La boleta de excarcelación de Rocío San Miguel fue la prmera firmada en 2026. El número 001-26 quedó plasmado en el papel que autoriza su salida de la cárcel de El Helicoide el 8 de enero de 2026. Habían pasado cinco días desde que Estados Unidos entró militarmente a Venezuela y capturó a Nicolás Maduro y Cilia Flores en Caracas.
Entonces fue enviada a España y en mayo pasado regresó a Venezuela. En agosto comenzó un juicio que le volvió a encender las alarmas, hasta que finalmente fue absuelta del caso “Brazalete Blanco”, una supuesta conspiración para asesinar a Nicolás Maduro. Otros 10 acusados fueron condenados «injustamente», dice.
Ahora alza la voz por ellos al relatar cómo el caso Brazalete Blanco «es una suerte de tela de retazos, o una sopa donde se meten cosas a conveniencia», donde los acusados no se conocían, los eventos no se corresponden, las detenciones ocurrieron sin órdenes, y el expediente demuestra errores en el relato.
Pero también espera aportar a que el proceso que vive Venezuela llegue a buen puerto. «Frente a la barbarie y la atrocidad es lo que toca», dice. Le preocupa «el tono de revanchismo que me he encontrado en Venezuela» frente a la oportunidad histórica de «echar los anclajes para que en algún momento haya democracia plena, por los diálogos que están ocurriendo, por la tutela que está ejerciendo Estados Unidos».
Mientras tanto, carga con el daño que el poder infligió a su familia, detenidos también, sometidos a prisión extendida y con una muerte evitable, la de su hermano. «¿Por qué ir contra mis hermanos? ¿Por qué ir contra el padre de mi hija, una persona con la que yo no tenía ya ni contacto? Ahí hay una barbarie desproporcionada en todos los órdenes».
San Miguel fue detenida en febrero de 2024 en el Aeropuerto de Maiquetía cuando se activó “alerta silenciosa”. Allí comenzó un encierro que implicó aislamiento, una fractura en el hombro no atendida durante meses, una llamada telefónica que se permitió un año y diez meses después, y visitas familiares solo autorizadas tras de una huelga de hambre.
«Me llevaron a la Dgcim y me metieron en una oficina a esperar. Estuvieron pensando qué hacer conmigo hasta que la oficina del Alto Comisionado de los Derechos Humanos de Naciones Unidas denunció desaparición forzada. La respuesta a eso fue salvaje, ordenaron que me quedara y que fueran a buscar a mi familia».
–¿Durante los siguientes dos años de prisión le explicaron la razón de tenerla detenida? Públicamente solo se habló de una conspiración y unos mapas.
–A mi me fue a visitar Tarek William Saab como a los tres días. Fue una sola vez, en privado. Él me recriminaba el tema de los mapas y le expliqué: «Tarek, por favor, esos son mapas públicos que emanan de decretos presidenciales». Fue una conversación de la cual me reservo muchísimas partes, algún día las contaré, pero que dan cuenta de una conducta que no debe ser replicada por ningún fiscal general. Yo creo que él tenía plena conciencia de que se trataba de una detención arbitraria. Para mí, dentro de las instalaciones de la Dgcim preguntaron: «¿Qué caso está abierto? Métela allí».
–¿Tarek William Saab la interrogó?
–Fue una conversación. A mí nunca me interrogaron en dos años que estuve privada de libertad. Hubo episodios de mucho dolor, pero era básicamente con respecto a lo que ocurría, no a raíz de interrogatorios.
–¿Quién cree que ordenó meterla presa?
–Por la forma de proceder, por el órgano que realizó la aprehensión (Dgcim), por el modo en el que se desarrollaron los eventos posteriores, la desaparición, la barbarie con la que fueron contra mi familia, ahí hay una sola respuesta: fue una orden presidencial.
Rocío San Miguel en Caracas, octubre de 2026 | Fotografía: María de los Ángeles Graterol
–Todo preso tiene la esperanza a diario de salir, hasta que de tanto ver que no ocurre, la pierde. ¿Cómo fueron sus ciclos de esperanza en la cárcel?
–Los primeros días pensaba que iba a salir en libertad porque era una detención profundamente injusta, absurda. Creo que eso ocurrió durante el prmier mes. Mi audiencia preliminar no cumplió con los estándares legales, sino que fue prácticamente tres meses más tarde. Allí asumí que esto iba para rato. Luego pensé que podía salir después de las elecciones, pero nos dimos cuenta de que la represión fue feroz. Allí de nuevo se fue la esperanza.
–Entonces ocurre la fractura.
–Una caída por laberintitis, y un dolor muy fuerte en el hombro derecho. Yo me quejaba, pero también tenía miedo de lo que me podían inyectar. Finalmente en diciembre de 2024, luego de una requisa que hace la Dgcim al Helicoide, me sacan para una resonancia magnética y se dan cuenta de la fractura. Pasaron cuatro meses más para que me operaran. Hospitalizada, tuve la esperanza de que me podían enviarme a casa, especialmente porque me tocaba hacer terapia. Pero no. Volví a la cárcel y no tuve terapia; por eso fracasó la operación y tuvieron que operarme de nuevo.
Tuve esperanza también en agosto de 2025 cuando estuve a punto de salir en libertad, pero nuevamente fracasó. Ya en diciembre hubo una suerte de entrega. De hecho hablé con mi hija y le dije: «Hija, por favor, te pido que este año pongas el arbolito en la casa, que vayas a la playa”.
–¿Qué le daba más miedo en su encierro?
–Los primeros días de la detención. La presión psicológica fue brutal y allí ocurrieron muchas cosas que no vale la pena contar. Ahí hay miedo real. Miedo real. Luego, yo tenía miedo de que me pasara algo cuando me operaran pues era muy fácil decir “se murió en quirófano”. Hubo miedo también con mi hija, a que le pasara algo, porque estaba sometida a enormes presiones. Hubo miedo tras los hechos del 3 de enero, mucho miedo, porque no sabíamos qué podía ocurrir en ese lugar.
–¿Por qué fue enviada a España al ser excarcelada?
–No lo sé. Probablemente querían mitigar el impacto. La única resolución que toma el tribunal es la de prohibir todo tipo de comunicación electrónica, medios de comunicación; casi que por WhatsApp he estado impedida de conversar. Pero no tenía presentación, no tenía prohibición de viajar. Entonces, creo que fue una medida política de alejamiento.
–La Dgcim que la encarcela es un organismo que desde Control Ciudadano había estudiado. ¿Qué cosas pudo confirmar?
–El funcionamiento de los órganos de inteligencia por dentro. Hay muchas cosas que hay que reformar. Los órganos de inteligencia no pueden tener centros de reclusión. Los sótanos de la Dgcim tienen que cerrarse, y todos esos centros clandestinos de detención tienen que dejar de funcionar. Además, pude conocer en el desarrollo del juicio cómo intentaron presionar a otros detenidos para que me acusaran a través de grabaciones. A uno de ellos le inyectaron algo para que hablara, y aun así se negó a ello. Vaya todo mi respeto a su integridad, a su decencia.
–¿Qué conversaba con los funcionarios, con quienes forman parte del sistema?
–De todo. Había funcionarios impresentables. Había funcionarios preocupados. Había funcionarios con miedo. Había funcionarios muy cínicos.
–¿Y con otros presos?
–Estábamos aisladas las mujeres, no podíamos tener coincidencia en el patio con los hombres. Yo vine a saber quiénes estaban detenidos cuando fue la requisa monumental que hizo la Dgcim en diciembre del 2024 y nos sacaron al patio con las manos amarradas. Aparte de eso, mis compañeras salían a hacer ejercicio a distintos sitios del Sebin y a mí me lo impedían, también tener llamadas o las maneras de recibir las visitas. Era una suerte de trato discriminatorio. Estuve en cuatro celdas distintas y hablaba con mis compañeras, allí se edifica una relación de respeto y solidaridad.
–¿Cómo se entera de que será excarcelada?
–El 8 de enero me dicen que tengo que ir al servicio médico. Pensé que era para ver a la terapista del hombro, que había comenzado a recibir desde octubre. Cuando llego al servicio médico el director del Helicoide le dice a la doctora: «Hazle el informe de egreso». No lo podía creer. De allí me hicieron subir a grabar un video, en el que no dije lo que ellos querían. Y ahí hablé con (el director del Sebin, Alexis) Rodríguez Cabello, que me dijo que iría a España. Allí comenzó una cosa atropellada y es un momento muy emotivo, porque sientes la felicidad del que se va, pero también una tristeza muy honda por los que se quedan. Ellos te hacen como un callejón y te aplauden.
–¿José Luis Rodríguez Zapatero pudo visitarla?
–Nunca lo vi en Venezuela. En España sí pude hablar con él. Mi hija sí tuvo ocasión de hablar varias veces con él mientras trataba de mediar. Él lo hizo para que se realizaran mis operaciones, y estuvo a punto de buscarme en agosto de 2025. Tanto, que la maleta que yo usé el 8 de enero todavía tenía una nota de mi hija adentro, fechada ese agosto, que decía: «Gracias a Dios, mami, lo logramos, la libertad». También estuve a punto de salir en libertad por su intermediación en abril del 2025, cuando me operaron. Hubo muchos momentos en los que Zapatero intervino. Yo sé que eso es muy polémico pero me impota poco, porque los defensores de derechos humanos estamos acostumbrados a eso. Yo creo en la diplomacia humanitaria. Se tiene que hablar con quien sea para aminorar los momentos de vulnerabilidad que pueda tener una familia o un preso en un momento determinado.
–¿Cómo es la Rocío San Miguel excarcelada con respecto a la que fue detenida?
–No sabía que podía tener tanta fortaleza, ni sabía que mi familia podía tener tanta entereza. Descubrí la monumentalidad de la fortaleza de mi hija. Me sorprendió, su integridad y comportamiento, tanto cuando estuvo detenida, que fue muy duro, como después lidiando con todo. Aprendí a ratificarme en mis valores y principios. No haber salido con odio es la mayor ganancia que tengo frente a la barbarie, y es mi respuesta ante ella.
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