolás Maduro en los discursos de Delcy Rodríguez cayeron un 91%, pasando de 86 referencias en enero a solo ocho en abril. Su figura sigue presente en mensajes ante bases populares y el sector militar, pero queda como la guayabera en reuniones de alto nivel con diplomáticos e inversores extranjeros. En contraste, los eventos del 3 de enero de 2026 no han dejado de mencionarse, pero muchas veces sin su principal víctima.
¿Qué queda de un líder cuando ya no se pronuncia su nombre? Tras el asalto militar y la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026, el aparato comunicacional del Estado venezolano activó una maquinaria de victimización y épica heroica que parecía blindar la lealtad hacia el mandatario cautivo.
Pero han pasado cuatro meses de aquella intervención estadounidense en Caracas, y el «nuevo momento político» incluye una narrativa oficial distinta, más enfocada en mirar hacia adelante que en «quedarse pegado» con el depuesto. Los datos van mostrando ese cambio.
Con ayuda de la herramienta de IA Google NotebookLM, TalCual hizo un análisis de los discursos oficiales y actividades presidenciales desde el 5 de enero de 2026, fecha en la que Delcy Rodríguez asumió como encargada del Ejecutivo, hasta el 30 de abril de 2026. Unas 111 intervenciones en total, disponibles en el canal oficial de YouTube de Venezolana de Televisión (VTV) y de Luigino Bracci Roa.
Cuando ocurrió la captura de Maduro y su esposa, Cilia Flores, por fuerzas militares estadounidenses, Rodríguez mencionó al mandatario 86 veces en sus discursos del mes de enero. Esta cifra incluye tanto menciones por su nombre como referencias directas a su cargo: Presidente Constitucional; Jefe de Estado; Comandante en Jefe o Presidente de la República.
Asimismo, habla de Maduro como una «víctima de secuestro» por parte de fuerzas externas y derivados (rehén, prisionero de guerra y secuestrado). También exaltó su figura mediante el uso de apelativos como «nuestro héroe», «hombre bueno» y «conductor de la victoria», reforzando una imagen de invulnerabilidad moral.
Esta tendencia cambió en febrero, cuando las menciones bajaron a 15. Además del nombre, la encargada del Ejecutivo se refirió a él por su cargo (presidente Nicolás Maduro, presidente Maduro, nuestro presidente o el presidente). Si bien la narrativa del «secuestro» se mantuvo vigente, el discurso de Rodríguez abandonó la terminología bélica como «rehén» y «prisionero de guerra» para hablar de Maduro.
En marzo, con apenas siete menciones, Nicolás Maduro prácticamente desapareció del discurso oficial, el registro más bajo, y siendo nombrado por su cargo (presidente Nicolás Maduro, presidente Maduro). La irrelevancia discursiva se mantuvo el mes siguiente: Delcy Rodríguez nombró directamente a Maduro en ocho ocasiones en abril, utilizando principalmente su cargo para referirse a sus acciones de gobierno o a su relación profesional con él. En esos meses no se refirió a él como víctima de secuestro ni como héroe. Simplemente como funcionario.
Las referencias a Nicolás Maduro también dependen no solo de cuándo se han producido, sino frente a quiénes. Su nombre suele ser mencionado ante audiencias conformadas por público local, funcionarios del Estado o militantes del chavismo. Ante visitantes extranjeros, empresariales o en eventos de «unidad nacional», no.
Durante el mes de enero, con el ataque aún reciente, Rodríguez lo mencionó ante audiencias de todos los sectores sociales, políticos y económicos del país para legitimar su gestión encargada. La mayor concentración de las referencias a Maduro ocurrió en el Mensaje Anual a la Nación, donde Delcy utilizó su nombre para validar logros económicos y sociales.
Esta narrativa de subordinación se repitió en la Plenaria del Consejo Federal de Gobierno, en la que Rodríguez subrayó que las políticas actuales son órdenes directas de Nicolás Maduro. También en los encuentros con comunas y bases sociales: aseguró que su gestión sigue las «instrucciones cuerpo a cuerpo» del presidente y que quien sigue mandando es él, mientras que ella solo cumple sus pedidos para el año 2026 (una idea que poco a poco también se ha desdibujado del discurso oficial). De igual modo, ante el sector petrolero y obrero, le atribuyó la autoría de la reforma de la Ley de Hidrocarburos y también lo citó como el autor intelectual de las obras entregadas.
En su encuentro de febrero con el secretario de Energía de EEUU, Chris Wright, centró su discurso en el diálogo diplomático bilateral. El funcionario estadounidense, el primero del gabinete de Trump en entrar a Miraflores, le dijo a CNN que el nombre de Nicolás Maduro solo se mencionó una vez en más de dos horas de reunión privada. En medio de esa visita, y en entrevista con NBC, Rodríguez afirmó que Maduro seguía siendo el «legítimo presidente» del país.
También en febrero, en la reunión con el representante de la OPS/OMS, Armando De Negri Filho, Rodríguez habló sobre el supuesto fortalecimiento del sistema de salud público, el despliegue de planes de vacunación y de su experiencia previa como vicepresidenta ejecutiva durante la pandemia, sin vincularse al nombre del mandatario. En las declaraciones públicas no hubo referencia a Maduro.
En los acercamientos de marzo con empresarios del sector hidrocarburos, incluyendo representantes de petroleras internacionales, Rodríguez habló en nombre del «Gobierno de Venezuela», no de Nicolás Maduro. Tampoco lo hizo cuando firmó los acuerdos con las multinacionales Shell y Repsol. Rodríguez centró su discurso en la seguridad jurídica, la Ley de Hidrocarburos y las oportunidades de negocio.
En su reciente declaración conjunta con el presidente colombiano Gustavo Petro, su discurso se enfocó en el legado de Simón Bolívar. Mencionó el 3 de enero y agradeció al líder colombiano haber sido de los primeros en comunicarse con ella aquel día, pero el nombre de Maduro no fue mencionado, tampoco por Petro.
Delcy tampoco nombró a Maduro cuando recibió al subsecretario de hidrocarburos de EEUU, Kyle Haustveit, en abril. Ni tampoco durante la firma de acuerdos con la empresa Chevron, ni en el acto con la estatal italiana ENI. Sus intervenciones fueron estrictamente técnicas y diplomáticas.
En la mayoría de los actos de la Gran Peregrinación Nacional que empezó en abril, como en Zulia, Lara, Yaracuy o el cierre en Caracas, Delcy Rodríguez no mencionó directamente a Nicolás Maduro por su nombre o cargo. En cambio, el discurso se enfocó en la unidad nacional y el rechazo a las sanciones. La excepción fue Carabobo, donde aseguró que «hasta el último segundo, lealtad absoluta con Venezuela, con el presidente Maduro y con el pueblo», en un discurso ocurrido después de que se hicieron virales cuestionamientos, entre otros, del exintegrante de la directiva nacional del PSUV Mario Silva.
Pero no es solo el nombre de Nicolás Maduro lo que va quedando en el olvido en los discursos de Delcy Rodríguez, sino la propia exigencia de su liberación por parte de Estados Unidos. Un cambio que ha ocurrido a la par de los cada vez más recurrentes aplausos de Donald Trump a lo bien que se entiende la Casa Blanca con Miraflores.
La interina pidió por la liberación de Nicolás Maduro de forma recurrente en sus intervenciones de enero, fijando la libertad del mandatario como una meta prioritaria en 14 ocasiones distintas.
En los espacios de planificación gubernamental, como el Consejo Federal de Gobierno o la reunión con el Gran Polo Patriótico, definió la libertad de Maduro como una tarea administrativa y política. Elevó el nivel del compromiso en el homenaje a los mártires, prometiendo que no descansaría «hasta verlos en libertad, de vuelta a su casa y de vuelta a su patria». Utilizó esa misma premisa para validar el acercamiento con Washington: el diálogo es una vía necesaria, decía, para «asegurar el retorno del presidente Nicolás Maduro».
Para febrero, la exigencia por su liberación pasó a un segundo plano. Lejos de la insistencia de enero, Rodríguez limitó esta petición a solo dos menciones puntuales, ambas concentradas en su balance del 3 de febrero de 2026, cuando se cumplía un mes de la captura, y enmarcadas como una acción colectiva del pueblo venezolano. Afirmó que el país tiene un «clamor nacional”, que es pedir «la libertad del presidente Maduro y de la primera combatiente».
La demanda por la liberación fue sustituida por la fe en marzo. Delcy Rodríguez no solicitó explícitamente la «liberación» de Nicolás Maduro y tampoco habló del «secuestro» en los discursos analizados duirante ese mes. En su lugar, le pidió al pueblo «una oración» por él.
Abril no fue muy diferente. Rodríguez dejó de utilizar la palabra «secuestro» y el término «secuestrado» para referirse a la situación de Nicolás Maduro y no exigió su «liberación» ni una sola vez. La liberación que sí pidió exhaustivamente fue la de las sanciones.
La encargada del Ejecutivo mencionó el 3 de enero de 2026 (el ataque militar y el secuestro de Nicolás Maduro) en un total de 57 ocasiones solo durante ese mes. Fue el único mes de 2026 en el que mencionó más a Maduro que la fecha de su captura por parte de Estados Unidos.
Incluso cuando no citó la fecha, Rodríguez aludió constantemente al suceso mediante términos descriptivos: «agresión militar inédita», «terrible agresión armada» y «ataque vil y criminal». También se refirió al hecho mencionando los lugares «donde las bombas cayeron», como Ciudad Tiuna y La Guaira. Igualmente, lo mencionó indirectamente al hablar del «vil secuestro» de Maduro.
Delcy presentó el ataque de enero como una «mancha indeleble» de agresión imperialista que ha obligado a Venezuela a unirse en torno a la nueva administración. Lo caracterizó no solo como un evento trágico, sino como el catalizador de una nueva etapa de resistencia y legitimación institucional.
Para febrero, la mandataria mencionó el 3 de enero de forma directa dos veces e indirectamente en al menos 15 ocasiones, vinculándolo siempre a una violación de la soberanía nacional por parte de una potencia extranjera, enfocándolo en el impacto emocional en la población, y en número coincidente con las menciones a Maduro.
Habló del 3 de enero como un momento de pérdida total para el país, pero también la razón principal para impulsar la reconciliación mediante la ahora sepultada Ley de Amnistía para la Convivencia Democrática, asegurando que el rechazo a esta agresión es lo que había unido a los venezolanos. El mismo evento que denunció como un crimen atroz provocado por el extremismo resultó ser también el catalizador para «ir cara a cara con el gobierno de los Estados Unidos a dirimir nuestras diferencias», a través del diálogo.
Esta misma línea se mantuvo en marzo, cuando Rodríguez se refirió a los hechos del 3 de enero un total de 12 veces (siete de forma directa y cinco indirecta). No obstante, ya no enlazaba la fecha directamente con el capturado, pues Maduro fue referido en siete ocasiones nada más.
En abril, el uso de la frase exacta «3 de enero» y las descripciones sin nombrar la fecha, sumaron 32 menciones. El número muestra cómo el evento de ese día ha tomado vida propia en el discurso oficial, ya alejado de Nicolás Maduro que apenas fue mencionado en ocho ocasiones. Delcy Rodríguez ya habla de lo ocurrido aquella madrugada sin referirse a su principal afectado.
En su narrativa, la fecha no es solo un momento de violencia, sino el instante de activación de la legalidad. Rodríguez afirmó que ante los hechos del 3 de enero, la Constitución «actuó inmediatamente», mandando su juramentación como presidenta encargada y comandante en jefe. Así ha definido su cargo no como una ambición personal, sino como una derivación directa de esa agresión que la obligó a «ponerse los zapatos de todos los venezolanos».
*Lea también: Vacancia presidencial existe y administración actual opera fuera de la Constitución
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