William Brownfield tiene la misma angustia que muchos venezolanos y no la esconde: “allá solo no están Maduro, Cilia y unos pocos más, del resto todo sigue iguall”. Sostiene el influyente diplomático de carrera, que no ve diferencias entre los extraídos en la operación del 03 de enero y quienes están en el Palacio de Miraflores hoy, porque, a su juicio, “son la misma gente”.
Con el carisma intacto, Brownfield no elude ningún tema: habla de la situación actual de María Corina Machado y explica que debe volver al país, pero sin que eso produzca un choque con Washington. Sobre el ministro Diosdado Cabello también opinó: “desde mi época como subsecretario de Estado para asuntos de drogas, el Departamento de Justicia tiene evidencias suficientes para enjuiciarlo”.
—¿Es optimista con respecto a una transición en Venezuela en el corto plazo?
A primera hora del 03 de enero tenía mucho optimismo, porque pensé que mi gobierno le había puesto fin a un régimen corrupto, autoritario y dictatorial con más de dos décadas en el poder. Lamentablemente, ese mismo día en la tarde nuestro presidente decidió mantener relaciones con Delcy Rodríguez, que es una figura igual de ilegítima que Nicolás Maduro. El anuncio lo hizo en una simple rueda de prensa y sin consultar a los líderes de la oposición venezolana.
Me resulta muy preocupante que Washington crea que podrá materializar la transición en Venezuela, trabajando con los responsables de la tragedia de las últimas dos décadas. Eso para mi no tiene mucho sentio. Para lograr unas elecciones justas es absolutamente necesario separar a los corruptos y a los abusadores de sus cargos en el gobierno.
—¿El eventual regreso de María Corina Machado al país podría cambiar este escenario que describe?
El regreso de María Corina a Venezuela es complejo, porque debe darse sin que la decisión genere un choque con la administración del presidente Trump. Sin embargo, para ella es fundamental mantener el liderazgo frente a los venezolanos y la comunidad internacional; pero eso es muy difícil de hacer desde afuera. Nelson Mandela permaneció en Sudáfrica y Lech Walesa en Polonia, por poner dos ejemplos. Así que lo mejor para la causa democrática es que ella pueda volver, sin embargo, quien debería tener la última palabra sobre este punto es su equipo de seguridad.
—Pero pareciera que la última palabra quien la tiene es la Casa Blanca
Sí, es muy posible que haya recibido una indicación, o algo más fuerte que eso, sobre que su regreso no es el deseo de la administración en este momento. Sin embargo, la líder democrática de Venezuela debería ser quien decida dónde va a establecerse para hacer su trabajo y, muy posiblemente, en su gira por los países europeos pudo recoger la visión de otros países aliados acerca de su vuelta a Caracas. Conclusión, sin tener ningún tipo de participación en reuniones con la Casa Blanca, estoy 99,99% seguro de que el mensaje que ella ha recibido del gobierno de los Estados Unidos es que demore un poco más su retorno.
—¿Qué pasa si Machado decide regresar sin el consentimiento pleno de Estados Unidos?
Bueno, si ella toma la decisión de irse a Venezuela, Washington tendrá que tratar con esa realidad. En efecto, María Corina puede volver sin coordinar con Estados Unidos, pero eso podría generar un conflicto con el presidente Trump. La situación es compleja, porque, aunque debe mantener buenas relaciones con la Casa Blanca, ausencia prolongada dentro del país, podría generar fisuras o debilitamiento en el movimiento democrático, situación que sería muy bien aprovechada por los hermanos Rodríguez.
—¿Considera que la visión de Marco Rubio y el presidente Trump sobre Venezuela es la misma?
Marco Rubio es la persona que mejor entiende la realidad de Venezuela y por eso conoce cuál es la mejor estrategia para lograr su democracia definitiva, pero recordemos que durante todo el 2025 hubo una rivalidad entre dos sectores que estaban muy cerca del presidente Trump. Uno de los grupos lo encabezaba Rubio, que siempre ha defendido la idea de un cambio de régimen; pero en el otro bando estaba un señor, cuyo nombre me reservo, que solo estaba interesado en hacer negocios. Lo bueno, es que esa disputa se resolvió en la última parte del año pasado y la ganó el actual secretario de estado; lo malo, es que la victoria no fue absoluta y con el nombramiento de Delcy, Rubio perdió una parte del terreno que había ganado.
—¿Para usted hubo colaboración interna desde el chavismo para la operación que extrajo a Maduro y Cilia Flores?
La lógica sugiere que hubo ayuda interna. La precisión y la calidad de información que tenían nuestros organismos de inteligencia era altísima. Ellos estaban en capacidad de decir exactamente dónde estaba el entonces dictador Maduro y su “primera combatiente”. La inteligencia para esa operación funcionó de forma perfecta y para eso es importante tener apoyo desde adentro.
—¿Era Venezuela un narcoestado?
Entre los años 2011 y 2017 fui subsecretario de Estado para asuntos de drogas y aplicación de la ley, y ya en ese momento yo decía que Venezuela, más que un narcoestado, era un Estado mafioso; porque el tráfico de drogas ilícitas no era la única actividad criminal que había penetrado, corrompido al gobierno de chavista. Ahí había minería ilegal, contrabando, lavado de dinero, tráfico de personas y muchas irregularidades más, esa fue la realidad del estado venezolano por al menos una década. Se podría decir que casi cualquier funcionario de alto rango del régimen de Nicolás Maduro tenía relación o respondía a organizaciones criminales internacionales.
Por esto, es que me preocupa tanto que sigamos trabajando con el régimen de Delcy Rodríguez, porque es la misma gente, solo no están Maduro, Cilia y unos pocos más, del resto todo sigue iguall. Para mi Venezuela no ha dejado de ser un estado mafioso aún hoy.
—¿Ve a Diosdado Cabello saliendo del gobierno?
Bueno, él es gran parte del problema; pero fíjate, cuando Delcy Rodríguez sacó a Vladimir Padrino López del Ministerio de la Defensa, en un primer momento pensé que podía ser un gesto de apertura o una buena señal, pero a las pocas horas vi que su reemplazo era Gustavo González López, un protegido de Diosdado Cabello y alguien con un expediente aún más oscuro que el de su antecesor en materia de abusos y violación de derechos humanos. Para mí este nombramiento representó un aumento en el control y la influencia de Cabello en el sector militar y armado del oficialismo en Venezuela.
Desde mi época como subsecretario de Estado, el Departamento de Justicia tenía evidencia suficiente para enjuiciar a Diosdado Cabello por delitos de tráfico de drogas y lavado de dinero. No sé si sucederá en el futuro, pero si ocurriera, los fiscales estadounidenses tendrían material para hacer una buena presentación de pruebas.
—¿Qué opina de las gestiones de Jorge Rodríguez como cabeza de la delegación negociadora del chavismo con Washington y la oposición durante tantos años?
Esos procesos de diálogo forzado fueron una tontería, porque cada vez que se hacían la oposición terminaba con peores condiciones, más dividida y con menor credibilidad. En eso María corina siempre tuvo razón, fue la única persona que alertó sobre contraproducente que fueron todos esos procesos y por eso no participó en, prácticamente, ninguno.
A su criterio, ¿qué falló en el proceso de Barbados?
En ese momento el expresidente Biden, con su equipo, consideró que el diálogo era importante; pero como el régimen no quería hablar con la oposición, ellos decidieron representar los intereses del liderazgo democrático en esas conversaciones. Eso, lamentablemente, no fue tan brillante como pensaron y, aunque se produjeron las elecciones, el régimen de Maduro hizo fraude y la relación con Estados Unidos terminó peor que cuando empezó el proceso de negociación.
—¿Ese camino recorrido no fue lo que permitió crear las condiciones para justificar la operación del 03 de enero?
Trump tomó la decisión de ejecutar la operación del 03 de enero y de hacer, junto con su secretario de Estado, una estrategia a largo plazo sobre Venezuela, porque aprendió la lección de lo ocurrido en su primer periodo y de lo que sucedió con Biden. El proceso de Barbados produjo una elección ciertamente menos corrupta que las anteriores, pero igualmente Maduro se las robó y se impuso a la fuerza. Por eso, una vez más, insisto en que es equivocado pensar que el diálogo con esa misma gente, es lo que va a permitir construir las condiciones para una transición en Venezuela. Quienes tengan esa idea, no entienden cómo funciona el chavismo, ni su naturaleza autoritaria.
—Con todos los conflictos militares y problemas geopolíticos que hay en este momento, ¿Venezuela no corre el riesgo de quedar desplazada en la lista de prioridades de Washington?
Sí, es un auténtico peligro. Trump ha dicho que para su gobierno, América Latina es una prioridad, pero su política exterior no tiene los mismos principios y conceptos que tradicionalmente Estados Unidos ha implementado en la región. Entonces, es cierto que para él Venezuela es importante, pero a su manera y bajo su visión transaccional, en la que los intereses comerciales tienen más peso que los derechos humanos y la democracia.
Esto es, sin duda, un problema para María Corina Machado y, a lo mejor, explica un poco su decisión de visitar a otros gobiernos importantes durante las últimas semanas. Yo sigo optimista, pero a largo plazo.
La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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