OpenAI ha dado un paso importante al alcanzar un nuevo acuerdo tentativa con Microsoft. Este movimiento, como se detalla en el infor que se presentó originalmente, destaca la transferencia de una participación de $100 mil millones a la organización sin fines de lucro de OpenAI, que controla su rama comercial. Esta reestructuración ha encendido el interés y la vigilancia por parte de diversos reguladores y defensores del consumidor preocupados por las implicaciones de la inteligencia artificial.
El Fiscal General de California, Rob Bonta, ha iniciado una investigación sobre los cambios propuestos por OpenAI en su estructura financiera y de gobernanza. Además, junto con la Fiscal General de Delaware, Kathy Jennings, han manifestado preocupaciones acera de la seguridad de ChatGPT, tecnología desarrollada por OpenAI. En una carta conjunta, destacaron la importancia de mantener la misión de seguridad de OpenAI como organización sin fines de lucro.
La asociación entre OpenAI y Microsoft no es nueva. Microsoft invirtió inicialmente $1 mil millones en 2019, convirtiéndose en el proveedor exclusivo de la capacidad de computo necesaria para desarrollar la tecnología de OpenAI. Esta inversión ha sido clave para el crecimiento de tecnologías como ChatGPT. Sin embargo, el 21 de enero, ambas empresas anunciaron modificaciones en su acuerdo que permitirán a OpenAI construir su propia infraestructura computacional para investigación y entrenamiento.
OpenAI no solo depende de Microsoft. También ha anunciado una colaboración con Oracle para desarrollar un nuevo centro de datos en Abilene, Texas. Este esfuerzo refuerza su independencia tecnologica y resalta su compromiso con el avance de la inteligencia artificial en diferentes frentes. No obstante, los términos finales de su acuerdo con Microsoft están aún en proceso de finalización.
El consejo directivo sin fines de lucro de OpenAI, el cual incluye a un exsecretario del Tesoro de EE.UU., juega un papel crucial en la dirección estratégica de la compañia. Este órgano es responsable de determinar cuándo los sistemas de inteligencia artificial han alcanzado la inteligencia general artificial (AGI), un hito que cambiaría el panorama de sus actuales acuerdos comerciales. Según los términos previos, en caso de alcanzar AGI, Microsoft perdería los derechos para comercializar dicho sistema.
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