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Mauro Zambrano: «La lucha laboral en Venezuela y la búsqueda de igualdad en tiempos de crisis»

El 1 de mayo no representa una celebración para el sector laboral venezolano, sino un nuevo capítulo de un conflicto que parece estancado en el tiempo. Con un salario mínimo que ha permanecido congelado mientras la inflación dicta su propia ley, los gremios se preparan para tomar las calles. En este escenario, Mauro Zambrano levanta una voz crítica ante la destrucción del valor profesional; para él, la crisis refleja una gestión donde “la igualdad se entendió para abajo”, nivelando a la población en la carencia y no en la prosperidad. Zambrano, formado en los pasillos del Hospital Universitario de Caracas, conoce de cerca el deterioro del tejido laboral y analiza por qué, a pesar de que el Ejecutivo tiene raíces sindicales, hoy la protesta es la única herramienta del trabajador.

—El sector salud ha sido el epicentro de las protestas en los últimos años. ¿Cuál es el elemento diferenciador de esta convocatoria del 1 de mayo para convencer al obrero de que marchar todavía surte efecto?

El ánimo es un tema difícil, ha habido momentos de mucha resignación. Pero después de los eventos del 3 de enero se abrió una puerta; hay una expectativa sobre el tema económico y político que nos ha llevado a salir nuevamente a dar la cara. El trabajador entiende que, si no presionamos, la imposición seguirá. No es solo marchar por marchar; es buscar un equilibrio que hoy no existe. El sindicato busca justícia y paz laboral, pero aquí el poder del Estado es tan enorme que intenta aplastar a las masas. Nuestra fuerza es la unificación y la comunicación para visibilizar lo que vivimos.

—Existe una crítica constante: que un aumento salarial sin cambios estructurales solo alimenta la inflación. ¿Cómo sostienen la exigencia de un ajuste ante este argumento económico?

Ese argumento es falso y se usa para evadir responsabilidades. Tenemos cuatro años sin aumento salarial y la inflación sigue galopando. No es el aumento lo que causa la inflación, es la falta de políticas económicas y la corrupción en la fiscalización. El problema económico no lo causamos los trabajadores, pero somos quienes lo pagamos. Hay empresas privadas que han logrado firmar contratos colectivos dignos en medio de esta misma crisis; entonces, ¿por qué el sector público no puede? Exigimos que los recursos se distribuyan con justícia. La igualdad en este país se entendió para abajo, y eso es lo que vamos a cuestionar en la calle.

—La fragmentación de las convocatorias, con sectores marchando el 30 de abril y otros el 1ro de mayo, suele leerse como debilidad. ¿A qué responde esta división?

El movimiento sindical es muy plural; hay distintas tendencias y eso es democrático. Sin embargo, ahorita nos une el salario. El 95% de las organizaciones estamos alineadas para el primero de mayo. Aunque se vea fragmentado por individualidades que tienen un megáfono mediático, la realidad es que el primero de mayo se va a demostrar quién tiene el encuentro con la masa trabajadora. El sindicato es para defender a la gente, no a los gobiernos. Hay quienes se dicen sindicalistas, pero defienden al gobierno mientras el trabajador sufre. Esa es la brecha que nos separa de ellos.

—Mencionas que después del 3 de enero se abrió una «puerta». ¿Qué esperanza real tiene el trabajador de que esta marcha sea el inicio de un cambio estructural y no una jornada más?

Ese momento marcó una diferencia porque el mundo puso los ojos en Venezuela y el gobierno entendió que no puede hacer lo que quiera sin consecuencias. Apostamos a que esto impulse un cambio no solo político, sino de modelo. El país necesita que las empresas vuelvan, que haya inversión y que los profesionales sean valorados. Un enfermero o una maestra no deberían caminar kilómetros porque no tienen para un pasaje. Marchamos para que el Estado deje de ser un perseguidor y se convierta en un ente que garantice democracia interna en los sindicatos y justícia en los sueldos.

“En el resto del mundo se celebra; en Venezuela protestamos hasta que haya democracia real en las instituciones y en los bolsillos de la gente”.

La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

rpoleoZeta

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