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La transformación espiritual de Abelardo De la Espriella: de ateo a ferviente católico tras la pérdida de su tía Beatriz

Por años negó a Dios, pero la muerte de su tía Beatriz la acercó a la Virgen de Chiquinquirá hace seis años, una fe que comparte con su esposa y el vicepresidente

Abelardo de la Espriella entró al cuarto donde su tía agonizaba y se detuvo frente a una Virgen que llevaba algún tiempo puesta en el mismo lugar. La conocía como se conocen los objetos que forman parte de una casa: sin que nadie repare en ellos. Esa tarde la miró de verdad, quizas fue la primera vez que la observaba. Tenía 41 años, era ateo desde hacía dos décadas y, sin saberlo, estaba a punto de dejar de serlo.

Beatriz Gracia Aldana era la hermana menor de su madre, apenas dos años mayor que él. Ambos habían crecido casi como hermanos en Montería, entre la tierra ganadera de la familia y las largas tardes cordobesas. Cuando llegó el momento de la universidad compartieron un apartamento en Bogotá, mientras él se hacía abogado en la Sergio Arboleda.

La cercanía entre Beatriz y Abelardo, sostenida durante años, terminó pesando más que cualquier discusión teológica que hubieran tenido antes. Beatriz era muy católica, tenía la convicción de quien reza todos los días. Abelardo, durante años, fue el abogado que en entrevistas repetía sin matices que no creía en Dios ni en nada que la razón y la lógica no pudieran demostrar.

El hoy presidente electo confiaba en la ciencia, en los argumentos verificables, en lo que se podía probar frente a un juez. Cuando se casó por la Iglesia en 2008 explicó que lo hacía por puro y físico amor, no por fe. Su tía, mientras tanto, seguía insistiéndole en que se acercara a Dios y él seguía respondiéndole que su insistencia era una pérdida de tiempo. Simplemente, el tema no le interesaba.

El Covid 19 atacó a Beatriz con una fuerza que la familia sintió cual sentencia. En esas semanas finales, cuando ya casi no podía hablar, seguía repitiéndole a su sobrino que oraba por su conversión. Fue entrando a verla, en uno de esos días, cuando Abelardo se detuvo ante esa imagen a la que nunca le había prestado atención. No fue una revelación instantánea, sino. El primer golpe de algo que seguiría creciendo dentro de él.

La tía Beatriz perdió la batalla en abril de 2021. Durante la misa de despedida, De la Espriella sintió algo que no supo nombrar con las herramientas que había usado toda su vida para explicar el mundo. No fue un argumento ni una prueba. Fue una sensación de paz que lo tomó por sorpresa y que le hizo entender algo simple: si quería seguir teniendo algún tipo de conexión con su tía amada, ese contacto solo podía ser a través de Dios.

Ese día decidió convertirse. Lo hizo de una manera que él mismo describiría como completamente mariana: su primer acercamiento no fue a un concepto abstracto de divinidad, sino a la Virgen María, la misma figura que Beatriz había tenido siempre presente en su casa y sus oraciones.

Esa conversión ocurrió alrededor de 2021 -cinco años antes de que De la Espriella se convirtiera en presidente electo de Colombia-, en un momento en que la política todavía no formaba parte de sus planes. No hubo cámaras ni estrategia electoral detrás de esa tarde ni de esa misa. Hubo una tía que había pasado años pidiéndole que se acercara a la fe y un sobrino que, después de resistirse durante toda su vida adulta, terminó cediendo en el momento en que más la extrañaba.

Con los años, De la Espriella empezó a hablar en público de ese proceso, primero en entrevistas sueltas y después con más detalle, hasta convertir la historia de su tía en parte reconocible de su biografía. Habla de ella todavía con el cariño familiar de quien la sigue llamando por su apodo. Además, sostiene que las oraciones repetidas por Beatriz durante años, cuando él no quería escucharlas, terminaron cumpliendo exactamente su propósito.

Hoy, De la Espriella lleva escapularios al cuello. Aunque muchos dudan de su conversión y aseguran que fue usada para recoger votos cristianos y católicos, él la defiende siempre con el mismo argumento: todo comenzó años antes de que la política ocupara un lugar en sus asuntos. El presidente electo recuerda cómo todo empezó en el cuarto de una tía moribunda, frente a una imagen que para él, desde ese día, empezó a tener un sentido para la vida.

rpoleoZeta

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