Se veía venir que la campaña oficialista sería un despelote. Con un candidato enfermo de un fuerte cáncer, o al menos convaleciente, es muy difícil programar y llevar una agenda organizada. Todos saben dónde estará Henrique Capriles, pero nadie sabe dónde estará Hugo Chávez.
El Presidente vive al día. Si una campaña ya es una tarea titánica para cualquiera, a eso hay que agregarle que no ha querido soltar sus funciones como Jefe de Estado. Pero como si eso no fuera suficiente, al agregar el cáncer el coctel se vuelve explosivo.
Por eso, dependiendo de cómo se siente, decide que va a hacer. Se supone que hoy Chávez estará en Cumaná, la primogénita del continente americano. Sin embargo, como la histórica ciudad se cae a pedazos por la marcada incapacidad de su gobernante rojito, ayer los militantes chavistas andaban en un corri-corri pintando la ciudad. Cabe destacar que el gobernador Enrique Maestre, a quien Chávez tiene en la mira, siempre pinta la ciudad de rojo cuando el Presidente va, incluso las propiedades privadas de personas que no tienen por qué ser simpatizantes oficialistas.
¿Cómo irá a Cumaná?
Si al final Chávez se siente bien como para desplazarse hasta Cumaná, seguro que se montará en el avión presidencial, a su disposición para sus labores como Jefe de Estado, no como candidato. Hasta en el Imperio, el candidato Barack Obama, también Presidente, se desplaza en un autobús equipado para su campaña reeleccionista. En Venezuela, las malas vías no han impedido a Capriles visitar cada caserío en un modesto bus. Sin embargo, la salud de Chávez no le da para aguantar un viaje de carretera de 16 horas, lo que tarda cualquier ciudadano común que no tiene un avión a su disposición, ya que el puentecito de Cúpira se cayó y dejó incomunicado al Oriente del país.
Por cierto, suponemos que el camión en el cual se desplaza Chávez durante sus contados recorridos de la campaña salió ayer para llegar a tiempo, no vaya a ser que el candidato deba caminar bajo el inclemente sol oriental.










