El sismo desnudó la falta de cultura preventiva en el país: muchos ciudadanos confundieron las alarmas telefónicas, quedaron paralizados por el miedo y sin saber qué hacer. Además, el diseño y descuido de las edificaciones obstaculizó las rutas de escapes
Autoras: Constanza Cegarra/Maivy Silva
«Quedé paralizada de miedo cuando empezamos a ver que se desprendían escombros mientras se caían algunos edificios y a escuchar los gritos de las personas», afirmó Klaudimar Figueroa en una entrevista concedida a TalCual.
Ella se encontraba en el mirador El Vigía, en La Guaira, con dos amigas, tras haber estado en el primer toque de tambor por el día de San Juan Bautista, cuando comenzó a temblar el pasado 24 de junio.
Figueroa, de 18 años de edad, expresó que «en lo que bajamos de allí, hubo una réplica y nosotras solo veíamos como se desprendían las rocas, las fachadas de las casas y, sinceramente, no teníamos un manul sobre qué hacer».
El qué hacer y cómo reaccionar durante un sismo que se enseña o enseñaba en las escuelas apenas llegó a la mente de algunas personas ese 24 de junio; otras, en medio de la emergensia, no recordaron con precisión las recomendaciones. La señal de alerta emitida por los celulares tampoco se comprendió.
Segundos antes del doblete sísmico, muchos teléfonos advirtieron a través de una alarma sobre lo que se aproximaba. Sin embargo, muchos no entendían por qué sus dispositivos estaban emitiendo ese sonindo de emergencia.
Este fue el caso de Paola Carrillo que confesó a TalCual que «no le di mucha importancia, porque pensé que el sonido era del juego». Ella estaba viendo el partido de Brasil versus Escocia con sus primos en el piso 11 de la torre Ugar en el Marqués, cuando se activó la alarma sísmica en su teléfono.
«Cuando lo agarré, apareció una alerta sobre un posible sismo, que me moviera a un lugar seguro», detalló. Segundos después comenzó el primer sismo de 7.2 y otros más tarde de 7.5, Carrillo explicó que, tras el aumento de intensidad, no le dio tiempo de reaccionar porque su mente «quedó en blanco».
Deniter Díaz, teniente coronel del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de la UCV e ingeniero civil, explicó en una entrevista para TalCual algunas de las trabas que pueden afectar la rápida evacuación durante emergencias, aunque señala que en el caso del doblete sísmico el colapso temprano de las estructuras impidió a muchas personas salir de su casa, más allá de que supieran o no cómo reaccionar.
Díaz, que trabajó en Caracas y con mayor énfasis en La Guaira durante las labores de rescate, afirmó que «se observó que en muchas de las estructuras la salida de emergencias no eran las apropiadas o estaban cerradas, y en otros casos, por el sismo, los marcos de las puertas estaban desniveladas». Esto, dijo, pudo impedir una evacuación exitosa.
Asimismo, afirmó que otra causa que se pudo evidenciar, en caso de espacios de recreación, es que las personas «desconocían las salidas de emergencia» del lugar, según lo que ha conversado con algunos sobrevivientes.
«Es costumbre que en algunos edificios, las escaleras tengan rejas en varios sectores. Esto relentizan u obstaculizan la salida de las personas», detalló Diaz. Otro factor que pudo influir negativamente en el abandono del sitio, según Díaz, pudo haber sido las llaves magnéticas, ya que es posible que «algunas personas no tenían la llave para abrir».
Sobre las condiciones que deben regir en edificios y conjuntos residenciales, la Ley de Propiedad Horizontal (LPH) en su artículo 5 define y enumera las áreas, cosas y servicios que son de propiedad común, entre ellas se encuentran «los cimientos, paredes maestras, estructuras, techos, galerías, vestíbulos, escaleras, ascensores y vías de entrada, salida».
La ley, en su artículo 26, fija la responsabilidad del uso de esos espacios a cada edificio o conjunto residencial al asegurar que debe poseer su «documento de condominio» donde se establezcan las normas de convivencia, normas de uso de los espacios y la instalación de rejas, toldos, aparatos de aire acondicionado y demás accesorios que «no afecten la estructura, distribución y condiciones sanitarias del inmueble».
TalCual consultó a Kerem Pineda, ingeniera especialista en seguridad industrial, sobre estos obstáculos que pudo haber encontrado la ciudadanía al momento de intentar salir de sus apartamentos en medio del doblete sísmico.
En su opinión, las causas que impidieron una evacuación exitosa se dividen principalmente entre factores del entorno físico y la respuesta conductual humana ante el estrés extremo.
Pineda explicó que con el movimiento telúrico, «las estructuras sufren deflexiones. Esto hace que los marcos de las puertas de madera o metal se descuadren, atrapando a las personas dentro de sus propios apartamentos o habitaciones».
Además de esto, en el interior de los hogares, «la falta de anclaje de muebles altos, bibliotecas, televisores o grandes espejos hace que estos colapsen hacia los pasillos y vías de escape, creando barricadas improvisadas en la oscuridad», detalló.
En el caso de rejas y llaves magnéticas como seguridad frente a la delincuencia, Pineda consideró que en casos de emergencia, estas se han convertido en «los peores enemigos de la seguridad contra incendios y desalojos». Esto se debe a que si los «sistemas de control de acceso, como rejas con electroimanes, brazos eléctricos, lectores de huella o tarjetas, no cuentan con un sistema de respaldo failsafe», es decir, que se libere automáticamente al perder energía, las personas quedan encerradas en las áreas de salida.
El teniente coronel de los Bomberos UCV explicó que en el caso de La Guaira, «el ambiente marino debilitó el acero de refuerzo, debilitando la estructura». También expresó que no todas las edificaciones fueron construidas bajo los mismos parámetros, el tipo de suelo varía y las ondas sísmicas se amplificaron afectando la estructura.
«Algunas construcciones estaban fuera de norma o no eran las adecuadas para el sitio donde se construyeron. En fin, cada edificio puede tener una historia en particular», detalló.
El mantenimiento de las edificaciones es un factor que entra en la evaluación. Marco Antonio Polo Cepeda, ingeniero civil egresado de la Universidad Católica Andrés Bello, recorrió la avenida Fuerzas Armadas, Urdaneta, San Bernardino, Montalbán, Los Palos Grandes y Terrazas del Ávila en Caracas con el fin de entender el porqué de los daños, evaluar el comportamiento de las estructuras y, sobre todo, brindar sus conocimientos a la comunidad para llevarles tranquilidad a sus hogares y ayudarles a prever escenarios futuros.
Durante una entrevista para TalCual, el ingeniero Polo explicó que el «panorama general, consistió principalmente en daños de tabiquería y acabados». Expresó que, a pesar de los daños alarmantes para los ciudadanos, desde el punto de vista del comportamiento físico de la edificación, «este fue un daño esperado y, me atrevería a decir, hasta correcto».
Pero no todos los edificios corrieron con la misma suerte, ante esto Polo explicó que «tiene que ver con la falta de mantenimiento prolongado: la humedad y la corrosión del acero de refuerzo en los elementos estructurales». Esto se traduce a una falla que no es producto del movimiento telúrico, ya que cuando el acero se oxida, pierde su capacidad de aportar flexibilidad y resistencia a la estructura.
El teniente Díaz y la ingeniera Pineda ofrecieron sus recomendaciones en aras de prevenir ante emergencias naturales o de otra índole.
Para Deniter Díaz es importante implementar algunos cambios en los conjuntos residenciales para facilitar la evacuación rápida de las personas. Se refirió a la ampliación de pasillos, creación de refugios seguros donde en caso de colapso la gente pueda llegar a ellos y el uso de disipadores sísmicos (dispositivos mecánicos que funcionan como amortiguadores para reducir vibraciones y movimientos bruscos).
Pineda, por su parte, recomendó actualizar las normas técnicas existentes, como las de Covenin, y «obligar a su cumplimiento».
La especialista detalló que se debe revisar y endurecer las exigencias de construcción sismoresistente, especialmente en edificios residenciales y escuela; integrar el riesgo sísmico en los planes de autoprotección de todos los edificios, realizar simulacros periódicos que consideren réplicas y evacuación vertical, exigir sistemas antipánico o manillas de apertura libre desde el interior, regular por ley que todo sistema electrónico se destrabe de forma automática e inmediata al cortarse la luz.
Asimismo, comentó que las edificaciones deberían contar con un sistema de alarma, así como también con «sistemas de iluminación de emergencia autónomos en todas las escaleras y vías de escape».
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