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El impacto del uso excesivo de celulares en la salud mental y atención de niños: ¿Debería Colombia seguir el ejemplo de Dinamarca y Suecia?

En Dinamarca, Suecia y Australia se está controlando el uso de celulares para menores de 16 años. Julián de Zubiría explica por qué Colombia debe seguir este camino.

Julián de Zubiría lleva muchos años mirando de frente, analizando y ofreciendo respuestas y soluciones bien pensadas en un tema que le interesa a todos: la educación. Es maestro, pedagogo, columnista y fundador del Instituto Alberto Merani, pero sobre todo es alguien que ha pasado la vida entera escuchando a niños, adolescentes, padres y profesores. Desde ahí habla. No desde la teoría pura, sino desde las aulas, desde las conversaciones incómodas y desde una preocupación que no se ha ido con el tiempo: qué les está pasando a nuestros niños.

En esta charla, De Zubiría pone el dedo en una herida que ya no se puede tapar. Dice que algo se rompió cuando los smartphones entraron sin control a la vida de los menores. Que no fue de golpe, sino poco a poco. Que nadie avisó del daño. Y que hoy estamos viendo las consecuencias: niños que leen menos, que se concentran menos, que duermen peor y que cargan una angustia silenciosa que antes no era tan común.

Para él, el problema no es la tecnología en sí, sino haberla puesto en manos de niños y adolescentes sin límites, sin acompañamiento y sin reglas claras. Las pantallas —advierte— no solo entretienen: aíslan, comparan, generan adicción y construyen una idea falsa de la vida. Un mundo donde todos parecen más lindos, más felices y más exitosos, mientras muchos jóvenes, sobre todo las niñas, se sienten cada vez más insuficientes y más solos.

Por eso Julián de Zubiría defiende una decisión que ya tomaron países como Dinamarca, Suecia y Australia: sacar los smartphones y las redes sociales de la infancia y la adolescencia temprana, al menos hasta los 16 años, y volver a los libros impresos, al juego, a la conversación y al contacto real. No lo plantea como una prohibición caprichosa, sino como un acto de cuidado. Porque —dice— cuando se trata de niños, llegar tarde también es una forma de daño.

Vea aquí toda la conversación:

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