Aunque grandes lobistas como AIPAC quitan y ponen congresistas y financian campañas presidenciales, su inmenso poder se deteriora con la guerra de Gaza
Los grandes lobistas de Israel son capaces de mover los hilos de la política de Estados Unidos. Con dinero que reparten a manos llenas entre demócratas y republicanos, tienen el poder de quitar y poner congresistas y apoyan campañas presidenciales de uno y otro bando. En los eventos que organizan anualmente desfilan desde Barack Obama a Donald Trump, los Clinton, Joe Biden y Kamala Harris, entre otras figuras de la vida política de ese país.
Es un lobby legal, conocido y reconocido, que ahora está cambiando con la guerra de Gaza. En la aceptación de su candidatura, el 22 de agosto de 2024, Harris fue la equilibrista que habló del derecho de Israel a defenderse para, renglón seguido, anotar que lo ocurrido es “devastador” y exigir un alto al fuego. Dos años después, con más de 72.000 palestinos muertos y el cambio en la opinión pública, el dilema desaparece entre los demócratas.
La imagen pública de Israel se ha deteriorado, y la histórica elección del musulmán Zohran Mamdani como alcalde de Nueva York ha demostrado que el apoyo incondicional a Israel, antes considerado un requisito indispensable para la viabilidad política, ya no garantiza el éxito. Mamdani sirvió de “barómetro” para medir el interés en torno a la cuestión palestina entre los estadounidenses.
Entre los demócratas ya se habla de rechazo al American Israel Public Affairs Committee (AIPAC) y se toma esa postura como caballo de batalla para las elecciones legislativas del 3 de noviembre. Los más de 21.000 millones de dólares que Estados Unidos ha enviado a Israel desde octubre de 2023 permiten vincular el tema con los intereses materiales de los votantes, que debaten a dónde van sus impuestos, con los que el gobierno federal financia guerras que conducen al genocidio. El diario británico The Guardian cita encuestas en las que el 77 % de los demócratas cree que Israel está cometiendo genocidio en Gaza, algo que nunca se había visto.
Algunos políticos han puesto sobre la mesa que no aceptarán donaciones de AIPAC. Donaciones que pueden ser tan generosas como los 18 millones de dólares que le dieron a un candidato para que derrotara a su rival en Misuri. AIPAC recibe mensualmente unos 15 millones de dólares que provienen de un amplio número de donantes. Entre ellos está el cofundador de WhatsApp, Jan Koum, que hizo en 2019 MMarcus, ex CEO de Home Depot y Bob Kraft, dueño del equipo de fútbol americano New England Patriots, también han realizado donaciones millonarias.
Los grandes donantes proisraelíes: Koum de WhastApp, Marcus ex-CEO de Home Depot, Kraft de New England Patriots
La institución lobista, fundada en 1954 por Isaiah L. Kenen durante la administración de Dwight Eisenhower, es uno de los grupos de presión más fuertes de Estados Unidos. Con 100.000 miembros activos y 17 oficinas regionales, figura entre las 25 organizaciones de lobby más poderosas de Washington reseñadas por la revista Fortune: puesto 2 en 1997 y puesto 4 en 2001. Hoy, AIPAC está presidida por Lillian Pinkus, de Dallas, hija de sobrevivientes del Holocausto. Pinkus es la primera mujer al frente de la lobista en 20 años, cuando, en 2006, Bernice Manocherian terminó su presidencia.
Hasta hace cinco años, AIPAC no recaudaba fondos para candidatos, sino que sus miembros lo hacían a través de comités de acción política no afiliados al ella, y por otros medios. Pero, a finales de 2021, creó su propio comité de acción política y anunció planes para un Super-PAC que puede gastar dinero en nombre de candidatos. Sus críticos dicen que actúa como un agente del gobierno israelí con un dominio absoluto sobre el Congreso de Estados Unidos y ha sido acusada de estar fuertemente aliada con el partido Likud de Israel y el Partido Republicano en Estados Unidos.
Aunque AIPAC es superpoderosa, no es el único grupo de presión sionista. El diario estadounidense The Washington Post describió las diferencias percibidas por el público entre el AIPAC y otros como J Street: ambos grupos se hacen llamar bipartidistas, pero la primera ha ganado el apoyo de una abrumadora mayoría de judíos republicanos, mientras que J Street se presenta a sí mismo como una alternativa para los demócratas que se sienten incómodos con las políticas de Benjamín Netanyahu y también con los políticos conservadores de AIPAC.
Los cambios de la opinión
Entre los muchos demócratas de todo el país que han dicho abiertamente que no aceptarán más donaciones de AIPAC está el gobernador de California, Gavin Newsom, y el senador de origen colombiano Rubén Gallego, quien ya había recibido donaciones anteriormente. También la senadora por Nueva York Alexandria Ocasio-Cortez, quien antes había sido crítica con la guerra de Gaza y ahora se opone abiertamente aa financiar la ayuda militar a Israel.
Este movimiento en las filas demócratas también responde a un cambio en la opinión pública estadounidense. A medida que ha aumentado la cifra de palestinos muertos, que no cesan los ataques israelíes, que el cese al fuego está en papel pero dista de la realidad, y que los desplazados se mueven al vaivén de los ataques, la solidaridad con Palestina ha ido creciendo.
Una encuesta publicada por Gallup justo antes de que Estados Unidos e Israel empezaran la guerra contra Irán el 28 de febrero, señalaba que, por primera vez desde principios de los 2000, los estadounidenses sienten más simpatía por los palestinos que por los israelíes: un 41% frente a un 36 %. Hasta el año pasado, la tendencia era inversa.
Esta visión negativa se ha visto alimentada también por la guerra de Irán, en que la que la lectura de los críticos es que Tel Aviv ha arrastrado a Washington al conflicto. Donde más se ha acentuado la pérdida de simpatía es entre los votantesdemócratas e independientes: 57 % y 48 %, respectivamente, ven a Israel de manera negativa.
A pesar de los dardos dentro de las bases MAGA y de las críticas de algunos sectores contra el presidente, la perspectiva que tienen los republicanos no se ha visto afectada. Solo un 18 % ve negativamente a Israel, seis puntos más que en 2023.
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