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Recuperar la Soberanía y Recursos de Venezuela: Desafíos en un Nuevo Contexto Geopolítico

La Venezuela que emergió tras la intervención militar del 3 de enero enfrenta un nuevo reordenamiento geopolítico y económico bajo la influencia directa de Estados Unidos. Mientras se abren sectores estratégicos al capital transnacional, crecen las dudas sobre soberanía, democracia y el verdadero alcance del cambio político. En este contexto, voces de la izquierda analizan el escenario, las reacciones sociales y los desafíos de reconstruir una alternativa nacional

Por Luis Fernando Márquez & Federico Fuentes | Links International Journal of Socialist Renewal

La confusión y la preocupación han acompañado el vertiginoso ritmo de los acontecimientos en Venezuela tras la incursión militar estadounidense del 3 de enero. Desde entonces, el gobierno venezolano ha comenzado a abrir las industrias petrolera y minera a corporaciones transnacionales, mientras que se ha producido un desfile constante de funcionarios y líderes militares estadounidenses por el país. 

¿Cómo debemos interpretar estos acontecimientos? Federico Fuentes conversó con Luis Fernando Márquez, organizador fundador de la Alianza Agraria Nacional y activista de la Alianza por la Soberanía y la Democracia, sobre los acontecimientos en el país, las reacciones de la gente y los desafíos para la izquierda. Aquí publicamos una versión actualizada de la entrevista que apareció en inglés en la revista LINKS International Journal of Socialist Renewal. 

–¿Qué motivó las acciones militares estadounidenses que, tras varios meses de despliegue de buques de guerra en el Caribe, culminaron con un ataque a Venezuela? ¿Se trataba simplemente de obtener el control del petróleo venezolano? 

–Estamos en presencia de un reacomodo en el tablero internacional de las áreas de influencia. En este contexto, Trump ha inaugurado una nueva forma de hacer política, conocida como la «Doctrina Donroe». Este proyecto enfatiza la necesidad de recuperar el patio trasero que es América Latina e impedir que la influencia china, a través de la ruta de la seda, la conexión Chancay-Shanghai y el resto de iniciativas, termine de desconectar la zona de control Norteamericano. El ataque del 3 de enero es también un mensaje a las demás naciones latinoamericanas: esto es una fase de intervencionismo al estilo Trump, con soluciones rápidas y golpes de mano que tengan efecto disuasivo. 

En el caso venezolano es muy importante el factor petróleo. Las principales petroleras estadounidenses respaldan el proyecto MAGA de Trump. Así, Trump logró matar dos pájaros de un tiro: ejercer control en un área de influencia y apoderarse de vastas reservas de petróleo crudo y minerales, incluyendo oro y elementos de tierras raras muy codiciados como, el rodio y el coltán. La posición estratégica de Venezuela, tan cerca de Estados Unidos, fue una motivación fundamental. 

A partir del 3 de enero, los Estados Unidos administra las reservas petroleras de Venezuela. A nuestro país ni siquiera se le permite gestionar sus ingresos petroleros, que se envían a cuentas bancarias en Qatar y los Estados Unidos. En los últimos meses ingresan al Tesoro Norteamericano: una parte se subasta en bancos y el resto se usa para el pago de deuda. Por lo tanto, existía una motivación tanto económica como geopolítica. 

Aunado a esto, el mensaje triunfalista de Trump sobre la resolución de conflictos internacionales en tiempo récord afianza su imagen en la percepción norteamericana. La imagen de Trump creció un porcentaje mínimo tras la intervención militar en Venezuela. Esto es nada despreciable para las aspiraciones republicanas de ganar las elecciones de medio término, a celebrarse en noviembre; elecciones además que pueden determinar el rumbo de las decisiones de la política norteamericana hacia Venezuela. 

Sin embargo, debemos destacar que la política de estado que se inaugura a partir de la decisión de intervenir militarmente en Venezuela está pensada para mantenerse a largo plazo. En sus discursos, Trump habló de la necesidad de revertir la nacionalización petrolera venezolana ejecutada en los años 70 y de resarcir a las petroleras nacionalizadas durante el gobierno de Hugo Chávez (1999-2013) con indemnizaciones y retorno a los campos petroleros. 

Podríamos además añadir que otra motivación es la presencia de grupos y líderes de organizaciones consideradas por los Estados Unidos como terroristas. Me refiero al ELN y países como Irán o Rusia y también a Cuba. En todo caso, es una motivación subalterna a la principal que es la recuperación de áreas de control propio a contradicciones interimperialistas, ejercer poder y control en las áreas de influencia en los países, según sea el caso áreas de extracción o áreas de producción. El caso de Venezuela es un ejemplo de lo anterior. 

–¿Cuál fue la reacción en Venezuela ante los sucesos del 3 de enero y los ocurridos desde entonces? ¿Cuál es el estado de ánimo de la población? 

–Sin duda, una parte mayoritaria de la población sintió alivio mezclado con sorpresa. Durante más de diez años, Maduro encabezó una dictadura, caracterizada por innumerables episodios de violencia, una crisis económica profunda, un ambiente de represión que mantenía a la gente sometida al escrutinio policial, y la judicialización de la protesta. Con las válvulas de escape social obstruidas, es comprensible la sensación en los primeros días. 

Estos sentimientos se han ido disipando o se irán disipando —aún estamos muy recientes con la fecha del 3 de enero— al constatar que el régimen se mantiene. Que la incursión militar conlleva además de la pérdida de la soberanía a un tutelaje o protectorado que nos lleva a principios del siglo XX en todas las materias. 

En términos generales, la situación sigue igual. La economía, sobre todo, sigue igual. Las expectativas de la gente se mantienen en el sentido de que debe mejorar. No les interesa tanto la democracia o la solución política; ese tema está relegado a los últimos lugares, según algunas encuestas que he revisado recientemente. Básicamente, quieren que mejoren sus sueldos y salarios. 

El pueblo venezolano ha pagado un precio muy alto por las políticas neoliberales impuestas por los gobiernos de Chávez y Maduro durante más de dos décadas. Los altos ingresos petroleros crearon una especie de espejismo económico, pero hoy vemos las consecuencias de esta desastrosa política económica que resultó en salarios y sueldos precarios, a la vez que destruyó los servicios públicos y la infraestructura. Lo más dramático de la situación es que la solución que se nos ofrece no solo consiste en profundizar este modelo neoliberal, sino también en subastar nuestros recursos y privatizar la industria petrolera nacional. 

El pueblo de forma mayoritaria aún no conecta con el llamado de movilización. Pero creo que gradualmente veremos más participación. Todo dependerá de la capacidad de crear mensajes y consignas que conecten con el pueblo y la capacidad de la dictadura de contrarrestar esos llamados con más represión y con medidas de alivio económico inmediato que tiendan a desmovilizar sectores obreros. 

El ambiente de la calle sigue su curso. Hay calma y tranquilidad y para, ser honesto, una esperansa de que las cosas mejoren a corto plazo. Es cuanto menos paradójico que la gente en la calle se pregunte cuándo Trump les aumentará el sueldo, algo tragicómico y, a la vez, una ilustración de un punto de vista de la realidad.

Una tarea enorme para los sectores de avanzada y de izquierda es lograr pedagógicamente insertar un programa nacionalista. Rescatar la soberanía y los recursos propios del país es fundamental; sin esto es imposible que las fuerzas productivas del país avancen. Nos encaminamos hacia el establecimiento de una economía tutelada y un aparato productivo tutelado que privilegia las importaciones sobre la producción nacional. 

Si Trump tiene éxito, se impondrá un monopolio de los productos estadounidenses, incluso en el sector agropecuario, que en Estados Unidos recibe miles de millones en subsidios. 

–Se habló mucho de un posible cambio de régimen en Venezuela, pero el poder sigue en manos de Delcy Rodríguez y otros aliados de Maduro. ¿A qué cree que se debe esto? 

–Creo que el escenario de un cambio de régimen por la vía de la fuerza fue cuidadosamente estudiado por la administración Trump. De allí que la operación militar en el caribe haya demorado tantos meses. Finalmente, Trump evaluó que un cambio de régimen requeriría una intervención mucho mayor y costaría más vidas y recursos. Por eso apostaron a la máxima presión y el diálogo con sectores en el poder que podrían facilitar la operación que, en última instancia, llevaron a cabo. 

En las filas del chavismo hay estupor y una división que podría profundizarse. El chavismo recién ahora hilvana un discurso de resistencia para conectar con su militancia y de asumir los costos de la entrega petrolera para salvar lo que ellos llaman la “revolución”. Los Rodriguez esperan que este discurso pragmático, no antiimperialista y centrado en la resistencia, contribuya a movilizar a sus bases

Y por el lado de la oposición, sin duda existe una tendencia electoral, de actores que emplean gran cantidad de recursos y energía al marketing político, lo que contradice la urgencia de los sectores sociales volcados a activar la movilización y ayuda a dispersar fuerzas de cara a denunciar la represión y la dictadura.

–.¿Qué implica esto para la oposición de derecha, a la que Estados Unidos ha apoyado tradicionalmente? 

–Los Estados Unidos parecen colocar en balanza, casi a diario, las opciones en el futuro inmediato. En las primeras de cambio se descartó el traspaso a Edmundo González, vencedor en 2024, y a la líder opositora María Machado, estableciéndose un programa de tres fases donde se especuló, y aún se hace, sobre la duración del mismo. Pero la tendencia podría cambiar fácilmente. 

Es aquí donde la oposición podría jugar un rol importante movilizador. La opinión pública se inclina mayoritariamente a favor de la derecha venezolana debido al hartazgo popular con el falso discurso de izquierda del gobierno de Maduro. María Corina Machado sigue encabezando ampliamente la opinión pública favorable, con 78% de intención de voto según la encuestadora Meganálisis, si las elecciones se hicieran hoy. Sin embargo sigue fuera del país. 

Quizás por ello la apuesta más arriesgada del chavismo sea sortear este año para que las condiciones materiales mejoren y el margen de maniobra sea mayor para postular un candidato con mayores probabilidades de triunfo en unas hipotéticas elecciones presidenciales. 

Nos toca a los sectores de avanzada e incluso nacionalistas rescatar un discurso de soberanía y democracia para conectar con el pueblo venezolano que en el fondo tiene una identidad de Patria desdibujada. Estos sentimientos cobrarán fuerza a medida que el tutelaje se imponga. Las nociones de patria, soberanía y democracia verdadera deben superar a largo plazo el inmediatismo del inconformismo que lleva a amplios sectores de la población a confiar su voto en la derecha. 

Debemos recuperar la democracia como nación soberana; ese debería ser el principio bajo el cual gravita la unidad opositora. Sin duda es necesario derrotar a la dictadura pero debemos analizar el tema del tutelaje. Ambos elementos deben ser derrotados para beneficio verdadero del pueblo venezolano. Necesitamos una democracia que respete las minorías y los acuerdos políticos para garantizar la estabilidad de la población y defender las fronteras del país. 

–¿Cómo podemos definir al nuevo gobierno de Rodríguez y los lazos que se están forjando hoy entre Estados Unidos y Venezuela? 

–El nuevo gobierno de Delcy, definido coloquialmente como rodrigato, es un gobierno tutelado por la administración Trump lo cual establece a Venezuela como un factoría o protectorado dentro de su zona de influencia. Solo basta ver el desfile de altos funcionarios norteamericanos en Caracas para darse cuenta de que el avance del tutelaje es a toda marcha. 

Esto, sin embargo, no descarta o antagoniza con la idea de cambio de régimen; en última instancia, todo depende del mal menor y el máximo de ganancia. Por eso la competencia entre el gobierno chavista y el ala radical de la oposición es por merecer las atenciones y favores del nuevo mandamás. 

–¿Está de acuerdo con la idea de que el gobierno no tiene más opción que obedecer a Trump en la situación actual? 

–Podemos decir que la jugada del rodrigato parece ser una reminiscencia del tratado “Brest-Litovsk”, salvando las diferencias de forma y fondo. 

En aquella ocasión, Lenin sacrificó temporalmente las aspiraciones rusas y capitula totalmente ante Alemania, renunciando a la soberanía sobre ciertos territorios y a cualquier indemnización. Calculo que luego sería comprobado con la derrota alemana y la recuperación gradual por la Unión Soviética del territorio perdido. 

El chavismo parece querer insertar esa aspiración de resistir entregando todo y sometiéndose a tutelaje para sortear está administración en espera de momentos más amables.. Ha sido derrotado militarmente y por la potencia más grande del mundo. 

Pudo haber tomado otro camino, pero como solo responde a sus intereses, desconoció la soberanía popular emanada el 28 de julio de 2024. Dichas elecciones marcaron el punto en el que el gobierno perdió legitimidad internacional y dieron a la administración Trump la oportunidad de reintegrar a Venezuela a su esfera de influencia. 

–¿Ve usted alguna posibilidad de resistir los planes de recolonización de Trump o de regresar a un gobierno democrático? 

–Lo más probable es que se acelere la dependencia económica. Ya enviamos más de medio millón de barriles de petróleo diarios a EEUU y eso puede incrementarse. 

La nueva ley de hidrocarburos, aprobada y sancionada en 12 días, es una cosa insólita en la historia legislativa del país. Plantea un retroceso en materia de jurisprudencia petrolera. Haciendo historia, en épocas de Gómez, se dieron grandes concesiones petroleras a empresas norteamericanas a precios de gallina flaca. Fundamentalmente, el dinero iba a los bolsillos del dictador con algún porcentaje a las arcas del estado. 

Es a partir de 1936, con la primera huelga de trabajadores petroleros, que se avanza en una nueva ley de hidrocarburos que establece el porcentaje de las regalías: el famoso fifty-fifty. Y a partir de 1976, con la nacionalización de la empresa petrolera, se incrementan los ingresos del estado por la venta de crudo y Venezuela se unió a la OPEP. 

Todo esto pudiera estar en riesgo, incluso la presencia de Venezuela en la OPEP. Según la nueva ley, por ejemplo, toda la renta es flexible: la recaudación puede oscilar entre el 0 % y el 30 %, dependiendo del éxito de las empresas transnacionales en la negociación de contratos. 

Creo que la capacidad de resistencia del pueblo Venezolano es grande. Resistir tantos años de crisis profunda, emigración, pandemia y represión ha curtido a muchos líderes y organizaciones sociales. Ciertamente ha ganado terreno el pensamiento liberal; eso es innegable. Quizás tenga que ver con la falsa noción del chavismo como sistema comunista. Además, el conservadurismo de sectores de izquierda contrarios al régimen pero incapaces de hilvanar un movimiento orgánico hace pensar que tenemos un vacío en los sectores más populares. Regresar a la democracia constituye reconstruir el tejido social destruido durante todos estos años y garantizar un mínimo de institucionalidad que nos permita negociar nuestra renta petrolera y garantías de cara al acceso al mercado internacional y la reinserción de Venezuela en todos los ámbitos de intercambio frente a las naciones del mundo.

–¿Cómo puede responder la izquierda? 

–La situación actual nos brinda la oportunidad para un frente amplio que convoque a la juventud y sectores obreros y urbanos en general a construir una alternativa de lucha al tutelaje y la dictadura distinta. Esto es a mediano y largo plazo partiendo de las necesidades reales de los habitantes. 

Lo electoral pesa y determinará, de darse unas elecciones este año, un gobierno que debe convocar a todos los sectores de la vida nacional de lo contrario le será imposible la gobernabilidad. Pero garantizar unas elecciones libres y transparentes conlleva cambiar, no solo el CNE y sus autoridades, también reglamentos y leyes que han impedido las votaciones de venezolanos en el extranjero además de limitaciones técnicas y/o diplomáticas, lo que llevaría un tiempo para su concreción. 

Y, por otra parte, en un régimen tutelado, las tendencias y determinaciones las impone quien ejerce el poder de facto, así que en la ecuación siempre estará el gobierno de EEUU decidiendo y acompañando el proceso por lo menos hasta que esté liderando el proceso.

Es importante destacar que aún el chavismo representa casi un 20% del electorado. De allí debemos desprender el descontento en las filas del PSUV. que puede ser canalizado por alguna alternativa que represente un enfoque de izquierda. 

Creo, además, que al pasar el tiempo la contradicción imperialismo-nación irá ganando fuerza y decibeles en el debate político, lo que empujará la unión de sectores anteriormente rivales o enemigos que, con la nueva realidad y nuevas tendencias, podrían acercarse y conformar un bloque político. 

Por supuesto, la contradicción democracia-dictadura se mantiene. Creo que debemos retomar las banderas de la soberanía y la identidad nacional y, a partir de allí, combatir la dictadura y el tutelaje. 

Por ello impulsamos la Alianza Agraria Nacional, que debe estar presente en un mediano plazo en todos los sectores rurales y convocar a productores, trabajadores del campo, ganaderos y criadores. Queremos iniciar un gran debate nacional y decretar la emergencia agroalimentaria en el país. Estamos impulsando esa organización, junto a otras iniciativas como la Alianza por la Soberanía y la Democracia, para demostrar que el campo venezolano y los sectores populares tienen también algo que decir. 

El sector campesino venezolano es uno de los más golpeados por las políticas empleadas por Nicolás Maduro y ahora Delcy Rodríguez. La inflación, la escasez de combustible, los altos precios de los insumos y la ausencia de crédito desde hace muchos años ha llevado a la quiebra a muchos agricultores y campesinos. Aún así son ellos los responsables de un alto porcentaje de la comida que se consume en el país. Eso puede cambiar con la política de importación de alimentos que se vislumbra. De allí la necesidad inmediata, en el corto plazo, de invitar a todos esos sectores a conformar lo que hemos denominado Alianza Agraria Nacional. 

–Por último, ¿cómo ha afectado el ataque de Estados Unidos contra Irán a la política venezolana?

–Ciertamente los acontecimientos del último mes añaden aún mayor incertidumbre al tablero geopolítico internacional. La guerra iniciada por Trump contra Irán, aún sin una invasión militar en el terreno, ha cambiado las perspectivas económicas y políticas de este año que está joven aún. 

El precio del barril de petróleo a día de hoy (2 de abril) escala hasta los $108 el Brent. El estrecho de Ormuz luego de un mes de hostilidades permanece parcialmente cerrado al tránsito, imposibilitando o mermando el 20% de la oferta de crudo mundial. Arabia Saudí solo puede transportar 5 millones de barriles de un total de 10 millones que produce diariamente y ello lo hace por los oleoductos que conectan los campos con el Mar Rojo. 

Ello coloca a Venezuela en un lugar muy sensible de la geopolítica internacional. En el primer mensaje de Trump desde el inicio de las hostilidades —mensaje a la nación en horario estelar— dedicó un par de minutos a recordar la importancia del país caribeño al sustituir la oferta y la confianza en sus reservas por las del Medio Oriente. Es un mensaje dirigido a calmar a los mercados y a los ciudadanos que ven como cada día se eleva el costo del galón. Es un mensaje demagógico, ya que Venezuela solo produce 1 millón de barriles y eso poco cambia la oferta y el impacto en el precio, pero evidencia la necesidad de Trump por mostrar resultados ante lo adverso. 

Quien parece convencido y ejerciendo presión para el adelanto de elecciones presidenciales en el país es Trump. Dentro de su mismo partido, la ala pragmática del MAGA encabezando por Vicepresidente JD Vance parece optar por ejercer el control manteniendo una política de presión y supervisión a cuerpo, sin cambios políticos sustanciales antes de las elecciones de medio término. Y, por último, está el Partido Demócrata que cada día se interesa más en el tema y acerca posiciones con MCM y sectores que la acompañan, aprovechando la contradicción y el acercamiento Trump-Delcy Rodríguez, a medida que se acerque el proceso electoral. Veremos a los demócratas más interesados en el tema Venezuela y quizás una posición más clara y homogénea de ese partido.

De cara a los próximos días, será clave el 1 de mayo y las posibles movilizaciones de sectores sociales, sindicales y gremiales en sus reivindicaciones. Ellos pueden constituir un verdadero termómetro político en dos direcciones: la constatación del flujo de masas y la reacción del sector político en los partidos y dirigentes de la oposición, y como se configura un Acuerdo de alcance nacional.

*Lea también: Transparencia Soberana sin cuentas: $300 millones, pero cero explicación de distribución

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes «contra el odio», «contra el fascismo» y «contra el bloqueo». Este contenido was escrito tomando en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

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