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Regreso a Clases Tras el Terremoto: Desafíos Psicológicos y Solidarios en Universidades Venezolanas

Tras el doble terremoto del 24 de junio, voluntarios y sobrevivientes vuelven a la rutina de clases. Consideran que es difícil volver y hasta irreal, sobre todo cuando algunos espacios también tienen grietas que recuerdan lo sucedido. La psicóloga Karla Morillo explica a TalCual que ante este escenario, los profesores deberían demostrar empatía y una actitud de acompañamiento, además del apoyo psicológco que desarrollan los programas de bienestar estudiantil en las universidades.

Maivy Silva

«No lo siento real. He estado viviendo el día a día como si mi vida estuviese en pausa, por lo que ha sido difácil concentrarse», confiesa Alessandro D’Agostino a TalCual, a propósito del regreso a clases.

Él es estudiante del séptimo semestre de arquitectura en la Escuela de Arquitectura Carlos Raúl Villanueva (Earcv) de la Universidad Central de Venezuela y sobreviviente del doble terremoto que sacudió a La Guaira y otros estados del país el pasado 24 de junio.

El 7 de septiembre se reanudaron las actividades administrativas y académicas en el sector universitario. La ministra de Educación Universitaria, Ana María Sanjuán, dijo en entrevista a Venevisión que la mayoría de estas universidades están culminando el lapso, semestre o año que quedó pausado debido a la contingencia. Sin embargo, para algunos estudiantes y profesores, sobrevivientes de los sismos o que actuaron como voluntarios y rescatistas, volver a las aulas los enfrenta a una nueva realidad.

D’Agostino, residente de la parroquia Urimare, califica como «muchísima suerte» que su vivienda solo presentara grietas y columnas dañadas, en comparación con otros casos de los que ha sido testigo. Entre ellos, el de su mejor amigo, quien se encontraba en su departamento en el edificio Belo Horizonte y fue hallado sin vida 17 días después, tras una intensa búsqueda en la que el propio Alessandro participó junto a familiares y otros voluntarios.

Para el estudiante, esta semana ha sido una fase de «primer contacto para entender el modo en el que avanzará el semestre».

Aulas abiertas, mentes en pausa

En el caso de la UCV, el Consejo Universitario publicó en sus cuentas de redes sociales que se había tomado la decisión de reiniciar las clases el 1° de septiembre. A pesar de esto, varias escuelas decidieron iniciar el 7 de septiembre.

«El regreso a clase es un poco agridulce», expresa a TalCual María Fernanda Araque, secretaria de extensión del Centro de Estudiantes de la Escuela de Comunicación Social. Afirma que aún hay estudiantes que se encuentran buscando familiares, amigos y que están afectados emocionalmente.

«Es imposible volver a una rutina normal cuando se han perdido vidas de estudiantes. Ver a la universidad agrietada es un recordatorio de lo que ocurrió», detalla Araque, quien también estuvo como voluntaria en el centro de acopio de la Federación de Centros de Universitarios (FCU) de la UCV. En su experiencia como voluntaria, asevera que, cuando entregó bolsas de comida y aseo personal en La Guaira, le afectó emocionalmente. Sobre todo cuando coincidió con una compañera de clase que había perdido a dos hermanas menores y su casa.

Kamila Csiszer vive en Primera Avenida Suites, un hotel que ahora funciona como refugio en Los Palos Grandes, ya que su departamento en La Guaira quedó inhabitable. Aunque pudo recuperar ropa, laptop y otros objetos de valor, describe que es «difícil» volver cuando considera que aún «estoy en el 24 de junio mientras los demás continúan con normalidad».

Los voluntarios de Brigada Atún, una iniciativa de estudiantes de la UCV, se centraron en la recuperación de cuerpos de entre los escombros y realizar jornadas médicas en diferente comunidades de La Guaira. Durante las labores, lograron encontrar 11 personas vivas y al menos 300 personas fallecidas.

Uno de sus coordinadores, Samuel Borges, quien espera titulación en la licenciatura de estudios políticos y administrativos, asevera a TalCual que el regreso a clase «genera shock, nadie está preparado para eso». Borges afirma que el rendimiento académico bajará porque muy pocos recibieron apoyo psicológico en los dos meses que estuvieron asistiendo a La Guaira y volver a la normalidad «no es fáci».

«Se me dificulta concentrarme en lo académico y el regreso a clases es extraño», afirma Andrés Ortega, estudiante de comercio exterior en la Universidad Simón Bolívar (USB). Expresa que no ocurrió un daño que les impida utilizar la sede, a diferencia de la que se encontraba en el litoral central.

Sin embargo, comenta que el regreso no es fácil sumado a que se ven obligados a terminar algunas materias en una semana. «En otros casos, los profesores han sido más comprensivos», detalla.

Entre el trauma y la rutina

Tras el doblete sísmico, muchas personas se adaptaron a una realidad donde deben sobrevivir, lo que ocasiona que se esté en un estado de hipervigilancia, especialmente aquellos que sobrevivieron y apoyaron en la búsqueda entre los escombros, señala Karla Morillo, psicóloga y maestrante de orientación de la conducta en el Centro de Investigación Psiquiátrica, Psicológica y Sexológica de Venezuela (Cippsv), en una entrevista concedida a TalCual.

Ante este escenario, Morillo explica que el regreso a clases impacta de manera diferentes, pero que «no deja de ser difícil» porque sienten culpa o enojo ya que «el mundo debe continuar».

«No se trata de olvidar lo sucedido sino seguir adelante para continuar ayudando», detalló. Pero adaptarse nuevamente a esta realidad puede causar ansiedad, estrés crónico o depresión.

Alessandro D’Agostino apoyó en las inspecciones de infraestructura en conjunto con su padre, quien realizó el curso de inspección dado por el Colegio Venezolano de Ingenieros, tiene estudios en sismorresistencia y es miembro de la cámara de construcción de La Guaira. Este estudiante expresa que «mi mecanismo de defensa fue no recordarlo. No sé si tengo la capacidad mental para afrontarlo ahora», referente al 24 de junio y días posteriores.

Explica que cuando los rescatistas asistieron a un edificio en Playa Grande y afirmaron que no había señales de vida, «sentí que perdí la esperanza».

Klaudimar Figueroa, estudiante de trabajo social en la UCV y sobreviviente del doble terremoto, expresa que el primer día de clases fue impactante observar a compañeras que tienen heridas a propósito de haber sufrido síndrome de aplastamiento.

«Tengo una compañera que aún tienen marcas, otras que perdieron familiares y una que no ha podido asistir porque está en un refugio. Es difícil procesar todo», detalla. Además asegura que no hay el mismo flujo de estudiantes que había en los meses de mayo y junio.

La psicóloga explica que los docentes deben «tener una actitud de empatía, prestar acompañamiento emocional donde se validen las emociones y hacer preguntas generalizadas», tratando de «no tocar fibras de recuerdo». Las personas «deben respetar el ritmo de cada uno», ya que luego de un suceso como el doble terremoto es normal sentir desesperanza, miedo, enojo y desarrollar mecanismos de autodefensa.

Universidad como apoyo psicológico

Aunque el regreso a clases consta de aproximadamente tres semanas para terminar el semestre o año, hay estudiantes que les gustaría que se impartieran talleres de salud mental, ya que muchos no han tenido ese apoyo emocional. Además del acompañamiento psicológico que prestan los programas de bienestar estudiantil.

Karla Morillo explica que se necesita saber «qué recursos psicológicos necesita la persona» para adaptarse a futuras crisis que pueda tener en actividades comunes dentro del aula. Sin embargo, asevera que el acompañamiento psicológico es muy importante, sobre todo cuando se experimenta vivencias tan fuertes como voluntarios y sobrevivientes del doblete sísmico.

Entre los estudiantes consultados por TalCual, todos consideran necesario este acompañamiento. Alessandro comenta que «sí ayudaría mucho los canales de atención psicológica» porque después de ayudar a rescatar, caminar sobre escombros, inspeccionar estructuras y sobrevivir solo sus amigos lo han escuchado.

Ortega menciona que en la USB es necesario y «estaría bastante» bien que se apliquen talleres para abordar temas de salud mental por las consecuencias emocionales que dejó la contingencia, sumado al estrés y ansiedad debido a la exigencia que implica permanecer en la universidad.

En el caso de la UCV, está activa la Organización de Bienestar Estudiantil (OBE) que tiene habilitada las citas para la atención psicológica de los estudiantes.

Periodistas

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