Una nueva escalada del conflicto entre Arabia Saudita y los hutíes volvió a alterar las expectativas de un mercado petrolero que comenzaba a estabilizarse, con una tendencia a la baja en los fletes de tanqueros y un aumento de la oferta de crudo procedente de los países del Golfo Pérsico. La percepción de un aumento del riesgo geopolítico impulsó los precios al alza hasta niveles no vistos desde la segunda mitad de 2022.
Este clima de incertidumbre, que, entre otras cosas, repercute directamente en los precios de los combustibles en el mercado estadounidense, constituye uno de los mayores desafíos electorales para el Partido Republicano y, en particular, para el presidente Donald Trump. El deterioro de los índices de aprobación presidencial y la evolución desfavorable de las encuestas podrían anticipar cambios políticos de gran alcance.
En este contexto, las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos, previstas para el 3 de noviembre de 2026, adquieren una relevancia extraordinaria. Aunque el presidente Trump permanecerá al frente del Poder Ejecutivo, la renovación total de la Cámara de Representantes y de un tercio del Senado definirá los márgenes de maniobra de su administración durante los dos años siguientes y podría redefinir aspectos centrales de la política exterior estadounidense. Una eventual pérdida del control de ambas cámaras convertiría al presidente en un “lame duck president”, lo que limitaría significativamente su capacidad para impulsar su agenda política.
Los resultados electorales tendrán repercusiones directas sobre los principales focos de tensión geopolítica y sobre la economía internacional:
La crisis en Oriente Medio está estrechamente vinculada a la dinámica electoral estadounidense. Trump ha situado la fecha de las elecciones en el centro de su estrategia política, afirmando en diversas ocasiones que evitaría una escalada militar de gran envergadura contra Irán antes de los comicios, aunque los acontecimientos recientes sugieren que esa postura podría cambiar rápidamente. Dependiendo del resultado electoral, la Casa Blanca podría verse incentivada a reforzar la vía diplomática o, por el contrario, adoptar una postura militar más intensa, con implicaciones potencialmente profundas para los mercados energéticos globales.La guerra en Ucrania también podría verse afectada por la configuración política que emerja de las urnas. Un eventual control demócrata en ambas cámaras del Congreso abriría la posibilidad de un mayor respaldo institucional y financiero al gobierno de Zelenski. En ese escenario, el Congreso contaría con mayores capacidades para aprobar nuevos paquetes de asistencia y reforzar la supervisión de la política exterior de la administración.
Asimismo, podría actuar como contrapeso frente a cualquier acuerdo bilateral impulsado desde la Casa Blanca que no incorpore directamente los intereses de Kiev. Por otro lado, las iniciativas orientadas a flexibilizar las restricciones al comercio energético con Rusia, con el objetivo de aliviar la presión sobre los precios de los combustibles, no parecen haber generado los resultados esperados y han encontrado escasa acceptación entre el electorado estadounidense.
Un avance demócrata en el Congreso condicionaría significativamente la agenda conservadora y tecno-libertaria impulsada por la administración Trump-Vance. Entre otras facultades, la oposición podría:Condicionar o bloquear la aprobación del gasto federalImpulsar investigaciones y procesos de fiscalización sobre la actuación del EjecutivoRetrasar o impedir nombramientos estratégicosLimitar el avance de las reformas impulsadas por la Casa BlancaReactivar los debates sobre posibles procedimientos de destitución presidencial (impeachment)La política estadounidense hacia Venezuela también podría experimentar cambios significativos. Un Congreso con mayoría demócrata podría ejercer una supervisión más estricta sobre los mecanismos de apoyo político y econômico al gobierno interino, poniendo especial énfasis en la transparencia de los procesos, la rendición de cuentas y el cumplimiento de los cronogramas electorales. O, en un escenario pesimista, que Washington le quite prioridad al país latinoamericano.
En suma, el mundo enfrenta un aumento sostenido del riesgo geopolítico. La persistencia de conflictos regionales, las interrupciones en las cadenas de suministro y el encarecimiento del transporte marítimo han elevado los costos energéticos y reforzado las presiones inflacionarias. Como resultado, la inflación se ha convertido nuevamente en el principal desafío para la estabilidad económica y financiera global, mientras que las decisiones políticas y militares adquieren una influencia cada vez mayor sobre el comportamiento de los mercados.
Acuerdo NABEP y PDVSA sigue en las sombras
El controvertido «mega acuerdo petrolero del siglo», o histórico, como lo llamó la presidenta interina, impulsado por la administración de Donald Trump e implementado con poca resistencia por el gobierno venezolano de Delcy Rodríguez, continúa generando controversia entre quienes lo ven como un inevitable entuerto, producto de la destrucción de la institucionalidad del último cuarto de siglo, y los que piensan que mejores acuerdos serán posibles y necesarios tras un deseado cambio político.
La designación de North American Blue Energy Partners (NABEP)—empresa registrada en Barbados, con inversores ocultos y controlada por el polémico empresario Alejandro Betancourt López—ha intensificado las sospechas de corrupción, opacidad corporativa y uso de influencias judiciales en Washington.
De lo que se puede deducir de la escasa información pública, la estrategia del acuerdo se basa en dos acuerdos. Por un lado, un acuerdo entre el Departamento de Guerra, el Departamento de Estado y la empresa NABEP; por otro, un acuerdo entre NABEP y el Gobierno interino de Venezuela a través de PDVSA. Algunos elementos adicionales se han conocido del primero de estos acuerdos en cuanto a los firmantes y algunos de los elementos de gobernanza sobre NABEP, a través de ProPublica. Pero poco o nada nuevo ha surgido sobre las condiciones que rigen las relaciones entre NABEP y el gobierno interino, en cuanto a las obligaciones de inversión y producción que NABEP asume con el estado venezolano, las condiciones bajo las cuales se otorgaron los 14 bloques y las penalidades por incumplimiento de dichas obligaciones, así como tampoco se sabe de las condiciones fiscales de los muy distintos bloques que atañen al acuerdo. Estas son las condiciones que realmente importan a los venezolanos y al futuro petrolero de Venezuela.
De los anuncios sobre este acuerdo, solo sabemos que Venezuela podría percibir unos $19/BBL en un escenario de precios de $65/BBL, lo cual está muy por debajo de lo que se esperaría de un marco fiscal competitivo.
A pesar de los cuestionamientos que pesan sobre él, o quizás a raíz de ellos, Alejandro Betancourt ha empezado a mostrar la cara en la propaganda de los medios, junto a representantes del gobierno interino y de la administración de Trump. El controversial CEO de NABEP habló esta semana de récords de producción y arranques no sustentados de plantas, que, de ser ciertos, serían una buena noticia, pero aún muy lejos de una recuperación de los campos bajo su responsabilidad.
En lo político, también ha sido una semana de eventos significativos. Culminó la tercera jornada de reuniones de la mesa de negociaciones entre el gobierno interino y el grupo integrado por Dinorah Figuera. Los resultados fueron desalentadores, ya que los cronogramas continúan alargándose hasta el punto de que la Sra. Figuera planteó la posibilidad de que los comicios se retrasen hasta 2028.
Parece que el proceso ha quedado atrapado en la muy conocida estratagema dilatoria de Jorge Rodríguez. Las postulaciones para magistrados del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) comenzarán el 28 de octubre. En Washington celebraron los logros de la mesa de negociación en claro contraste con la percepción interna en el país.
Por otro lado, las calles estuvieron calientes con marchas en más de una docena de estados exigiendo elecciones; hubo detenciones, pero breves, como para recordar que el aparato represivo continuaba activo. Todo eso pasó a un segundo plano tras el sorpresivo, pero largamente esperado, regreso de María Corina Machado (MCM) a territorio venezolano. Mientras las redes están en ebullición con toda clase de especulaciones, sus seguidores parecen recuperar la esperanza y la energía para acelerar el proceso de transición político y petrolera en curso. ¿Cuál será la estrategia de MCM y cuál será la reacción del interinato de Delcy Rodríguez? Son temas que nos ocuparán en las próximas semanas. Por ahora le damos la bienvenida a una buena noticia.
La situación económica no ha variado materialmente. La brecha cambiaria entre la tasa oficial y la paralela se mantiene por encima del 10%, pese a la intervención activa del Banco Central de Venezuela. Los resultados desde febrero de 2026 hasta la fecha indican que los ingresos extraordinarios provenientes de la liquidación de inventarios de crudo han sido despilfarrados mediante mecanismos erróneos en el mercado cambiario.
Por otra parte, el Departamento del Tesoro de EE.UU. levantó las sanciones que pesaban sobre un número importante de tanqueros, especialmente los que han transportado y transportan crudo venezolano, para tratar de reducir los fletes y evitar descuentos en las ventas del crudo venezolano.
Siete taladros de reparación de pozos han sido movilizados en las operaciones de PetroDelta, PetroCabimas, PetroCedeño y PetroZamora, con posible inicio de operaciones esta misma semana.
La producción se situó en 987 mil barriles por día (Mbpd) de crudo y 24 Mbpd de condensado. La producción de crudo se distribuyó geográficamente de la siguiente manera:
Occidente 284Oriente 111Faja del Orinoco 592TOTAL 987
Chevron produjo 278 Mbpd, mientras que Maurel & Prom y Repsol produjeron 38 Mbpd y 40 Mbpd, respectivamente. En la Faja del Orinoco, PetroCedeño (NABEP) produjo 44 Mbpd; PetroSinovensa, 90 Mbpd; y PetroMonagas, 93 Mbpd. La producción total de NABEP (occidente y oriente) se situó en 154 Mbpd. Las operaciones propias de PDVSA continúan representando tan solo el 12% de la producción total.
Las refinerías nacionales procesaron 281 Mbpd de crudo y productos intermedios, y produjeron 81 Mbpd de gasolina y 77 Mbpd de diésel.
El Complejo Petroquímico de José mantuvo su nivel de utilización en el 75% en las plantas de metanol y de amoníaco/urea, mientras que la planta de MTBE continúa fuera de servicio.
La exportación de crudo se está llevando a cabo según la programación, a niveles ligeramente inferiores a los de los meses anteriores, debido a que se está llegando a la liquidación de los volúmenes inventariados en diciembre de 2025; hasta el viernes 23 se contabilizaron despachos de unos 18 millones de barriles de crudo desde los terminales venezolanos.
Rusia/Ucrania
La situación del conflicto Rusia-Ucrania ha tenido giros sorprendentes durante la última semana, marcada por un recrudecimiento de la ofensiva aérea con drones, un giro político drástico por parte de EE.UU. y crecientes reportes sobre los parámetros de una posible negociación de paz para poner fin al conflicto.
En primer lugar, el presidente Trump firmó un decreto presidencial para congelar una serie de sanciones dirigidas a los sectores energético, bancario y de defensa del Kremlin. Trump justificó la medida en nombre del «interés nacional», argumentando que estaba descontento con los ataques de Ucrania contra refinerías rusas y con el impacto de estos ataques en los precios del combustible. Pero en paralelo, y pese a las tensiones y al polémico acuerdo previo de EE.UU. para permitir la exportación de diésel ruso, los canales diplomáticos se mantuvieron abiertos. Ucrania confirmó que Washington reanudó el intercambio de inteligencia militar tras las restricciones previas, y que Elon Musk, a instancias de la Casa Blanca, restableció el servicio de Starlink.
Pero lo más relevante es el informe de medios internacionales según el cual se está organizando una reunión de alto nivel entre Ucrania, Rusia y Estados Unidos. Zelenski ha condicionado cualquier acuerdo a estrictas garantías de seguridad colectiva y a un plan de financiación para su ejército durante diez años. Fuentes diplomáticas señalan que los borradores sobre la mesa contemplarían la cesión de cerca del 25% del territorio ucraniano, actualmente ocupado.
Según la agencia Reuters, la Administración Nacional de Energía de China ha instado a las empresas petroleras y gasíferas del país a ampliar su capacidad de producción, acelerar la creación de bases nacionales estratégicas de suministro de petróleo y gas y asumir la responsabilidad de salvaguardar la seguridad energética nacional. Las empresas deberían intensificar las actividades de inversión y exploración, con el objetivo de lograr un «crecimiento constante en la producción de petróleo crudo y un rápido crecimiento en la producción de gas natural», según instrucciones recibidas del ente nacional.
El cambio en la política refuerza el énfasis que Pekín pone en la seguridad energética, pero es más una señal política que una expectativa de un aumento inmediato de la producción o de las importaciones.
Las exportaciones de petróleo del golfo Pérsico se han recuperado recientemente, hasta el punto de que, en ciertos días, han superado los niveles previos a la guerra. Esta recuperación se debe en gran medida a una estrategia de adaptación y a cambios innovadores en la logística marítima que opera bajo la protección naval de EE.UU., lo que permite a los tanqueros transitar por el estrecho de Ormuz a pesar de las amenazas y los ataques iraníes.
Buena parte de este esquema no difiere mucho de las prácticas que Irán adoptó hace tiempo para eludir las sanciones de Estados Unidos: buques tanque de menor tonelaje cruzando el estrecho con sus transponders apagados y en rutas que bordean la costa de Omán, para luego trasvasar su carga a VLCC fondeados en el golfo de Omán y, por supuesto, la utilización de los oleoductos de capacidad ampliada de Arabia Saudita y de los EAU. Esta última semana, se reporta que unos 8 millones de barriles de crudo al día llegaron al mercado a través de estos oleoductos y que 14 millones de barriles al día cruzaron el estrecho de Ormuz.
No obstante, los elevados riesgos y el mayor costo de toda esta logística mantienen los precios altos. La mayor disponibilidad, junto con precios altos, ha logrado acercar los precios del mercado de futuros y los del mercado físico ocasional, que anteriormente presentaban un diferencial de más de $20/bbl.
Esto parece evidenciar que Irán está perdiendo su capacidad para controlar el tráfico en el estrecho, su arma más efectiva en esta prolongada guerra. Adicionalmente, los países dependientes del estrecho de Ormuz para sus exportaciones están desarrollando planes para reducir o eliminar esta dependencia, lo que disminuiría la relevancia logística de lo que ha sido el mayor dolor de cabeza del mercado petrolero en tiempos recientes. El incentivo es muy grande; hoy por hoy, el precio del petróleo incluye una prima de riesgo de alrededor de $30 por barril.
En EE.UU., la actividad del sector se mantiene a la espera de los resultados de las elecciones de medio término; la actividad de taladros permanece estancada, sin crecimiento ni disminución, según Baker Hughes. La producción, según la EIA, bordea los 14 millones de barriles por día (MMbpd) sin tendencia creciente, en modo de mantenimiendo. Este letargo electoral debe haber culminado antes de las festividades de Thanksgiving, unos darán gracias y otros se lamentarán de lo sucedido.
Durante la semana del 18 al 24 de octubre de 2026, los precios del petróleo alcanzaron sus niveles más altos en casi seis meses. Mientras que el precio del gas natural respondió de forma asimétrica: al alza en Europa y a la baja en Estados Unidos. La dinámica comercial de ambos combustibles estuvo estrechamente ligada a los conflictos geopolíticos en el golfo Pérsico y en Oriente Medio, así como a las particularidades regionales de Europa y EE.UU.
El mercado del crudo cerró la semana con ganancias generalizadas impulsadas por el recrudecimiento de las tensiones bélicas y el temor a interrupciones reales en el suministro. Los ataques hutíes contra instalaciones neurálgicas en Arabia Saudita y la evacuación del personal de dichas instalaciones elevaron la percepción del riesgo país y, en consecuencia, los precios.
El precio del crudo Brent escaló de manera contundente y cerró la jornada del viernes 23 de octubre en $116,72/bbl. Esto supuso un alza acumulada del 6% en la semana, lo que marcó su mayor liquidación desde finales de abril de 2026. El precio del crudo WTI siguió una tendencia similar, cerrando la semana bursátil en $103,27/bbl y acumulando una alza semanal del 2,3%. Además del aumento del riesgo geopolítico, la continua reducción de los inventarios comerciales de crudo en EE.UU. contribuyó al alza de los precios.
La cesta venezolana siguió el comportamiento de los crudos marcadores y, al cierre, alcanzó $89,56/BBL, un nivel no visto desde 2014.
A diferencia del petróleo, el gas natural operó bajo dos realidades completamente opuestas debido a las limitaciones regionales de transporte y almacenamiento. El gas natural de referencia europea, TTF, rompió récords no vistos desde finales de 2022. El contrato de futuros (nov. 2026) cerró la semana cotizando en el rango de 92,90 a 93,30 EUR/MWh, acumulando una alza anual superior al 220%. El bloqueo e inestabilidad en el estrecho de Ormuz interrumpieron el flujo de buques metaneros, mientras que los inventarios europeos se situaron en un alarmante 75% de la capacidad, un nivel críticamente bajo justo a las puertas de la temporada invernal.
En paralelo, el gas natural Henry Hub (EE.UU.) sufrió un desplome drástico. Hacia el cierre de la semana, el precio cayó más de un 10% en una sola sesión, situándose en 2,63 USD/MMBtu. Esto se debe a una sólida producción interna, combinada con la falta de capacidad de licuefacción inmediata para exportar ese excedente a los mercados deficitarios de Europa y Asia.
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