Richard Holtum y John Addison, pesados en las comercializadoras Trafigura y Vitol, tienen el permiso de EE.UU. para vender crudo en la isla gobernada por Diaz-Canell
Hace pocas semanas, el apagón llegó a La Habana y las viejas puertas de madera se usaron como leña para cocinar: tras la captura de Nicolás Maduro y el bloqueo de los envíos de petróleo venezolano hacia la isla, escaló la crisis energética.
“NO HABRÁ MÁS PETRÓLEO NI DINERO PARA CUBA – CERO”, escribió el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en su red social Truth Social, utilizando las mayúsculas para enfatizar el mensaje.
Maduro había salido esposado y custodiado hacia una corte de Nueva York el 3 de enero y ese mismo día Trump anunció que los Estados Unidos tomaría las riendas de la industria petrolera venezolana indefinidamente. Con eso, cesó el envío de petróleo a Cuba y este bloqueo ha llegado a convertirse en una crisis humanitaria.
Ahora, pasado ese punto crítico, Washington anunció que autoriza la reventa de petróleo y gas venezolano a la isla para actividades privadas y usos comerciales o humanitarios. Eso sí, de ninguna manera podrá usarse para operaciones del gobierno cubano, las Fuerzas Armadas o las entidades incluidas en la lista restringida del Departamento de Estado norteamericano.
Las empresas que ya tienen autorización para hacer las transacciones con Cuba son dos de las comercializadoras más grandes del mundo y fueron las mismas que ganaron el primer acuerdo de venta de petróleo venezolano en la era Trump: Vitol y Trafigura. En 2024, Vitol despachó un promedio de 7,2 millones de barriles diarios de crudo, mientras que Trafigura gestionó cerca de 4,3 millones. En conjunto, este volumen supera el 10 % del consumo diario del mundo.
Vitol fue fundada en Rotterdam en 1966 por Henk Viëtor y Jacques Detiger, quien la lideró desde 1978 durante una etapa crucial. Hoy, Vitol es empresa privada propiedad de los empleados. Trafigura fue creada por Claude Dauphin y Eric de Turckheim en 1993, en los Países Bajos, y hoy opera como un grupo internacional cuya empresa matriz es Trafigura Beheer B.V.
Ambas tienen cercanía con la Casa Blanca. John Addison, miembro principal de Vitol, que en Estados Unidos tiene su sede en Houston, donó a la campaña de reelección de Donald Trump USD$ 6 millones y Ben Marshall director de la división estadounidense de Vitol, estuvo en la reunión en la Casa Blanca con los grandes de la industria petrolera. Allí aseguró un acuerdo de USD$ 250 millones para el crudo venezolano en el controvertido plan de Trump de vender hasta 50 millones de barriles de ese crudo.
Las donaciones de Addison incluyeron USD$ 5 millones en octubre de 2024 a Maga Inc., según una base de datos de donantes de OpenSecrets, y más de USD$ 1 millón a otros dos comités de acción política (PAC) formados por Elon Musk y alineados con Trump. La empresa dijo que esos generosos aportes se hicieron a título personal.
Por su parte, Trafigura también adquirió USD$ 250 millones en petróleo venezolano, y según fuentes del Financial Times, entre 2024 y 2025 la compañía gastó USD$ 525.000 en lobby en Estados Unidos. Si bien el ministerio de Energía no cerró las puertas a otros comercializadoras, sí justificó que estos dos eran los que podían hacer más rápidamente las primeras transacciones.
Gran parte del crudo que estas empresas recibieron fue inicialmente almacenado a la espera de ser vendido. Bloomberg informó que estas compañías adquirieron ese petróleo a un precio de USD$ 15, por debajo del costo del barril de crudo Brent, y lo ofrecieron a refinerías en la Costa del Golfo de EE. UU. a un precio de entre USD$ 8 y USD$ 9 menos que el Brent. El total de la venta fue de USD$ 500 millones.
Históricamente, el petróleo venezolano se ha vendido en precios que se mueven en un rango aproxiamdo entre USD$ 5 y USD$ 15 por debajo del Brent, dependiendo de la calidad del crudo, de las condiciones de la venta y de la situación del mercado.
Aunque Vitol y Trafigura encabezan la lista de las compañías que tienen licencia para vender petróleo venezolano a Cuba sin ser sancionadas por Washington, los ingresos por ventas tienen que recorrer un largo camino para llegar hasta ellas. Entre las condiciones está que esos dividendos deben ser depositados en una cuenta controlada por Estados Unidos.
Los conocedores de las transacciones dicen que el dinero se está depositando en una cuenta que mantiene el Banco Central de Venezuela en el banco estadounidense JP Morgan, desde donde es transferido a una cuenta en Qatar que funciona como una suerte de fideicomiso entre EE. UU. y el gobierno de Venezuela. Desde allí, el dinero se distribuye a bancos venezolanos que venden dólares en el mercado cambiario, o cubren las necesidades que tenga el país, previa aprobación de Estados Unidos y del fideicomiso.
Ante el Senado, el secretario de Estado Marco Rubio explicó que se decidió enviarlo a Qatar para solventar una dificultad jurídica derivada del hecho de que EE. UU. no reconoce al gobierno venezolano como legítimo, y para evitar que los acreedores de la deuda venezolana intenten hacerse con el control de esos fondos para cobrar lo que se les debe.
Cuba, por su parte, se encuentra en la situación más crítica que han vivido en los últimos 67 años, desde que Washington impuso un embargo a la isla. La economía decreció un 5 % el año pasado, los apagones sigue, la libreta de abastecimiento casi ha desaparecido (esa canasta garantizaba a las personas de más bajos ingresos un alivio que los cubría durante por lo menos 10 o 12 días), y este año Trump impuso el bloqueo energético.
Con este telón de fondo, el gobierno de Miguel Díaz-Canel autorizó por primera vez en 60 años la asociación entre empresas públicas y privadas, aunque mantendrá el monopolio estatal en los sectores de la salud, la educación y la defensa.
La medida comenzará a regir a inicios de abril, y se suma a otras adoptadas en los últimos años. En 2021 se autorizó la creación de pequeñas y medianas empresas privadas (mipymes), con un tope de hasta 100 empleados. Para 2025, cerca de 9900 empresas privadas representaban alrededor del 15 % del Producto Interno Bruto y empleaban a más del 30 % de la población económica activa. Ese mismo año, el comercio minorista privado superó por primera vez al estatal, concentrando el 55 % de las ventas totales.
Todo esto refleja una reconfiguración gradual del modelo económico cubano, que se dirige hacia lo planteado por Marco Rubbio: la isla debe cambiar “drásticamente”.
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