Ana Lucía Pineda ha estado dedicada a su familia y a sus 4 hijos, pero estrenó tarima y micrófono en el Movistar Arena apoyando la campaña de su marido.
El estreno público de Ana Lucía Pineda fue en el lanzamiento en Bogotá de la campaña del Tigre y el movimiento Defensores de la Patria en el Movistar Arena el pasado mes de noviembre. Allí llegó juvenil y fresca con sus cuatro niños. Al mejor estilo de las convenciones norteamericanas, tomó el micrófono y habló de su historia de 20 años al lado de Abelardo de la Espriella.
De la Espriella era entonces un exitoso abogado penalista que ya empezaba a mirar hacia el horizonte de los negocios. Pronto estaba casada con un entusiasta apostador que no estaba dispuesto a quedarse anclado en una oficina. Y allí ha estado con él en Bogotá, Montería, Miami, la Toscana y ahora en Barranquilla, donde se instalaron a vivir para coordinar desde allí la campaña presidencial. Ana Lucía se acomoda fácil y hace la segunda y está donde tenga que estar.
No busca protagonismo, no disputa cámaras. Está ahí, firme y silenciosa, como ha estado durante casi dos décadas apoyando con discreción.
Tiene 38 años, nació en Montería y creció en un entorno familiar que siempre estuvo conectado con el de Abelardo de la Espriella en una elite local estrecha de familias conocidas en Córdoba. Particularmente, Ana Lucía Pineda, quien es muy raizal, es cercana a círculos políticos conservadores: es pariente del senador y el exalcalde de Montería, Marcos Pineda. Él es diez años mayor. Cuando Abelardo dejó Montería para instalarse en Bogotá siendo adolescente, ella era apenas una niña. La vida siguió su curso por caminos paralelos durante años, sin urgencias ni expectativas.
El reencuentro ocurrió mucho después, ya en Bogotá, cuando Ana Lucía tenía 18 años. Fue un cruce aparentemente casual, en una calle de la capital, cerca del lugar donde trabajaba su padre. Abelardo ya era un reconocido abogado penalista graduado en la Universidad Sergio Arboleda, que está cerca de la Notaría donde permanecía su padre, también Abelardo, y también su mamá, la María Eugenia Otero, la Niña Mayo, quien fue muy activa en la recolección de firmas. Pronto empezó a mezclar su ejercicio profesional con su fortaleza mediática y su decisión de volar alto, cuanod formó su bufete De la Espriella Lawyers, porque para Abelardo de la Espriella todo es mega, a lo grande.
La mamá de Ana Lucía, Regina Victoria Aruachan Dahl, tuvo una fugaz aparición pública cuando el Presidente Iván Duque la nombró en un cargo en el consulado de Colombia en Miami, cuando la familia De la Espriella Pineda vivía allí, con sus cuatro hijos.
Lucía, Salvador, Filipo y Francesca, a los que Ana Lucía, quien estudió Administración de Empresas en la Universidad Javeriana, les dedica un tiempo que comparte con las demandas de Abelardo. Siempre manteniendo un perfil bajo incluso en momentos de riesgo como cuando apareció un paquete bomba en la oficina de De la Espriella Lawyers.
Ana Lucía optó por un perfil bajo, pero el soporte y con sensatez aconseja y detrás de cada decisión arriesgada, de cada nuevo negocio y de cada giro inesperado, incluida la apuesta más ambiciosa de todas: lanzarse a la carrera por la Presidencia de la República, que tomó el año pasado, está ella. No aparece aun en mucho en la campaña que ha sido construida principalmente sobre comunicación en redes y sin asumir riesgos públicos, pero está lista para cuando se requiera cumplir con su papel como lo hizo en el Movistar Arena de Bogotá.
La diferencia de edad entre ambos, diez años, ha sido tema recurrente de conversación pública. Sin embargo, lejos de ser un obstáculo, ha sido una anécdota menor dentro de una relación que se ha sostenido en la confianza y en una división clara de roles. Él, expansivo, confrontacional, siempre al límite. Ella, metódica, reservada, enfocada en la familia. Cuatro hijos que aún son menores de edad y que han obligado a la pareja a pensar cada movimiento con cuidado, especialmente ahora que la política ha reemplazado al litigio como campo de batalla principal.
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