Se cumple un mes de la reclusión de Nicolás Maduro Moros y Cilia Flores en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, mientras esperan su próxima audiencia el 26 de marzo por el juicio que enfrentan ante el Tribunal del Distrito Sur de Nueva York, en el que se le imputan cargos de conspiración narcoterrorista, conspiración para importar cocaína y delitos relacionados con armas.
Al Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn (Metropolitan Detention Center – MDC, por sus siglas en inglés), en Brooklyn, Nueva York han estado llegando muchas cartas desde la primera semana de enero. Esta correspondencia va dirigida al prisionero número 00734-506 y otra a la prisionera número 00735-506. Los detenidos son Nicolás Maduro Moros y Cilia Adela Flores, quienes permanecen recluidos en esta prisión federal, luego de haber sido capturados y extraídos de las instalaciones de Fuerte Tiuna en la ciudad de Caracas, en medio de una intervención militar de Estados Unidos durante la madrugada del 3 de enero.
Después de declararse «no culpables», el pasado 5 de enero cuando fueron presentados a comparecer ante el juez Alvin Hellerstein, en un juzgado del Distrito sur de Nueva York, Maduro y Flores permanecen recluidos en el MDC, en áreas separadas, ya que este centro alberga una población mixta, según protocolos de la Oficina Federal de Prisiones estadounidense.
Cada uno permanece en una celda de aproximadamente 2 x 3 metros, donde duermen en una litera con base de acero y un colchón delgado de unos 5 centímetros, un espacio en el que también hay un escritorio de metal que va soldado a la pared, junto a un inodoro y lavamanos de acero inoxidable que cada recluso debe limpiar diariamente.
En estos primeros 30 días, Maduro y Flores han tenido que ajustarse a una rutina estricta. A las 6:00 am, los custodios pasan celda por celda para el primer conteo del día y garantizar que cada recluso esté vivo y presente. Allí mismo reciben su comida en una bandeja que se entrega a través de una ranura de acero.
Una imagen de lo que supuestamente fue la primera comida en prisión de Maduro fue difundida por Marshall S. Billingslea, exsubsecretario del Tesoro estadounidense. A través de su cuenta en X, mostró una bandeja con un plato de arroz acompañado de salchichas, verduras como zanahoria, brócoli, arvejas y maíz, dos porciones de pan, una torta de maíz y un sobre de salsa. Los reclusos no pueden cambiar o solicitar otra cosa.
Debido al alto perfil de ambos reclusos, es probable que estén en áreas de aislamiento por medidas de seguridad, y por tanto su derecho al acceso a llamadas telefónicas es muy limitado -un máximo de 15 minutos– y siempre monitoreadas. El protocolo del servicio penitenciario establece que en casos de prisioneros que puedan poner en riesgo asuntos de seguridad nacional, las comunicaciones pueden estar bajo Medidas Administrativas Especiales, lo que impide casi cualquier contacto con el mundo exterior excepto con abogados, y lo único que se permiten son visitas legales, sin contacto físico, a través de un vidrio o en salas de entrevistas monitoreadas.
Su movilidad también es restringida. Solo pueden permanecer una hora fuera de la celda, pero no al aire libre. Para ello se dispone de un espacio denominado «jaula de recreación», un área techada que tiene poco acceso a aire fresco o a luz solar directa. Parte de ese tiempo fuera de la celda incluye el derecho a bañarse de manera programada y solo tres veces por semanas, bajo supervisión siempre de un custodio.
Maduro y Flores llegaron a las instalaciones del MDC en Nueva York, en la mañana del 3 de enero, cuando se registró una temperatura máxima de 7 grados centígrados, según el servicio meteorológico de Nueva York. A pesar de que se trata de un centro de reclusión federal en el que permanecen detenidos de alto perfil, en 2019, varios presos denunciaron tratos inhumanos, después de permanecer siete días parcialmente sin electricidad ni calefacción, pese a las bajas temperaturas externas bajo cero.
La denuncia presentaba evidencia de hacinamiento, falta de agua y comida infestada con gusanos, lo que motivó una demanda colectiva, que resultó en la indemnización de 1.600 detenidos por soportar frío y condiciones inhumanas, lo que generó una investigación del Departamento de Justicia a las autoridades de la Oficina de Prisiones.
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Desde 2024, la administración federal fue mejorando algunas de las demandas, pero el historial de hacinamiento, violencia y condiciones insalubres persiste. El edificio está rodeado por barricadas de acero, sistemas de vigilancia y cámaras de larga distancia, y un sistema de iluminación fluorescente en las celdas que permanece encendido incluso durante la noche. La prisión cuenta con pasillos internos que conectan el penal con edificios judiciales, lo que permite traslados sin exposición pública cuando se trata de detenidos de alto perfil.
Entre los 1.600 internos, Maduro y Flores se sumaron a otros prisioneros de alto perfil como el narcotraficante mexicano Joaquín «El Chapo» Guzmán; el líder del cártel de Sinaloa Ismael «El Mayo» Zambada; Luigi Mangione, acusado de asesinar al ejecutivo de United HealthCare; y en el área de mujeres, donde permanece Cilia Flores, también estuvo recluida hasta 2022, Ghislaine Maxwell, acusada de tráfico sexual de menores vinculada al caso Epstein.
Pero la cara más conocida en este centro de reclusión para la pareja Maduro-Flores es la del exgeneral Hugo Carvajal, exdirector de la antigua Dirección de Inteligencia Militar (DIM), quien en 2017 rompió relaciones con el gobierno de Maduro, estuvo prófugo de la justicia durante dos años y luego de ser capturado nuevamente en España, tras un largo proceso judicial fue extraditado el 19 de julio de 2023 a Estados Unidos. En junio de 2025 se declaró culpable de los cargos de narcotráfico y narcoterrorismo ante el mismo juez Hellerstein, quien lleva el caso de la que fue la pareja presidencial.
Nicolás Maduro y Cilia Flores fueron extraídos, trasladados y custodiados juntos durante toda la operación del 3 de enero que los llevó hasta la audiencia de presentación en el tribunal. Pero hasta allí llegaron juntos. Tanto su reclusión como sus casos van por separado y cada uno contrató su respectivo abogado de defensa. Maduro será defendido por Barry Joel Pollack, conocido por lograr la liberación de Julian Assange, y por su parte, Cilia Flores será representada por Mark E. Donnelly, un abogado penalista y exfiscal federal.
La acusación formal presentada en el Tribunal del Distrito Sur de Nueva York imputa a Maduro, a Flores y a otros cuatro coacusados por conspiración narcoterrorista, conspiración para importar cocaína y delitos relacionados con armas. Este documento solo refleja las alegaciones de la fiscalía porque estas acusaciones aún no han sido probadas.
El principal alegato de la defensa será la inmunidad de Maduro como Jefe de Estado, lo cual implicará una controversia porque Estados Unidos reconoce a la vicepresidenta del gobierno de Maduro, Delcy Rodríguez, como actual jefa de Estado. La acusación describe a Maduro como «gobernante de facto pero ilegítimo» de Venezuela, a pesar de que países como China, Rusia y otras naciones de América Latina siguen reconociendo a Maduro como presidente.
El precedente de mayor peso se encuentra en el caso «Estados Unidos vs Noriega» en 1990, cuando la Corte Federal negó la inmunidad a Manuel Antonio Noriega, quien asumía como líder de facto de Panamá porque EEUU no lo reconocía como Jefe de Estado legítimo.
Esta acusación se basa en una previa presentada en 2020, en la cual se mencionaba 32 veces el «Cartel de los Soles» y señalaba que Maduro “ayudó a gestionar y en última instancia, a liderar” esta organización. Pero en esta revisión, el Departamento de Justicia de Estados Unidos eliminó estas alusiones al llamado Cartel de los Soles en la nueva imputación y se refiere en el documento no como un «cartel» sino como un “sistema de clientelismo”.
El documento presenta un patrón de presuntos delitos como facilitación del narcotráfico, el fomento y la explotación de la corrupción relacionada con el narcotráfico, y la colaboración con otros grupos narcoterroristas. Los seis acusados son Nicolás Maduro Moros, Cilia Adela Flores, Diosdado Cabello Rondón, Ramón Rodríguez Chacín, Nicolás Maduro Guerra, y Héctor Rusthenford Guerrero Flores, alias “Niño Guerrero”, presunto líder de la organización criminal Tren de Aragua.
Maduro enfrenta cuatro cargos, tres de los cuales comparte con los cinco coacusados. Pero solo Maduro, Cabello y Rodríguez Chacín enfrentan el primero y más grave: conspiración narcoterrorista. La alegación establece que los tres señalados conspiraron para distribuir cocaína con la intención de proporcionar -directa e indirectamente- valor pecuniario para beneficiar organizaciones terroristas extranjeras, entre las cuales nombra a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el Ejército de Liberación Nacional (ELN), el Tren de Aragua, el Cártel de Sinaloa y el Cártel del Noreste (CDN, antes conocido como los Zetas).
Las FARC y el ELN son consideradas organizaciones terroristas desde 1997. Sin embargo, el Departamento de Estado designó como tales al Tren de Aragua, al Cártel de Sinaloa y al CDN en febrero de 2025, apenas once meses antes de la intervención militar en Caracas que derivó en la extracción de Maduro y Flores.
Los seis acusados enfrentan cargos por presunta conspiración para importar cinco kilogramos o más de cocaína a Estados Unidos, lo que conlleva una pena mínima obligatoria de 10 años. Los dos últimos cargos imputan a todos los acusados por posesión y conspiración para poseer ametralladoras y dispositivos destructivos durante y en relación con los presuntos delitos de narcotráfico.
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