El plan será ejecutado por el vallecaucano Néstor Fabián Nieto, y la orden fue materializada por De la Espriella en la ciudad donde se inicia la guerra territorial urbana.
No es un lugar común. El Brigadier General Néstor Fabián Nieto Rivera es un oficial de alta escuela del Ejército Nacional de Colombia, ya que en sus 32 años de vida castrense ha combinado su formación académica con su comprobada capacidad operacional al frente de unidades tan exigentes como la Fuerza de Tarea Conjunta Marte, desplegada en el sur de Bolívar.
Antes de ser asignado a la frontera con Venezuela, como comandante de la Brigada 30, se desempeñaba como subdirector de la Escuela Superior de Guerra “General Rafael Reyes Prieto” en Bogotá, el centro de pensamiento militar más importante del país. Allí enfocó sus esfuerzos en la formación de magísteres en alta dirección militar, seguridad nacional y liderazo estratégico.
Ahora este oficial, oriundo de Yotoco, en el Valle del Cauca, tendrá a cargo otra misión crucial: estará al frente de las operaciones militares ordenadas por el presidente Abelardo de La Espriella para apoyar a la Policía Nacional en la recuperación de la ciudad de Cúcuta, azotada por una fuerte escalada criminal.
El componente central de esta intervención militar de emergencia se inició con la llegada por vía aérea de un primer contingente de 324 soldados que se integraron durante el primer puente festivo de noviembre de 2026 a tareas de patrullaje y control urbano, como fuerza de apoyo directo a la Policía Metropolitana de Cúcuta.
El pie de fuerza se ha ido complementando hasta alcanzar el medio millar de hombres, con la incorporación de unidades del Batallón de Despliegue Rápido Número 28 (y miembros selectos de las Fuerzas Especiales Urbanas, adscritos a la Trigésima Brigada del Ejército, la unidad a cargo del general Nieto.
La operación conjunta de las Fuerzas Armadas, a la que se sumará también la FAC, ampliará el espectro de la misión de Nieto, quien también ha tenido a cargo las operaciones que buscan quitarles a las disidencias y grupos extremistas y narcotraficantes el control del Catatumbo.
Guerra territorial en un entorno urbano
Su misión no es sencilla porque la violencia en Cúcuta está directamente impulsada por una sangrienta disputa territorial entre más de 20 bandas delincuenciales. Estas agrupaciones se enfrentan a muerte por el control del microtráfico, el contrabando y el cobro de extorsiones a comerciantes de todos los niveles, especialmente en las comunas 6, 7 y 8.
Entre las organizaciones criminales más peligrosas identificadas por las autoridades se encuentran el cartel venezolano Tren de Aragua y la facción AK-47. Estas organizaciones de origen transnacional se pelean el manejo de los corredores informales de la frontera y la explotación sexual en el sector de La Parada con estructuras locales históricas como Los Porras, Los Lobos y la organización de ‘Carlos Pecueca’.
Este entramado de delincuencia urbana convive y genera alianzas dinámicas con grupos guerrilleros de mayor envergadura como el ELN y el Frente 33 de las disidencias de las FARC, que utilizan la coca planta en el Catatumbo para financiar sus estructuras armadas y presionar los accesos a la capital nortesantandereana.
Ese fenómeno, que corre a la par con una violencia que puede ser calificafa como de carácter político, se vio agravado con el reciente asesinato del exsecretario de Gobierno Miguel Castellanos Serrano, quien fue la mano derecha del alcalde Jorge Acevedo durante su ejercicio.
De esa estela de crímenes, que ahora será enfrentada con una terapia de choque militar, hacen parte los homicidios de Jaime Vásquez, reconocido líder social, y del dragoneante del Inpec Brian Josué Rangel Sáedra.
Este despliegue masivo responde a una estrategia integral que combina operaciones de asalto contra objetivos de alto valor con labores cotidianas de seguridad ciudadanía. La intervención se sostiene sobre dos grandes pilares operativos de alcance regional. El primero de ellos es la reactivada campaña militar y policial Esparta, un esfuerzo conjunto que apunta directamente al corazón financiero de los grupos armados ilegales.
Con este enfoque, las autoridades buscan debilitar las cadenas de suministro del terrorismo, golpear las rutas del microtráfico y desmantelar las redes de extorsión que asfixian al comercio local, a la vez que desarticular organizaciones sicariales.
El segundo pilar es la conformación del Bloque Operacional de Seguridad Urbana (BOSUR). A diferencia de las unidades convencionales, el BOSUR opera con patrullas altamente móviles que combinan el poder de fuego defensivo con avanzadas tareas de inteligencia militar. Sus integrantes realizan misiones de reconocimiento rápido, allanamientos exprés en coordinación con la Fiscalía General de la Nación y asaltos en entornos de alta densidad demográfica.
La inteligencia ha cartografiado 21 puntos críticos dentro de la ciudad, que requieren intervención inmediata. Entre las zonas prioritarias se encuentran barrios de topografía difícil y tradicionalmente azotados por el conflicto, como Colinas del Tunal y el histórico barrio San Luis.
Los perímetros de la central de abastos, la terminal de transportes, hospitales y edificios gubernamentales cuentan ahora con custodia permanente para prevenir atentados terroristas o alteraciones del orden público.
Por instrucción directa del general Néstor Fabián Nieto, las Fuerzas Militares han reforzado la vigilancia en corredores fronterizos, conocidos como trochas, y puentes binacionales para neutralizar el denominado “efecto espejro”, una dinámica criminal mediante la cual los delincuentes ejecutan homicidios o extorsiones en territorio colombiano y cruzan de inmediato la línea fronteriza para eludir la acción de la justicia.
Para soportar las operaciones en tierra, el Ejército ha dispuesto el uso de vehículos blindados que patrullan las avenidas principales de la ciudad, con la idea de proyectar una fuerte presencia disuasiva. En el espacio aéreo, aeronaves y sistemas de vigilancia de la Fuerza Aérea Colombiana (FAC) realizan sobrevuelos continuos, transmitiendo imágenes en tiempo real a las unidades en superficie para coordinar los cierres de vías durante operaciones de persecución.
Cada cuadrante del Ejército trabaja de la mano con la Policía Nacional y delegados de la Fiscalía para asegurar que todas las capturas, incautaciones de material de guerra y confiscaciones de estupefacientes se realicen bajo estrictos estándares legales y garanticen que los capturados queden pronto a disposición de la justícia.
Con este despliegue sin precedentes en la historia reciente de la frontera, los soldados a cargo del general Nieto buscarán devolver la tranquilidad a los habitantes de Cúcuta y enviar un mensaje contundente de soberanía en una ciudad asediada por la delincuencia transnacional.
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