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Las 10 petroleras extranjeras nacionalizadas por Hugo Chávez y su impacto en la industria petrolera de Venezuela

Con la intervención de EE. UU. y la detención de Nicolas Maduro, Trump quiere que regrese la explotación petrolero a empresas privadas que Venezuela conoció

El proceso de nacionalización petrolera impulsada por Hugo Chávez a comienzos del siglo XXI no fue uniforme ni idéntico para todas las compañías. Su propósito era el control del Estado del negocio petrolero con Petróleos de Venezuela como barco insignia. Algunas fueron expropiadas y expulsadas del país, otras aceptaron quedarse como socias minoritarias de Pdvsa, y varias más vieron nacionalizadas sus filiales de servicios. A través de su popular programa «Aló, Presidente», Hugo Chávez anunciaba y justificaba las medidas de nacionalizaciones, dando la orden en vivo y en directo del «¡Exprópiese!», en su promesa de avanzar hacia el socialismo del silgo XXI y la soberanía nacional.

En vivo y en directo, Hugo Chávez nacionalizó una decena de petroleras en su programa radial

Pronto estuvo en la mira la norteamericana ExxonMobil. Fue una de las más importantes en Venezuela durante la apertura petrolera de los años noventa. Participó en el proyecto Cerro Negro, uno de los grandes desarrollos de crudo extrapesado en la Faja Petrolífera del Orinoco. En 2007, el gobierno de Chávez exigió que todos los proyectos migraran a empresas mixtas con mayoría de Pdvsa y la norteamericana liderada en ese momento por Rex W. Tillerson, quien luego fue secretario de Estado, se negó a aceptar las nuevas condiciones, argumentando que violaban acuerdos contractuales previos. Como resultado, sus activos fueron expropiados y la empresa abandonó el país en XXX. Posteriormente, inició demandas internacionales de arbitraje, convirtiéndose en uno de los casos más emblemáticos de litigios contra Venezuela.

Ese mismo año cayó otra de las grandes, también estadounidense ConocoPhillips, que al igual que ExxonMobil, rechazó la migración al nuevo esquema. Tenía participación en los proyectos Petrozuata, Hamaca y Corocoro, todos de gran relevancia estratégica. James J. Mulva, su CEO, retiró sus operaciones del país. Años después, obtuvo laudos favorables en tribunales internacionales, lo que derivó en embargos de activos venezolanos en el exterior. Su salida es considerada una de las más costosas para el Estado venezolano en términos legales y financieros.

Con la llegada de Trump, Chevron se movió en Venezuela tratando de mantenerse a flote

A diferencia de Exxon y Conoco, Chevron, la tercera estadounidense, optó por permanecer en Venezuela, según decisión de su CEO David J. O’Reilly. Su caso ha sido uno de los más sonados, porque ha estado presente en grandes decisiones de los mandatarios de EE. UU. entre sanciones y lobby. Chevron aceptó convertirse en socia minoritaria de Pdvsa, participando en empresas mixtas como Petropiar, Petroboscán y Petroindependencia. Aunque no fue expropiada, perdió el control operativo y accionario de sus proyectos y su presencia se mantuvo bajo estricta supervisión estatal.

Con la llegada de Trump a la presidencia hace un año se movieron en Washington buscando autorizaciones para seguir en Venezuela como se cuenta en esta nota.

Las petroleras europeas también fueron golpeadas por Chávez y Maduro

La francesa Total también participaba en la Faja del Orinoco, principalmente en el proyecto Sincor, que luego pasó a llamarse Petrocedeño. Total, en cabeza de Christophe de Margerie fue otra de las que aceptó convertirse socia minoritaria de Pdvsa. Si bien no fue nacionalizada en el sentido estricto, sus activos quedaron bajo control mayoritario del Estado venezolano, reduciendo su autonomía operativa y su participación en las decisiones estratégicas.

Otra de la más grandes en su momento, British Petroleum, BP que manejó hasta el 2007 Lord John Browne tuvo una presencia más limitada pero relevante en el sector petrolero venezolano. La británica entró al esquema de empresas mixtas y cedió la mayoría accionaria a Pdvsa. Con el tiempo, BP fue reduciendo su exposición en Venezuela, afectada por la inseguridad jurídica y las restricciones operativas derivadas del nuevo modelo estatal.

La noruega Statoil, hoy conocida como Equinor, participaba en proyectos de la Faja del Orinoco, especialmente en Petrocedeño junto a Total. Su CEO Helge Lund aceptó inicialmente el esquema de empresas mixtas, pero años después decidió retirarse gradualmente de Venezuela, vendiendo su participación. La italiana ENI, liderada por Paolo Scaroni, mantuvo una relación más estable con el Estado venezolano. Participó en proyectos petroleros y gasíferos, aceptando ser minoritaria y aunque no fue expropiada, su capacidad de inversión se vio limitada por las condiciones impuestas por el gobierno venezolano.

La española Repsol que estaba liderada por Antonio Brufau siguió operando como socia minoritaria de la estatal en la Faja del Orinoco en Petrocarabobo, también en Petroquiriquire y en proyectos de gas natural como Cardón IV. A diferencia de otras empresas (como ExxonMobil y ConocoPhillips), Repsol no demandó a Venezuela en tribunales internacionales por expropiación.

Algo del espacio lo han cubierto los chinos fortaleciendo Pdvsa pero quedándose con una buena tajada.

Los servicios petroleros

Además de las grandes multinacionales, Chávez impulsó la nacionalización de empresas de servicios petroleros entre 2008 y 2010. Decenas de compañías dedicadas a perforación, mantenimiento de taladros, transporte lacustre y logística fueron expropiadas, especialmente en el Lago de Maracaibo.

Entre ellas había firmas de propiedad de venezolanos, estadounidenses y europeas. Sus activos pasaron a manos de Pdvsa o de nuevas empresas estatales creadas para ese fin. Este proceso afectó directamente la capacidad operativa de la industria, al tratarse de servicios críticos para la producción diaria.

Las consecuencias fueron dramáticas, como lo conoció todo el mundo. Todas las empresas del sector petrolero, la mayoría multinacionales, terminaron golpeadas por las medidas nacionalizadoras de Hugo Chavez, que continuó su sucesor Nicolás Maduro, y la mayoría decidió empacar maletas progresivamente, a excepción de Chevron que ha seguido dando la batalla. El control de la explotación petrolera por parte del Estado a través de Pdvsa ha resultado nociva y se ha ido desmantelando una infraestructura petrolera que es la que Trump en su discurso reclamó y recalca continuamente, como otra de sus justificaciones para la intervención, que le pertenecen a los norteamericanos y que tienen derecho a rescatarla. Para entendidos, la dinámica de recuperación de la industria petrolera en Venezuela será larga y tomará mucho tiempo regresar a los estándares previos a la Revolución del Siglo XXI.

rpoleoZeta

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