Con Edmundo hasta el final

En estos últimos días quizás Edmundo González Urrutia piense en su vida apacible de jubilado con una nostalgia sólida. Añorará aquellas tareas que le tocaba realizar y estaban vinculadas a la esencia de su profesión: acercar posiciones, unir desuniones y asesorar en materia internacional a sucesivas plataformas políticas opositoras. Actividad complementaria perfecta para un embajador jubilado como él; lo bueno del retiro se concentra, precisamente, en la placidez de no tener que sufrir presiones o tener responsabilidades estresantes.

 Ese hombre, que no escogió la política como oficio sino como voluntariado, por esos avatares de la vida criolla, se encuentra de pronto en una situación donde ni siquiera el más avezado y correoso de los políticos querría estar ni se manejaría con tranquilidad: ser perseguido por una dictadura que no conoce el escrúpulo. “Me apresarán o asesinarán de un momento a otro”. Algo como eso debió sentir Edmundo, pero quien en verdad lo escribió, en una carta al CEN de AD, fue un Rómulo Betancourt de 40 años de edad, tras el derrocamiento de Gallegos. Es evidente que tranquilo no estaba, aunque, a diferencia de EGU, tenía un doctorado en ser perseguido por dictaduras.

Edmundo González pidió asilo a España. Una decisión que, visto que ya estaba “como huésped” en la embajada de Holanda desde el 29 de julio, fue meditada y consultada. Se podría suponer que eso fue parte de algún plan de contingencias, si Maduro optaba por un golpe de estado a la soberanía popular, como en efecto hizo. Se le critica (en particular en las redes, en las que se le ha maltratado mucho, por cierto) que no lo consultó con el liderazgo de la oposición. Claro que no, dado lo delicado de la materia, lo haría con María Corina Machado y alguna gente confiable para él, si acaso. No podía ampliar ese círculo por su propia seguridad. Betancourt, para continuar el contraste, tampoco lo hizo. La carta al CEN la escribió varios días después de asilarse.

Especulaciones hay muchas en torno a la solicitud de protección de EGU (la mayoría de ellas negativas o pesimistas), pero lo único cierto es que España gestionó el salvoconducto correspondiente y Maduro lo concedió. De hecho, de tan buena gana lo hizo, que celebró el evento como una victoria. Hasta dulce de lechosa comió, emulando a su líder eterno. Que lo disfrute, es poca compensación para la incomodidad de estar sentado sobre una bayoneta.

En España, el asilo de Edmundo ha pasado a engrosar la lista de frentes de guerra abiertos entre PSOE-PP. Eso constituye un gran inconveniente para la lucha por la democracia en Venezuela. Lo que conviene es que ambos partidos, across the aisle, como en Estados Unidos, traten el tema venezolano. Mientras escribo, se anuncia una sesión del Congreso de los Diputados de España en la que probablemente se vote positivamente una iniciativa del Partido Popular para declarar EGU como Presidente Electo. Una de esas pequeñas victorias, de las que hablaba Mao.

Según algunos comentaristas en medios internacionales y en las redes sociales criollas, el dictador se había quitado de encima al Presidente Electo. Eso podría no ser verdad, por la misma razón por la que la fiebre no está en la cobija. En primer lugar, Edmundo González Urrutia es, sin las formalidades que solo Maduro y su dictadura le niegan, el presidente que los venezolanos eligieron por abrumadora mayoría. Esa condición la lleva consigo a cualquier lugar del mundo donde se encuentre. Luego, a quien de veras Maduro necesita quitarse de encima es a los más de siete millones de electores que lo sacaron legítimamente del poder el 28 de julio. Y si de formalidades se trata, probablemente esta misma semana, el Parlamento Europeo declare a EGU Presidente Electo de Venezuela. Punto para los buenos.

Edmundo González Urrutia es un patrimonio político insustituible que se debe defender y cuidar mucho, comenzando por él mismo. Por tanto, solicitar el asilo fue una decisión, además de acertada, responsable. La razón es clarísima: es el único entre 30 millones de  venezolanos que el día 10 de enero de 2024 puede, legítima y legalmente, ser juramentado como Presidente. Ya se verá. La lucha es hasta el final, y desde España, dadas las circunstancias en Venezuela, será para él más fácil continuarla.

La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

rpoleoZeta

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