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El impacto de Dan Caine en la estrategia de EE. UU. en el Caribe y su relación con Venezuela

Especial para Las2Orillas

En los últimos días, un alto oficial estadounidense realizó una visita que no pasó inadvertida: el presidente del Estado Mayor Conjunto (Chairman of the Joint Chiefs of Staff), general Dan Caine, se trasladó a Puerto Rico para ver de primera mano a las tropas desplegadas en la región y abordar la creciente tensión alrededor de Venezuela.

La imagen —el más alto asesor militar del gobierno recorriendo bases y hablando con soldados— es poderosa, pero es importante diferenciar roles: quien visita las tropas y aconseja no es, por regla, quien ordena operaciones. Esa responsabilidad recae en el Comando Sur (SOUTHCOM), la estructura del Pentágono que dirige las operaciones militares en el Caribe.

Dan Caine: el rostro del asesoramiento militar

Dan Caine llegó al cargo de chairman en 2025 después de una carrera que lo catapultó de piloto de F-16 a puestos en la comunidad de inteligencia y en la Casa Blanca. Es, en palabras oficiales, el principal asesor militar del Presidente, del Secretario de Defensa y del Consejo de Seguridad Nacional; su papel es estratégico, asesorar, coordinar y articular las voces de las distintas ramas de las Fuerzas Armadas, no dirigir tropas en combate.

Durante su carrera acumuló horas de vuelo de combate, experiencia en operaciones especiales y trayecto en puestos de enlace entre inteligencia y operaciones. Su reciente visita a Puerto Rico coincidió con un momento de máxima atención pública sobre la acumulación de fuerzas en el Caribe.

SOUTHCOM y la cadena de mando operacional

Si la pregunta es “quién está a cargo de cualquier eventual operación contra Venezuela”, la respuesta operacional apunta a SOUTHCOM, el comando combatiente que tiene autoridad sobre las fuerzas en el hemisferio sur.

Al frente de SOUTHCOM, hasta hace poco, estuvo el almirante Alvin Holsey, un oficial de larga trayectoria en la Armada con destacada hoja de servicios; los comandantes de estos mandos son los que, en última instancia, ejecutan órdenes del Presidente a través del Departamento de Defensa en escenarios regionales. La distinción importa: el chairman asesora y coordina y SOUTHCOM dirige y ejecuta.

Lo que está ocurriendo en el Caribe

En las últimas semanas, Estados Unidos ha intensificado su presencia naval y aérea en el sur del Caribe: portaaviones, buques de guerra, fuerzas anfibias y aviones de ala fija se han movido más cerca de la costa venezolana.

El Pentágono ha justificado la postura en términos de una campaña contra el narcotráfico y redes criminales. Sin embargo, operaciones que han incluido ataques a embarcaciones sospechosas y el anuncio de una “nueva fase” en las operaciones han escalado las preocupaciones diplomáticas y humanitarias, y reavivado los temores en la región sobre choques militares mayores.

Medios internacionales y agencias han cubierto la destrucción de embarcaciones sospechosas y la muerte de decenas de personas en esos incidentes, lo que ha generado interrogantes legales y políticos.

¿Quién decide dar el paso más grave —un ataque— y cómo se decide?

En la práctica, una decisión de usar fuerza contra objetivos soberanos o instalaciones en Venezuela es política y requiere autorización presidencial y, a menudo, apoyo legal explícito (o una justificación bajo la doctrina de autodefensa o leyes antinarcóticos).

El chairman (Caine) y los comandantes (SOUTHCOM) participan aportando opciones, evaluaciones de riesgo y planes de ejecución; pero la orden política final viene del poder civil. La burocracia militar actúa dentro de una cadena de mando clara: desde el Presidente, pasando por el Secretario de Defensa, hasta el comandante del teatro. Caine asesora; SOUTHCOM planifica y puede ejecutar cuando recibe la orden política.

Perfil humano y político: ¿por qué importa que el oficial de más alto rango militar de EEUU visite a las tropas?

El gesto de Caine en Puerto Rico tiene doble lectura. Para las tropas y la moral interna, la visita de la máxima autoridad militar es una muestra de apoyo y de control institucional. Para la opinión pública regional y latinoamericana, es un símbolo de la voluntad de los Estados Unidos de proyectar poder y de estar “presente” en la zona.

En tiempos de alta tensión —cuando se reportan ataques, cuando hay despliegues de portaaviones o cuando se discute el uso de fuerza—, esos gestos se interpretan como preparación, advertencia o, en algunos casos, intento de contener la situación por la vía de la disuasión.

Escenarios posibles y peligros reales

Escalada limitada y sostenida: mayor patrullaje, ataques puntuales contra embarcaciones sospechosas, operaciones de inteligencia y cooperación con países caribeños. Este parece ser el camino por el que se han movido las fuerzas hasta ahora.

Operación militar más amplia: si la administración decide que es necesario un golpe más claro —por ejemplo, para desmontar capacidades que Washington califique como amenaza directa— la operación requeriría decisiones políticas explícitas y afectaría de manera grave la estabilidad regional.

Presión no militar y diplomacia: sanciones, presión sobre actores intermedios, apoyo a opositores y trabajo con aliados regionales son alternativas que podrían acompañar o reemplazar una opción militar.

Cualquiera de estos caminos tiene costos: desde víctimas civiles y crisis humanitaria hasta una crisis diplomática con vecinos de la región que temen la repetición de viejas intervenciones. Los líderes militares, tanto quienes asesoran (Caine) como quienes conducen operaciones (SOUTHCOM), operan en ese delicado mapa: planes, inteligencia y órdenes políticas convergen y pueden derivar en escenarios impredecibles.

La visita del general Dan Caine a Puerto Rico no es un acto anecdótico. Es la proyección de un mensaje militar y político en una región sometida a tensión.

Pero conviene recordar la arquitectura institucional: el chairman asesora y articula, los comandos combatientes planifican y ejecutan. En la práctica, si la crisis se endurece, la decisión final será política y tendrá consecuencias regionales profundas.

Mientras tanto, la presencia norteamericana en el Caribe seguirá siendo un factor determinante en cualquier coyuntura venezolana, y la responsabilidad de las decisiones recae tanto en los uniformes como en el escritorio donde se firma la orden.

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