Los analistas y el mercado no quieren apostar del todo al preacuerdo de liberación del estrecho de Ormuz al paso del petróleo y del gas. La firma anunciada de un acuerdo en Ginebra puede devolver cierta confianza, a la espera de su cumplimiento. Por ahora, en pleno Mundial de Fútbol en los Estados Unidos, con la selección de Irán jugando allá, pero hospedándose en México, flota el alivio de no ver o vivir misiles matando gente.
El mundo corporativo y energético contiene la respiración. La firma oficial del memorando de entendimiento entre Estados Unidos e Irán está prevista para este viernes 19 de junio en Ginebra, Suiza. El vicepresidente JD Vance representaría a Washington y el presidente del Parlamento iraní, Mohammad-Bagher Ghalibaf, a Teherán. Sin embargo, la ceremonia no está garantizada. Un alto funcionario estadounidense admitió que podría resolverse de forma remota en las próximas 48 horas, sin acto presencial. La mediación principal estuvo a cargo de Pakistán. Qatar también tuvo un rol clave: Trump agradeció públicamente al Emir por su participación, y la arquitectura del pacto —secuenciar lo urgente y patear lo nuclear para después— replica la diplomacia qatarí usada en Gaza.
Parte del acuerdo ya opera, razón por la cual el petróleo Brent cayó 5,1 por ciento hasta 82,86 dólares el 16 de junio, borrando parte de la prima de guerra que se acumuló desde que comenzó el bloqueo de Ormuz el 28 de febrero. Esa baja es la primera señal de confianza táctica: el riesgo de escalada militar entre Estados Unidos e Irán se reduce, y el cuello de botella del veinte por ciento del crudo mundial empieza a descongestionarse.
El supuesto más visible que ya se ejecuta es la reapertura parcial del estrecho. Estados Unidos levantó su bloqueo naval a puertos y buques iraníes, vigente desde mediados de abril.
El lunes 15 de junio, tres petroleros y dos buques de carga iraníes cruzaron Ormuz sin obstáculos después de meses varados. Un metanero indio hizo lo mismo al día siguiente. Irán anunció que levantará su propio bloqueo una vez concretada la firma del viernes, aunque ya adelantó que implementará un sistema de tasas por navegación y seguros marítimos. Aun así, la normalización será lenta. Analistas de PVM Oil Associates advierten que la reanudación total del tráfico puede tardar semanas o meses porque hay que certificar que las rutas estén libres de minas. Las grandes navieras y aseguradoras no bajan primas hasta tener esa garantía. Nadie quiere arriesgar un buque de 200 millones de dólares por un preacuerdo, ha comentado a El Prisma una gerente de logística internacional de residuos de petróleo.
La liberación de los fondos
El segundo punto acordado es la liberación de los 24.000 millones de dólares de activos iraníes que estaban congelados. Este desembolso está condicionado a que Irán “desmantele infraestructura nuclear” en los próximos 60 días. Y allí, pues habrá serias dificultade, entre otras cosas porque la estructura nuclear iraní es la base principal de su sistema energético. Siempre ha dicho que la desarrolla para fines de desarrollo pacífico.
El memorando prevé un fondo de reconstrucción de 300.000 millones de dólares para reparar daños en Irán, Irak y Líbano tras 107 días de guerra. Pero la estructura de ese fondo no contempla inversión estatal. Son como fondos de inversión. Cómo lo harán. Nada claro.
El tercer supuesto en marcha es el alto al fuego. El memorando prorroga por 60 días la frágil tregua que rige desde abril e incluye un cese de hostilidades en todos los frentes, también en Líbano. En la práctica, aunque ahora podría cambiar sin apoyo abierto estadounidense: Israel no detuvo sus ataques. A esto se suma un waiver petrolero: Estados Unidos habilita a Irán y a países del Golfo a aumentar su producción de crudo mientras dure esta primera fase. Trump lo describió así: podrán “bombear petróleo como locos”.
Toda esta ejecución anticipada convive con un nivel alto de escepticismo. Funcionarios de Estados Unidos afirman que el documento ya fue firmado electrónicamente por Trump, Vance y Ghalibaf el lunes. Pero Irán condiciona cualquier implementación a la firma oficial de este viernes. O cuando se lo haga. El propio Trump alimenta la incertidumbre. Dijo que el acuerdo “ya está cerrado”, pero también advirtió que “si no lo honran, probablemente volvamos a bombardearlos hasta que lo honren”.
Según las filtraciones del New York Times sobre el preacuerdo, el borrador final contiene 14 puntos.
En materia nuclear, según el medio, el lenguaje se suavizó. Ya no dice que Irán “nunca producirá armas nucleares” sino que “reafirma que no procurará ni desarrollará armas nucleares”. Y sobre Ormuz, siempre según el medio norteamericano, Washington pasó de exigir apertura inmediata con volumen pre-guerra a aceptar que Irán solo “use sus mejores esfuerzos” para garantizar paso seguro, con cruce libre únicamente durante 60 días. Y que después, Irán y Omán definiran juntos la administración futura del estrecho. También cambió el destino del uranio enriquecido. Ya no se exige transferirlo a Estados Unidos u otro país, sino trabajar con la OIEA para degradarlo.
Acá es una vuelta a las mesas de diálogos anteriores que también fueron vulneradas por el bombardeo norteamericano en el inicio de la guerra. En plena supuesta negociación con la Organización Internacional de Energía Atómica.
En qué confiar
La firma del viernes puede ser un punto inflexión. Puede prolongar la confianza transitoria que ya se vio esta semana, sostenida en bajar el riesgo de guerra abierta, la apertura gradual al paso del 20 por ciento del petróleo mundial y la recuperación por parte de Irán de su liquidez.
La confianza estratégica, la que dicen necesitar navieras como Maersk, aseguradoras como Lloyd’s y fondos de inversión para volver en serio, depende de que el texto se publique y termine con las especulaciones y que las rutas de Ormuz se certifiquen libres de minas y las primas de seguro bajen.
Como resumió un análisis la agencia Reuters, este pacto termina la lucha inmediata, reabre Ormuz y levanta el bloqueo.
Todo lo demás habrá que esperar.
Así, este viernes, o el día que se firme y se haga completamente público, los CEO del sector energético, logístico y financiero mirarán tres cosas: si hay firma, si hay texto público y si hay comunicados de navieras retomando rutas por Ormuz. Sin esas tres señales, el preacuerdo seguirá siendo un gesto político con impacto limitado. Con esas tres señales, los grandes jugadores del sector, empresa que producen y las navieras y las distribuidoras, habrán ganado una tregua real para planificar el segundo semestre de 2026.
Acá, en Paraguay, la pregunta de siempre. Si baja el precio del petróleo, por qué no baja el precio de los combustibles. “En Paraguay lo que sube ya no baja” es frase común.
Por qué.
Esta parte que nos toca a todos, en un país que se mueve en casi el 100 por ciento con combustible fósil, con un vehículo por cada dos personas, lo abordaremos en el próximo artículo.
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