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Liberación de Migrantes Venezolanos en El Salvador: Alivio y Traumas Tras Meses de Detención

(EFE).- La última vez que Luis Leal estuvo con su hijo Keiber fue el 12 de enero, cuando se despidieron antes de que él emprendiera un viaje desde Texas hasta Nueva Jersey. El viernes lo vio de nuevo a través de la pantalla de un celular, en un video que mostraba al joven bajándose de un avión junto a otros 251 migrantes venezolanos que estuvieron detenidos en una prisión de máxima seguridad en El Salvador.

Washington y Caracas anunciaron en la tarde del viernes un acuerdo para enviar a los hombres de vuelta a su país, a cambio de la excarcelación de diez ciudadanos y residentes permanentes estadounidenses detenidos en Venezuela.

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Los migrantes, quienes en su mayoría no contaban con antecedentes penales, pasaron meses incomunicados, en lo que organizaciones defensoras de los derechos humanos calificaron como «desapariciones forzadas». El Gobierno de Donald Trump los acusó de pertenecer a la pandilla Tren de Aragua y llegó a un acuerdo con El Salvador para pagar alrededor de seis millones de dólares al año por su detención.

Este tiempo, sin saber si su hijo «está vivo o no» y solo con la certeza de que estaba encarcelado en una prisión notoria por denuncias de abusos, ha sido «desgarrador» para Leal.

«Ha sido terrible (…) que agarren a un hijo tuyo, lo traten de esa manera y lo manden para una cárcel sin hacer nada, solamente por ser migrante», relató el padre a EFE.

Ambos trabajaban en construcción en Houston desde que llegaron a EE.UU. en 2023. Keiber fue detenido en enero de 2025 por agentes federales en Nueva Jersey, donde había ido de visita, durante un operativo en una estación de gasolina, según relató su padre. EFE no encontró antecedentes penales a su nombre en ese estado, en Texas ni a nivel nacional.

Trauma en El Salvador

Tras el arresto, las autoridades lo trasladaron a custodia del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) y estuvo en un centro de detención en Pensilvania y luego en otro en Texas hasta el mes de marzo, cuando lo enviaron con los otros más de 200 migrantes hacia El Salvador.

Luis se enteró de la noticia de que Keiber volvería a Venezuela por la llamada de una madre de otro de los detenidos con la que entró en contacto a través de un grupo de WhatsApp, donde los familiares se dan apoyo y comparten información. «¿Viste que van a liberar a los muchachos?», le dijo.

«Estoy muy contento, cuando hablemos será entre llantos y alegría, pero estoy pensando también en que para él fue algo muy traumático. Hay muchas preguntas», indicó el padre venezolano a EFE.

Por ahora, señaló, se siente aliviado de que su hijo y los demás migrantes hayan «salido de ese infierno».

«El fin de una pesadilla»

Con palabras similares describe un familiar de Yhon Deivis Troconis -otro de los migrantes excarcelados- los meses que pasaron sin saber de él: «Es el fin de una pesadilla».

El familiar, que pidió ocultar su identidad por miedo a represalias, vio a Deivis- de 24 años y vestido con una camisa azul- bajarse del avión que aterrizó el viernes en Venezuela, en una transmisión en vivo por internet.

«Estuve todo el día pegado a la televisión y por los grupos de WhatsApp conversando con los otros familiares», subrayó. Troconis fue detenido durante una cita de presentación con ICE y había aceptado voluntariamente su deportación.

El joven llegó a Estados Unidos tras presentarse en la frontera con una cita obtenida a través de la aplicación CBP One, utilizada por el gobierno de Joe Biden (2017-2021) para permitir la entrada de ciertos migrantes. Se había establecido en Virginia, donde tuvo una «disputa doméstica» que le generó cargos por delitos menores de agresión y conducta desordenada. Tras pasar varios meses en un centro de detención para migrantes, lo pusieron en libertad.

Troconis tiene varios tatuajes, algunos con figuras que las autoridades de EE.UU. han identificado con el Tren de Aragua, a pesar de que expertos en la pandilla aseguran que no usan tatuajes como símbolo de pertenencia.

Para su familiar, los «difíciles» meses que el joven pasó detenido en El Salvador suponen un «secuestro». «Menos mal esto pasó, pero a Bukele (el presidente de El Salvador) que Dios lo perdone», agregó.

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