El chavismo: un caos y la democracia como solución para restaurar el orden en Venezuela

El despliegue militar de los Estados Unidos en el Caribe ha intensificado la probabilidad de una acción militar sobre territorio venezolano en las próximas semanas. Ante esta posibilidad, los chavistas, sus propagandistas y los dirigentes de la falsa oposición se oponen a la intervención con un argumento tan débil como vergonzoso: el caos del día después.

Dicen que una intervención militar en Venezuela desataría el caos y alimentaría la incertidumbre, como si la Venezuela de 2025 fuese un oasis de estabilidad, una especie de Suiza caribeña.
La verdad, en cambio, es más clara: la única manera de empezar a superar el caos en el que el chavismo ha sumido al país es desplazando a la dictadura de Nicolás Maduro del poder.

La democracia como promesa de estabilidad

Bastan algunos datos para dimensionar rápidamente —sin ánimo de ser exhaustivos— el caos al que el chavismo ha condenado al país:

Crímenes de lesa humanidad y terrorismo de Estado contra la disidencia.
Al menos 200 mil homicidios desde la llegada de Hugo Chávez al poder.
Presencia de grupos terroristas internacionales en el país, como las disidencias de las FARC, el ELN y Hezbolá.Crisis de los servicios públicos.Ecocidio al sur de Venezuela, por medio de la minería ilegal.

Y, no conforme con este panorama catastrófico, lo más grave de todo: que el Cartel de los Soles haya cooptado las instituciones del Estado y ejerza el poder en Venezuela. Para ello, se vale del Tren de Aragua como su brazo armado para exportar la delincuencia al resto del continente y asesinar a disidentes políticos en lugares tan lejanos como Santiago de Chile.

No puede estar más claro: si hay un régimen responsable de haber convertido a Venezuela en un caos, ese fue el chavismo.

Legitimidad democrática: la garantía del día después

Algunos comentaristas advierten con legítima y fundada preocupación sobre el día después de una acción militar. Citan los ejemplos de Libia o Afganistán para ilustrar los peligros y riesgos inherentes a una acción militar sin un plan para el día después.

Pero Venezuela no es Libia ni Afganistán. No somos un país con problemas étnicos o tribales. No tenemos disputas territoriales y convivimos en sana paz todas las grandes religiones monoteístas.

Más significativo aún: el 28 de julio de 2024, más de 8 millones de venezolanos escogieron a Edmundo González Urrutia como presidente electo de la República.
Si una acción militar desplaza a Nicolás Maduro del poder, los venezolanos ya eligieron, con la fuerza de su voto, quién es el líder legitimado para dirigir esa espinosa y compleja transición hacia la democracia: Edmundo González.

La legitimidad democrática de González Urrutia es una garantía de orden y estabilidad para el día después.

La guerra del chavismo contra los venezolanos

El historiador y analista político Georg Eickhoff ha sostenido que el chavismo, desde hace décadas, ha ejecutado una “guerra híbrida” contra los venezolanos. Si una acción militar los derroca, es probable que esta guerra adquiera formas más explícitas.

Resulta fácil prever que la base más radical del chavismo, financiada por el dinero del narcotráfico, la minería ilegal y el crimen organizado, pase a una fase de lucha armada. No es difícil pronosticar que empiecen a volar oleoductos o la infraestructura crítica del país en electricidad, agua y otros servicios públicos. Crearon un caos estando en el poder; no es difícil imaginar cómo van a pretender crear otro al pasar a la oposición.

Y si bien esta situación es indeseable, tenemos una garantía significativa: un gobierno electo democráticamente que enfrentará, con el apoyo de la comunidad internacional y la legitimidad del Estado, la pretensión chavista de frenar nuestro avance hacia la democracia y devolvernos al caos.

El escenario será turbulento y probalmente suframos algunos reveses y retrocesos. Aun así, es infinitamente más deseable enfrentar al mal desde las instituciones y con la fuerza de la voluntad popular, que seguir sometidos a un cartel del narcotráfico entronizado en el poder, que solo es garantía de inestabilidad política, crisis económica y terrorismo de Estado.

Muchas veces se suele hablar de la diferencia entre dictadura y democracia en términos abstractos. Para la gente no siempre es evidente qué ofrece la democracia, cuál es su contraste con la dictadura. En el caso venezolano, no podría estar más claro: el chavismo es garantía de caos.

Recuperar la democracia en Venezuela es el único camino para empezar a reconstruir la estabilidad y el orden en nuestro país.

La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

rpoleoZeta

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