Con una apuesta permanente por mantener viva la navegación en el río Magdalena y una operación que beneficia a los barcos que transitan por el Caribe colombiano, Industrias Astivik, un astillero que vendió $ 82.938 millones en 2024 bajo la dirección de Jaime Sánchez Piedrahita, se mantiene a flote.
Sánchez Piedrahíta, quien es su presidente, responde a una junta directiva donde participan dos poderosas familias: la norteamericana Griffin, del sur de la Florida, con James Howard Griffin III y su hijo James Hansen Griffin en representación, y los hermanos colombianos Sergio y Diego Espinosa Posada. Sergio Espinosa es presidente de Cartagenera de Desarrollo Espinosa Dávila, en Barranquilla, también es presidente del Club Campestre Lagos de Caujaral, en Barranquilla, y fue nombrado por Iván Duque en la Cámara de Comercio de Barranquilla en 2019. Está casado con Rosa Paulina Davila Abondano, miembro de la influyente familia samaria propietaria del grupo agroindustrial Daabon. Su hermano Diego está al frente de la empresa de Servicios aeroportuarios fundada por el empresario cartagenero Rafael Espinosa Gray.
Fundado en 1972 como Talleres y Astilleros Vikingos, nació originalmente para prestar servicios de mantenimiento a la flota pesquera de Vikingos de Colombia, entonces parte del grupo Santo Domingo, que había empezado a operar tres años antes con una flota de embarcaciones de madera. Ubicado en un costado de la bahía de Cartagena, se construyó inicialmente con una capacidad de levante de hasta 250 toneladas, que le permitía realizar el mantenimiento al área de estos barcos que permanece sumergida.
Con el crecimiento del mercado marítimo y fluvial del Caribe, el Grupo Santo Domingo decidió que el astillero debería prestar también servicios a clientes externos y operar como empresa independiente de Vikingos. La compañía cambió de nombre a Industrias Astivik y fue ampliando su portafolio de servicios a la reparación y mantenimiento de embarcaciones de recreo como lanchas y yates de lujo. Sin embargo, los servicios prestados a Vikingos seguirían hasta principios de los noventa, siendo su principal fuente de ingresos. Entre sus otros clientes estuvieron la flota fluvial carbonera de barcazas por el río Magdalena y flotas pesqueras que operaban en Nicaragua.
Con la llegada de la apertura económica del gobierno de Cesar Gaviria en 1991, Astivik decidió ampliar sus posibilidades y construir un nuevo dique de varada que le permitió atender embarcaciones de hasta 350 toneladas de peso; de esta manera pudo ampliar la cobertura de servicios a embarcaciones que circulaban por el mar Caribe. La empresa se adaptó tecnológicamente para prestar el servicio de construcción y reparación no solo a las embarcaciones de madera, sino también a aquellas con casco en acero naval.
En 2004, el astillero logró un hito importante: construyó el primer dique flotante diseñado y fabricado en el país, con capacidad de 1.350 toneladas de levante, al que le siguieron en 2010 los diques Astivik III y Astivik IV. Con el IV alcanzaron la capacidad de levantar buques de hasta 4.000 toneladas, con eslora de hasta 120 metros y manga (ancho máximo) superior a 30 metros.
En ese mismo año, el grupo Santo Domingo decidió retirarse del negocio pesquero y vendió Vikingos a una comercializadora colombiana, C.I. Pescobolla, la cual, dos años más tarde, le vendió el astillero a una empresa norteamericana con sede en Stuart, Florida, Carsun LLC, cuyo socio gerente es James Howard Griffin en conjunto con Daniel McAlpin. Entre las medidas que tomó la nueva administración fue la construcción de un segundo dique flotante con capacidad de 2.100 toneladas, que le permitía ampliar la oferta de servicios a mercados internacionales, así como implementar sistemas de calidad certificados.
Para el año 2006, Astivik contaba con 180 proveedores para la prestación de sus servicios, siendo la actividad con más demanda el cambio o instalación de acero en las embarcaciones. Posteriormente vendría la construcción de otros dos diques secos flotantes adicionales con capacidad de elevación de 2.800 y 4.000 toneladas.
La industria carbonera continuó durante la primera década del siglo XXI como uno de sus clientes más importantes, con empresas como Drummond y Prodeco, que decidieron construir barcazas para atender su propia demanda. Sin embargo, en 2011, el gobierno determinó que las operaciones carboníferas debían realizarse a través de cargue directo y no a través de barcazas, lo que trajo consigo la disminución de la demanda de servicios en un 40 %.
Para contrarrestar la caída de las ventas, Astivik realizó una alianza con Impala Terminal Group en 2013, una empresa con sede en Ginebra, Suiza, recién llegada al país en ese momento para ofrecer servicios de infraestructura logística multimodal y abrir el mayor puerto fluvial en Barrancabermeja, conectando el interior del país con el Caribe a través del río Magdalena mediante remolcadores y barcazas.
Impala construyó su primer dique flotante para reparaciones en Astivik, el cual operó por más de una década. Sin embargo, a principios de 2026 la empresa cesó sus operaciones en el país argumentando falta de navegabilidad en el río y pérdidas económicas. Su flota fue trasladada hacia la hidrovía Paraguay-Paraná, lo que representa un duro golpe a la logística fluvial del país y dejó ociosa una infraestructura millonaria, principalmente en Barrancabermeja.
En 2016, Astivik completó otro hito de construcción, entregó el remolcador con mayor potencia que se haya diseñado y construido en el país: el RR-Dorada, de la empresa Naviera Central (filial de Seacor Holding) cuya fabricación duró siete meses. Con una inversión superior a los USD 20 millones, esta embarcación fue especialmente diseñada por la firma colombiana MNP S.A. para navegar por el río Magdalena convoyes de ocho barcazas, más de 15.000 toneladas de carga y aproximadamente 65.000 barriles de hidrocarburos por viaje, optimizando la logística entre Barrancabermeja y Cartagena.
El astillero se ha convertido en uno de los mayores exportadores de servicios de la economía azul (actividades que dependen de los mares, océanos y costas) del país, siendo la única empresa del sector dentro de las 10.000 más grandes del país en el 2024 (ocupó la posición 3.142) con ventas de $ 82.939 millones. Entre sus clientes, adicional a los ya mencionados, se encuentran empresas como Coremar, Intertug, Saam (Chile), Asia Charm (Emiratos Árabes Unidos) y Bunker Vessel Management (Panamá).
Astivik atiende embarcaciones en tránsito por el Caribe que provienen de países como Alemania, Panamá, Trinidad y Tobago, Ecuador, Canadá, Estados Unidos, Puerto Rico, República Dominicana y Grecia, entre otros más de 20 países. Para 2023, el 66 % de las embarcaciones atendidas fueron de exportación, representando el 79,24 % de los ingresos, no porque el mercado interno no sea importante, sino porque que con el 20 % de ingresos del mercado internacional, cubren el 80 % de la demanda nacional.
El astillero, ubicado en el kilómetro 3 de Mamonal, posee instalaciones que cubren un área total de 7 hectáreas que incluyen 300 metros de muelle operativo para trabajos a flote, y genera más de 2.500 empleos, entre directos e indirectos. Astivik ha logrado en estos años posicionarse en el país y la región, siendo catalogado como el numero 1 en reparación en Colombia y el 9no en el Caribe. El 1ro en construcción en Colombia y el 3ro en América Latina, según sus datos.
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