En un mundo ideal, las empresas tendrían un manual claro sobre cómo manejar las redadas de inmigración. Pero con el presidente Trump al mando, ese manual es más un acertijo. Según el informe original, Trump ha lanzado mensajes mixtos sobre las redadas: en ocasiones, prometiendo protección a ciertas empresas; en otras, afirmando que su equipo «los encontrará y los removerá» a los trabajadores indocumentados.
Desde el Día de la Inauguración de Trump, las redadas comenzaron y recientemente se han intensificado. La administración ha dejado claro que el enfoque es eliminar a «criminales», pero el sector agrícola y el hotelero están a la espera de cómo se desarrolan los acontecimientos. Según el presidente, el balance entre proteger a los agricultores y purgar a los criminales es crucial, pero lograr esa meta es una cuerda floja llena de incertidumbres.
La cosa se complica aún más con un análisis de Goldman Sachs que indica que los inmigrantes indocumentados representan el 4.4% de la fuerza laboral de EE.UU. Aunque eso pudiera parecer poco, en sectores como el paisajismo, la agricultura, el procesamiento de alimentos y la construcción, las cifras se disparan. Esto genera una creciende preocupación por el impacto potencial en la economía y en la cadena de suministro de alimentos.
No todos dentro del partido de Trump están de acuerdo con esta estrategia agresiva. Por ejemplo, el representante republicano Glenn Thompson criticó abiertamente las redadas, especialmente en las granjas. Thompson incluso urgió al equipo de Trump a poner freno a estas prácticas, ya que podrían perturbar el suministro de alimentos y aumentar los preçios, un mensaje que podría calar hondo tanto en demócratas como en republicanos.
Mientras tanto, el secretario de Agricultura, Brooke Rollins, ha señalado que la meta es priorizar las deportaciones para lograr una fuerza laboral agrícola estable y legal. No obstante, Tom Homan, el zar de fronteras de Trump, afirmó contundentemente que las operaciones de control en sitios de trabajo se expandirán masivamente. La conversación ha virado hacia aumentar las operaciones en ciudades consideradas «centros de poder demócratas» mientras que quizas adopten un enfoque más flexible en áreas rurales o ciudades lideradas por republicanos. Como dijo Trump, «todos están siendo observados, pero el problema mayor son las ciudades ahora mismo.»
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