A sus 90 años, sigue con ojo afilado a la hora de invertir en propiedades que usa para las tiendas de su marca o para arrendarle a precios astronómicos a Meta, Apple.
De bajo perfil, esquivo a las cámaras y dedicado casi por completo a su familia y a sus negocios, así es Amancio Ortega, el hombre más rico de España y uno de los más poderosos del mundo. Muy lejos de los magnates que disfrutan la exposición mediática, el gallego ha construido su imperio en silencio, con dos pilares que hoy lo sostienen: Inditex y Pontegadea, este último convertido en una máquina de ingresos que le arrienda espacios a gigantes como Amazon, Meta y Apple.
La historia de este hombre está lejos de haber comenzado entre rascacielos y oficinas de lujo. Nació en un hogar humilde en Busdongo, en España, donde sus padres trabajaban sin descanso para sostener el día a día. Hay un episodio que marcó su vida para siempre: cuando a su madre no le fiaron en una tienda. Aquella escena, que él mismo ha recordado como un punto de quiebre, lo empujó a tomar una decisión radical. Tenía apenas 12 años cuando empezó a trabajar en una camisería en La Coruña, donde aprendió desde abajo cada detalle del negocio textil.
Ese aprendizaje se convirtió en oportunidad. Años después fundó Confecciones GOA, el primer paso de lo que terminaría siendo un imperio global. En 1975 nació Zara y, con ella, una nueva forma de entender la moda: rápida, accesible y en constante renovación. Una década más tarde, en 1985, se consolidó Inditex como grupo empresarial, sumando marcas como Pull&Bear, Massimo Dutti, Bershka, Stradivarius, Oysho y Zara Home, hoy lideradas por su hija, Marta Ortega Pérez.
Sin embargo, el verdadero golpe maestro de Ortega no estuvo solo en la moda, sino en lo que hizo con las ganancias que le dejó. A comienzos de los 2000, tras la salida a bolsa de Inditex, decidió diversificar su fortuna en un terreno mucho más estable: el inmobiliario. Así nació Pontegadea en 2001, una firma que, lejos de los reflectores, terminaría siendo una de las más poderosas de su portafolio.
En sus primeros años, Pontegadea se centró en España, adquiriendo edificios de oficinas, sedes corporativas y locales comerciales en zonas estratégicas. Algunas versiones apuntan a que una de sus primeras grandes operaciones fue la compra de activos de NH Hoteles en ciudades como Madrid, Bilbao, Lérida y Pamplona. Pero más allá de estas adquisiciones, hubo una decisión que marcaría su modelo de negocio: comprar los inmuebles donde operaban sus propias marcas.
Ortega entendió algo que pocos empresarios ven a tiempo: era mejor ser dueño de los locales que pagar arrendos por ellos. Así, empezó a convertir sus gastos en ingresos, asegurando rentas constantes provenientes de sus propias tiendas. Una jugada silenciosa, pero brillante.
Saltar el charco para dominar el mundo
Consolidado en Europa, Ortega decidió mirar hacia el otro lado del Atlántico. Su entrada a Estados Unidos se dio en 2006 con la compra del Epic Residences & Hotel en Miami, marcando el inicio de su expansión global.
En paralelo, siguió reforzando su presencia en España con adquisiciones de alto perfil. En 2011 compró la Torre Picasso por 400 millones de euros, ubicada en el corazón financiero de la capital. A esto se sumaron activos estratégicos como el edificio de Gran Vía 32 —donde opera el mayor Primark del país—, la Torre Cepsa y otras propiedades emblemáticas en Barcelona.
Pero el salto más ambicioso llegó cuando empezó a invertir en inmuebles ocupados por gigantes tecnológicos. En 2019 adquirió el complejo Try Block, sede de Amazon, y ese mismo año compró Arbor Blocks en Seattle, un campus utilizado por Facebook, hoy Meta. Con estas jugadas, Ortega pasó de ser un magnate de la moda a convertirse en el casero de algunas de las empresas más poderosas del planeta.
Ese crecimiento lo llevó incluso a ocupar, de manera fugaz, el primer lugar entre los hombres más ricos del mundo en 2015, 2016 y 2017, superando momentáneamente a figuras como Jeff Bezos y Mark Zuckerberg.
La compra de bancos en Canadá
En los últimos años, su apuesta se ha concentrado en Norteamérica, donde ha cerrado algunas de sus operaciones más grandes. En 2022 adquirió el Royal Bank Plaza en Toronto por más de 800 millones de euros, consolidando su presencia en Canadá.
Tres años después, en 2025, volvió a mover el mercado inmobiliario con la compra de The Post en Vancouver, antigua sede central de correos, por cerca de 680 millones de euros. Un activo estratégico que, además, alberga oficinas de grandes compañías tecnológicas.
Hoy, Pontegadea está valorada en más de 122.000 millones de euros y cuenta con un portafolio dominado por oficinas y espacios comerciales arrendados a empresas como Amazon, Apple, Primark y Spotify. Aunque no cotiza en bolsa, se ha convertido en uno de los vehículos inmobiliarios más sólidos del mundo. Así, mientras muchos lo reconocen por revolucionar la moda con Inditex, es en el negocio inmobiliario donde Amancio Ortega terminó de blindar su fortuna. Un imperio construido sin ruido, pero con una visión clara: no solo venderle al mundo, sino también cobrarle arriendo.
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