En la construcción de 1938 está funcionando la Segunda Brigada de Ejército y su remodelación para el presidente De la Espriella la están financiando la Gobernación y el sector privado.
Desde hace ya varias semanas, hasta pasadas las nueve de la noche, en el norte de Barranquilla, dentro del Batallón Paraíso, se oyen taladros y hombres trabajando sin cesar. Dentro de esta guarnición militar, donde opera la Segunda Brigada del Ejército Nacional, cerca de cuatrocientos obreros trasladan materiales, ajustan cableado y ponen a prueba luces bajo un calor que empieza a bajar hasta las cuatro de la tarde.
Algunos trabajadores tienen turnos que se extienden hasta las 11:00 p.m. Falta una semana para el 7 de agosto, el día en que Abelardo de la Espriella jurará como presidente de Colombia, y el edificio donde planea despachar cuando esté en la capital del Atlántico aún huele a pintura fresca.
La construcción tiene casi noventa años. Se levantó bajo la Ley 11 de 1935. Inició operaciones tres años después, en un cantón militar diseñado para alojar tropas de la región Caribe. Con el tiempo, pasó a ser una guardería para los hijos de los militares del batallón. En 2011, fue acondicionado para el Comando Conjunto del Caribe.
Ahora, cambia de uso por segunda vez: de coordinar operaciones militares a servir como despacho presidencial.
El edificio está dentro de un complejo de unas 51 hectáreas, en el sector de Riomar, junto a la Vía 40, una de las avenidas más transitadas de Barranquilla. Se encuentra colindando con los barrios Paraíso y Bellavista. Durante años, algunos concejales han cuestionado que un terreno tan grande se destine casi por completo a entrenamiento y vivienda de tropa. Además, han solicitado liberar parte del predio para proyectos urbanos. Esta discusión quedó congelada apenas se supo que ahí habría una sede del nuevo gobierno.
Antes de decidirse por el Batallón Paraíso, el equipo de De la Espriella consideró otros lugares de la ciudad, entre ellos la Casa Catinchi y el Edificio de la Aduana. Los descartaron por razones de seguridad: ninguno ofrecía lo que sí brinda un recinto militar cerrado, con control de acceso y niveles subterráneos capaces de resistir un ataque. A eso se sumó una ventaja práctica: el batallón ya contaba con un edificio en desuso, el de la antigua guardería, que solo requería remodelación y no una obra desde cero, lo que implicaría gastos adicionales.
Adentro, trabajan en varios frentes al mismo tiempo. Se están habilitando una oficina para el presidente, un despacho para la primera dama, salas para el gabinete y espacios para recibir delegaciones nacionales e internacionales.
Además, hay una sala de situaciones, con sistemas de comunicación y video vigilancia, desde donde el mandatario y las autoridades de seguridad podrán seguir en tiempo real operaciones e información de inteligencia. Afuera, levantan un parqueadero grande y una alameda arbolada que conectará el edificio con la Vía 40. La obra completa va alrededor del 80 por ciento.
El tema del financiamiento es lo que menos claro está. Ante las inquietudes sobre de dónde provienen los recursos para la remodelación, el gobernador del Atlántico, Eduardo Verano de la Rosa, aclaró que la Gobernación aportó 2 mil millones de pesos a la obra. Según él, empresarios de la región donaron materiales de construcción, carpintería de aluminio y ventanas, donaciones que la administración departamental coordinó.
La Constitución prohíbe, en su artículo 355, que el Estado entregue auxilios a particulares, pero no impide lo contrario: que una entidad pública reciba donaciones de privados, siempre que haya un acto formal de aceptación y quede registrado en sus cuentas. Hasta ahora no se conoce ningún documento de ese tipo, qué entidad recibió exactamente los materiales, ni bajo qué figura.
De la Espriella, para complicar el enredo, todavía no había asumido funciones cuando inició la obra, así que no está claro quién podía representar al Estado para aceptar las donaciones.
El alcalde Alejandro Char confirmó que la ciudad busca que el presidente electo se quede más tiempo en Barranquilla. Además, estimó el beneficio no solo para la capital del Atlántico, sino también para departamentos vecinos —La Guajira, Córdoba, Sucre, Cesar, San Andrés—, desde donde llegar a Bogotá puede tardar hasta dos días. En redes sociales circulan, cada vez que aparecen nuevas fotos de la obra, comparaciones entre la nueva fachada del edificio y ciertas construcciones institucionales de Estados Unidos.
El Batallón Paraíso no será la única sede en la ciudad. El Edificio de la Aduana, en el centro histórico, también se está desocupando —salieron de allí varias oficinas de la Cámara de Comercio— para que trabaje el equipo más cercano al presidente y se realicen los consejos de ministros.
De la Espriella ya dijo que Barranquilla no será una parada ocasional, sino sede permanente de su gobierno, junto con Medellín y Cali, dentro de la descentralización anunciada. En Bogotá, la Presidencia dejará la Casa de Nariño. El Tigre afirmó que despachará desde el Palacio de San Carlos y que el palacio presidencial tradicional se convertirá en un museo público. Por ahora, en Barranquilla, lo único seguro es la fecha. El 7 de agosto los obreros tienen que tener su misión terminada.
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