La imagen pública es la de una puerta que se abre y alguien que vuelve a casa. La letra del documento es la de una boleta de excarcelación. Pero entre la puerta y la letra se ha instalado, en varios casos recientes en Venezuela, un tercer elemento: un grillete en el tobillo y policías apostados en la entrada del domicilio.
En las excarcelaciones producidas en febrero de 2026, varios dirigentes y activistas opositores salieron de prisión con medida de arresto domiciliario.
Las boletas no incluyen como condición el uso de dispositivos de monitoreo electrónico. La distancia entre lo que consigna el documento y lo que se ejecuta introduce un elemento no formalizado en la decisión judicial. Sin embargo, funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana instalaron grilletes electrónicos, hasta donde se sabe, a Juan Pablo Guanipa, Freddy Superlano y Perkins Rocha.
En varios casos se dispuso, además, la presencia permanente de efectivos policiales en la puerta de las viviendas. Cada tres horas, los excarcelados deben permitir el ingreso de los funcionarios para verificar el aparato, fotografiarlo y constatar que no ha sido manipulado.
Durante los gobiernos de Cipriano Castro (23 de octubre de 1899 – 19 de diciembre de 1908) y Juan Vicente Gómez (19 de diciembre de 1908 hasta su muerte, el 17 de diciembre de 1935), el grillete fue un castigo carcelario literal: un hierro pensado para degradar al preso político y hacerle insoportable el movimiento.
Los “grillos” de la época gomecista eran herrajes de hierro forjado compuestos por dos argollas en los tobillos, unidas entre sí por una barra rígida o por una cadena corta, que se remachaban en frío, de modo que solo se podían retirar con herramientas de herrería.
En la cárcel caraqueña de La Rotunda, junto con otras torturas, el uso de “grillos” aparece registrado como práctica habitual del régimen. En un testimonio clásico, en su libro Memorias de un venezolano de la decadencia (1928), José Rafael Pocaterra describe el procedimiento de engrillarlo al llegar al penal, con argollas remachadas sobre los tobillos y una barra de hierro que, dice, podía pesar “unas setenta o setenta y cinco libras”, no solo para impedir la fuga sino para hacer del simple acto de caminar un suplicio. El hierro rozaba la piel, sacaba llagas y producía un sonido constante: una música siniestra del encierro.
Puerto Cabello también forma parte de esa memoria. En el Castillo Libertador, donde durante años fueron recluidos presos políticos, la crónica histórica insiste en el presidio “engrillado” como condición cotidiana, y recuerda que en 1936 se lanzó al mar “centenares de grillos” asociados a la crueldad de la dictadura.
Andrés Eloy Blanco, que conoció la cárcel, dejó en su libro Barco de piedra esa resonancia convertida en símbolo.
“Venezuela está muda y necesita voz.
Y los hijos marcharon con la voz de los grillos”,
escribió, fijando en el metal una dimensión política. El grillete era también una lengua.
En otro poema insiste con una cadencia casi obsesiva:
“Grillos. Grillos. Grillos.
La Rotunda en el Castillo”.
La repetición no describe: martilla. El hierro aparece como continuidad entre recintos y épocas, como forma de dominación que se reconoce por el ruido. Cuando hoy reaparece la tobillera electrónica, distinta en material y tecnología, esa memoria no desaparece. Cambia el dispositivo; persiste la idea de una libertad cercada que se oye antes de verse.
En Venezuela, el grillete arrastra una memoria política precisa. Del antiguo grillo a la tobillera contemporánea como control tecnificado se traza una continuidad venezolana menos tecnológica que política: la voluntad de prolongar el castigo más allá del acto formal de excarcelación.
El grillete electrónico es un sistema de monitoreo que no inmoviliza físicamente. No tiene una bola pesada. Opera mediante geolocalización o radiofrecuencia, transmite la ubicación en tiempo real y almacena datos que pueden reproducirse con fines judiciales.
El abogado criminalista Fermín Mármol García explica que estos dispositivos comenzaron a expandirse en los años noventa y se consolidaron en el siglo XXI como alternativa a la prisión preventiva. Su finalidad, en términos generales, es sustituir el encierro físico por supervisión tecnológica, reducir costos carcelarios y disminuir el hacinamiento. En muchos sistemas de justicia, el monitoreo electrónico se aplica a procesados primarios o imputados por delitos no violentos. También puede imponerse en casos de mayor gravedad, dependiendo del marco legal.
Otras fuentes apuntan a que el grillete es una demostración del absoluto control que tiene el régimen sobre el excarcelado: su objetivo es provocar una sumisión psicológica y convencer de que su monitoreo es permanente, absoluto, de imposibilidad de fuga.
Gonzalo Himiob, abogado y miembro de organizaciones de derechos humanos, recuerda que en Venezuela se comenzó a hablar del uso de tecnologías de vigilancia remota en 2016, en el marco de debates sobre penas accesorias y supervisión posterior al cumplimiento de condenas, y que entre 2023 y 2024 el Ejecutivo anunció la elaboración de un protocolo para regular el uso de grilletes electrónicos con el argumento de modernizar el sistema de justicia y descongestionar las cárceles. Sin embargo, ese protocolo no ha sido divulgado públicamente —o no es de fácil acceso— y, en ausencia de reglas claras sobre autoridad competente, límites, plazos y mecanismos de impugnación, el empleo de estos dispositivos en casos políticamente sensibles queda sujeto a un margen de discrecionalidad especialmente delicado en un entorno institucional cuestionado.
En los casos recientes, la medida aplicada incorpora también custodia policial fija y control intradomiciliario recurrente. La verificación cada tres horas convierte la casa en un espacio sujeto a inspección periódica. La rutina familiar se reorganiza en función de ese calendario de supervisión. La casa deja de ser un refugio y pasa a funcionar como extensión del perímetro penal.
La diferencia entre lo que consta en la boleta y lo que ocurre en la práctica es uno de los puntos más sensibles. Si el documento judicial no consigna el uso de grillete ni las inspecciones periódicas, la imposición posterior de esas condiciones plantea interrogantes formales: ¿existe una resolución judicial complementaria?, ¿cuál es la base normativa específica?, ¿qué recurso cabe contra la medida?
En ausencia de información pública clara sobre esos extremos, la medida se sitúa en un terreno donde la discrecionalidad adquiere peso determinante. Desde una perspectiva crítica, el exmagistrado Asdrúbal Aguiar sostiene que el grillete, en este contexto, constituye una restricción severa de la libertad y una prolongación del control estatal sobre personas cuya detención ha sido cuestionada. Para Aguiar, en un entorno sin garantías plenas de Estado de Derecho, la medida puede interpretarse como una simulación de excarcelación.
“Sería interesante saber, en este tour de force, qué dice Estados Unidos de la forma en que los causahabientes de Maduro ejecutan sus órdenes tutelares”.
El monitoreo electrónico, en abstracto, puede entenderse como mecanismo cautelar sustitutivo de la prisión preventiva. En los casos analizados, sin embargo, se inserta en un entorno institucional marcado por la falta de independencia judicial documentada por organismos internacionales.
La excarcelación no implica restitución plena de derechos. A la permanencia obligada en el domicilio se suman, en algunos casos, restricciones para declarar a la prensa o pronunciarse públicamente. El resultado es una libertad condicionada que combina dispositivo electrónico, presencia policial y limitaciones expresivas.
El aparato, por sí solo, es una herramienta tecnológica. En determinados contextos puede ser parte de un esquema garantista. En otros, su significado cambia según el entorno institucional en el que se aplica. La tecnología es estándar. Las reglas que la rodean no siempre lo son.
En Venezuela, el grillete se ha convertido en la imagen visible de una excarcelación que no termina de romper el perímetro penal. La cárcel no desaparece. Se reconfigura. Cada tres horas, la puerta vuelve a abrirse.
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