En el intrigante escenario fiscal de Estados Unidos, emerge la Sección 899, un nuevo impuesto progresivo que podría cambiar las reglas del juego para los inversores extranjeros. Según el informe original de Carolina Mandl y Bo Erickson, se planea implementar esta propuesta como un golpe de vuelta a los impuestos extranjeros que se consideran injustos. Este impuesto podría llegar hasta el 20% y se espera que recaude unos $116 mil millones en diez años, lo cual, como es de esperar, no ha sido bien recibido por todos.
El temor recorre diversos sectores de la industria, especialmente aquellos relacionados con bienes raíces y finanzas. Estas industrias advierten que esta nueva política podría estangulares el flujo de capital internacional y encarecer el acceso al crédito. David McCarthy, director gerente del CRE Finance Council, destaca el riesgo potencial de que los costos de financiación de bienes raíces aumenten, lo que podría impactar negativamente en su valor. No es un futuro halagador para quienes dependen de inversiones extranjeras beneficiosas.
El panorama político no es menos complicado. Mike Crapo, presidente del Comité de Finanzas del Senado, se encuentra en una tira y afloja con otros republicanos y el presidente Donald Trump sobre los detalles del proyecto. A su vez, el presidente ha entrado en conflicto con Elon Musk debido a las implicaciones más amplias de este plan fiscal, las cuales podría sumar $2.4 billones a la deuda nacional. En este juego político, todos los ojos están puestos en el Senado, donde se esperan cambios que podrían alivian un poco la tensión.
Otro aspecto candente es el impacto en las empresas multinacionales. Jonathan Samford, presidente de la Global Business Alliance, señala que la Sección 899 podría llevar a estas empresas a cerrar operaciones en EE.UU., poniendo en peligro 8.4 millones de empleos. Mientras tanto, los estrategas de Morgan Stanley alertan sobre la repatriación de beneficios y el posible aumento en el costo de los préstamos corporativos, que serían susceptiblemente más caros bajo este nuevo régimen fiscal.
El debate continúa, con voces como la de Pascal Saint-Amans, socio de Brunswick Group, calificando la propuesta de la Sección 899 como de amplio alcance pero pobremente definiada. La esperanza recae en que los legisladores tomen conciencia y ajusten la política fiscal para no dispararse en el pie. Con un mercado global tan interconectado, los efectos secundarios de políticas mal formuladas podrían ser un desastre de proporciones nucleares, como advierte Saint-Amans.
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