La unión, que no era aceptada por ninguna de las dos familias, solo duró 3 años; con la samaria no hubo hijos, pero fue su primer gran amor
Yoly Illidge Pimienta tenía 21 años; Abelardo De la Espriella, 23. Decidieron casarse por lo civil. Aunque el amor parecía intenso, no resistió más de tres años. Se divorciaron y, según el hoy candidato, tienen una buena relación.
De la Espriella dijo recientemente que la última vez que hablaron fue el pasado 15 de marzo. Ese día la llamó a felicitarla por su cumpleaños 46.
Illidge es samaria y vivió con el Tigre en un apartamento en Bogotá, que él le regaló después de comprometerse. Ninguna de las dos familias estuvo de acuerdo por la corta edad que tenían y porque aún no habían culminado la universidad. Ambos estudiaban derecho.
La unión se celebró en 2001 y culminó en 2004. No tuvieron hijos, pero la mujer habría tenido un papel crucial en la construcción de la actual firma de abogados ‘De La Espriella Lawyers Enterprise’.
Diversos testimonios de personas cercanas al profesional del derecho señalan que la experiencia de aquella mujer y su visión resultaron determinantes para cimentar los primeros pasos de uno de los bufetes más reconocidos actualmente en el país.
Referente a la ruptura, De la Espriella señaló que las causas que llevaron al divorcio fueron la inexperiencia y la juventud de ambos. Adicionalmente, el abogado dijo que hubo falta de compatibilidad en varios puntos de la relación, que presagiaban una unión destinada a la ruptura.
“Éramos muy inmaduros en ese momento y nos faltaba vivir para poder conectar y tener seguridad frente a lo que en realidad cada uno quería para su vida. Porque al final uno siempre busca alguien que le aporte lo que quizás uno no tiene y viceversa, para que sea algo complementario”.
Al año y medio de haber terminado su matrimonio, relata De la Espriella iba camino a una audiencia en los juzgados de Paloquemao en Bogotá, cuando vio a quien se convertiría en su segunda esposa, una mujer “que se movía como las palmeras del caribe y le dije a mi conductor esa melena no es de por acá, esa melena es de Montería”.
Tras tener varios encuentros con Ana Lucía Pineda, intermediados por su mamá, María Eugenia Otero Aldana, y amigos en común, lograron tener varias citas que llevaron después de un mes a darle el primer beso y formalizar el noviazgo.
De la Espriella reconoce a su familia como eje en todo lo que hace. Señala que es su motor para salir adelante.
Pineda es administradora de empresas y participó activamente en el desarrollo de la firma De la Espriella Lawyers. Además ha dirijido varias compañías. En los últimos meses, ha compartido sus rutinas de ejercicio en redes sociales y lideró la iniciativa Tigresas de la Patria, un grupo donde se reúnen mujeres de distintas regiones que apoyan a su esposo como candidato a la Presidencia.
A la monteriana se le vio, antes de la primera vuelta presidencial, muy activa en las entrevistas con su esposo, en busca de mostrar ese lado familiar del candidato que se vende como alguien defensor y representante de los valores tradicionales.
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