Su miopía no fue una barrera para pasarse 16 horas viendo cine, como lo hizo en Los Ángeles, y las notas de todo lo que vio están en los 2 tomos publicados por Planeta.
Además de su novela ¡Que viva la música! y de sus casi 70 cuentos, Andrés Caicedo escribió cientos de notas sobre cine que componen una sorprendente producción para un autor que murió a los 25 años. Desde que aprendió a hacerlo, nunca paró de escribir, ni de ver cine, y un buen día se entregó a la muerte golpeando las teclas de su máquina Remington.
Como si la muerte le contara los segundos desde lo más profundo de sus entrañas, Andrés Caicedo vivió con afán desde que se despertaba hasta que se acostaba. De niño, se enamoró del cine escuchando a su madre, Nelly Estela, hablar de “Rebecca”, de Alfred Hitchcock, y de “Lo que el viento se llevó”, de Víctor Fleming. Desde entonces, fue un niño miope que aprendió a ver la vida a través de las pantallas.
Su madre sabía que aquel anhelado hijo varón, buscado durante ocho embarazos, era diferente. Andrés cuenta en sus memorias que el embarazo fue tan tortuoso para ella que empezó a marchitarse con las inagotables patadas que su pequeño feto le daba desde el vientre.
Cuando tenía doce años, lo único que aplacaba a aquel niño, que ya se había ganado con bastante mérito el apodo de “loco”, era ir a ver películas con su hermana Rosario en la casa cural frente a su casa. Además, lo acompañaba una desmedida euforia por el fútbol: era hincha del Deportivo Cali y le gustaba jugar de arquero.
Con la llegada de la adolescencia y las serias preocupaciones de la edad, Andrés empezó a mentir para juntarse con los del “Club Campestre”, conocidos por ser los más ricos de Cali. Pero tardaron muy poco en descubrirlo y lo sacaron del grupo. El rechazo lo fue volviendo prevenido y temeroso con las mujeres. Por esta razón, cuenta él, prefirió recurrir a las prostitutas para saciar sus primeros deseos de amor.
Por esa misma época, el joven Andrés, ya obsesionado con devorar cuanto libro y película se le cruzaran en el camino, empezó su fructífera carrera de escritor con unos cuantos poemas y su primer cuento, titulado “La piel del otro héroe”, que fue publicado en el magazín dominical del diario Occidente de Cali. Esto lo llenó de ambiciones y se empezó a obsesionar con su talento recién descubierto.
Luego de un carrusel de colegios, expulsiones y llamados de atención, logró graduarse de bachiller del Colegio Camacho Perea. Aunque cargaba con los cuentos de Edgar Allan Poe debajo del brazo, la vida académica no era lo suyo. Detestaba la pose de intelectual. Andrés solo quería ver cine y escribir todos los días de su vida.
En 1971, con 20 años, ya había intentado suicidarse cortándose las venas en medio de una fiesta. El sábado 10 de abril de ese año fundó el Cine Club de Cali en el Teatro San Fernando. La primera función fue “Iban por lana” de Jean-Luc Godard y asistieron 161 personas.
El joven cinéfilo empezó a ser conocido en toda la ciudad. Asistir al Teatro San Fernando los sábados se volvió una tradición caleña. Los espectadores no solo veían películas, sino que eran recibidos con unas canciones de salsa y un texto, escrito por Andrés Caicedo, que ponía al público en contexto sobre la película.
Dos años después viajó a Estados Unidos con la idea de hacer dos guiones de terror y vendérselos a Roger Corman, el maestro del horror. Su hermana Rosario, la única que lo entendía a cabalidad, le abrió las puertas de su casa en Houston. Allí se gastó los pocos ahorros comprando libros que nunca había leído y yendo a ver lo último de lo que al principio de la década del 70 se llamó el Nuevo Hollywood.
Tres meses después, Andrés viajó a Los Ángeles con los guiones traducidos por su hermana, pero no logró convencer a ningún productor y se dedicó a ver cine desde las ocho de la mañana hasta la media noche todos los días en el teatro The Vagabond. Su gran orgullo era haber visto “El ciudadano Kane” de Orson Welles.
El dinero con el que se mantenía Caicedo en Los Ángeles fue un regalo de 1.500 dólares de la época, aproximadamente 9.500 dólares de hoy, es decir, unos 35 millones que su amigo Luis Ospina le pasó a Rosario para que los administrara con la única condición de que Andrés no se enterara de dónde venían.
Andrés regresó desilusionado a Colombia un año después de su estadía en Los Ángeles, pues no logró vender sus guiones. En medio de su fracaso, se decidió a editar una revista, y cuatro meses más tarde puso a circular “Ojo al cine”, un éxito en ventas y en crítica.
Tiempo después conoció a Clarisol y a Guillermo Lemos. Sus dos amores, aunque solo podía reconocer al primero. Con Clarisol y Guillermo vivió salvajemente entre hongos y Daprisal, hasta que conoció a Patricia Restrepo, su último amor, quien para ese momento era esposa de Carlos Mayolo y se convirtió en amante suya.
La relación de Patricia con Mayolo terminó y Andrés pasó a ocupar el primer lugar. Esa relación fue la antesala a su descenso a los infiernos. La inestabilidad emocional y su desazón frente a la vida lo llevaron a ingerir 125 pastillas de Valium de 10 mg, en su segundo intento de suicidio, que lo dejó en cuidados intensivos. Lo único que lo levantó fue la urgencia de sacar el quinto número de su revista “Ojo al cine” y publicar su novela ¡Que viva la música!
El 4 de marzo recibió el primer ejemplar publicado de su novela, se tomó 60 pastas de Seconal y se puso a escribir en su máquina. La dosis lo dejó acostado sobre las teclas de su fiel compañera, la que le hizo merecer el nombre de “Pepe metralla” por su obsesivo teclear, en medio de una fiesta o de madrugada.
Después de la muerte de Andrés, Carlos Alberto Caicedo guardó todos los textos de su hijo en un baúl. Con los años le permitió a Luis Ospina, a Sandro Romero y a su hija Rosario Caicedo que exploraran y organizaran ese legado. De esos papeles, junto a los textos publicados en diferentes diarios y números de la revista “Ojo al cine”, se compiló el material que compone los dos tomos del libro titulado “Ojo al cine”, una joya que recopila toda la obra cinéfila de Andrés Caicedo.
Después de 80 días sin salir del Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, Nicolás Maduro…
El presidente de la compañía, Juan Ricardo Ortega, ya estructuró el plan, pero el Alcalde…
Mansiones, aviones y oro por USD 4 mil millones están en la mira de EE.UU.,…
Pedro José González Cavanier, un comerciante del estado Bolívar, fue acusado de incitación al odio…
¡Se fue la luz!, pensamos al ver que Delcy Rodríguez desaparecía del encuentro virtual al…
Las exportaciones venezolanas de petróleo a Estados Unidos fueron de 549.000 barriles diariamente (bpd) en…