El Acueducto Fallido de Ibagué: La Herencia Problemática del Ministro Jaramillo

Cuando fue alcalde de su ciudad, Guillermo Alfonso Jaramillo le compró la tubería a la empresa American Pipe de un amigo suyo, pero aún no logra transportar el agua.

En octubre de 2015, al cierre de la campaña en la que habría de ganar su elección como alcalde de Ibagué para el periodo 2016-2019, el médico Guillermo Alfonso Jaramillo Martínez se hizo fotografiar con su equipo en el lugar donde estaría la primera piedra del Acueducto Complementario de la ciudad, la obra más requerida en servicios, salubridad y saneamiento público.

Posó en realidad sobre un arrume de tubos de 36 pulgadas enviados como muestra por un fabricante interesado en el proyecto, que incluiría el tendido de una línea de conducción de 20.5 kilómetros que llevaría a los ibaguereños agua del Río Cocora.

Como si se tratara de un presagio, las cosas no comenzaron bien. La tubería en concreto fue comprada por la Empresa Ibaguereña de Acueducto y Alcantarillado (IBAL) a la firma American Pipe por un valor inicial de $11.000 millones de pesos. La oferta se basó en la promesa de que la red quedaría apta para transportar 1.009 litros por segundo, pero los tubos no han resistido la presión y se han explotado -según reportes de incidentes- en 17 ocasiones.

Cuando fue hecha la negociación de la tubería, el gerente de American Pipe era el ingeniero José Alberto Girón Rojas, hombre cercano a Jaramillo y ungido por éste como candidato a la alcaldía de Ibagué para el periodo 2020-2023, aunque en las elecciones apenas alcanzaría el tercer lugar.

Un nuevo hecho conspiró contra el destino del proyecto. American Pipe se vio envuelta en una investigación de la Superintendencia de Industria y Comercio por la conformación de un cartel para fijar artificialmente los precios en el sector de los tubos de cemento. Junto a las empresas Manufacturas de Cemento (Titán) y Tubox, la compañía gerenciada por el amigo del entonces alcalde y hoy ministro de Salud quedó expuesta a una sanción de $221.315 millones. Su planta de producción fue cerrada.

El Acueducto Complementario funciona desde entonces menos de media marcha y laboratorios oficiales han comprobado, además, que transporta agua no apta para el consumo humano. Su máxima capacidad de transporte oscila hoy entre 250 y 300 litros por segundo y mantiene en una situación de emergencia a varios barios de la capital tolimense.

En los círculos del gobierno local ya nadie se refiere al Acueducto Complementario como a la “obra del siglo”. Sottovoce, los funcionarios se refieren a ella como al colapso del siglo, mientras que el concejo municipal se ha visto a gatas para ejercer su control político simplemente porque los responsables citados no se presentan u ofrecen respuestas evasivas.

Recientemente, un grupo de habitantes del barrio El Salado, quizá el más afectado de su entorno, le escribió una carta al ministro de Salud, Guillermo Alfonso Jaramillo, en la que le recordaba que la obra en vías de colapso fue una de sus grandes banderas en la política local. Por estrategia, los corresponsales del ministro no le hicieron reproche alguno por sus actuaciones como alcalde sino que se limitaron a recordarle su arraigo tolimense, su amor por la ciudad y le pidieron que, dada su cercanía al presidente Petro, ayudase a rescatar el proyecto. “Ha habido mutis por el foro”, responde uno de los firmantes de la carta cuando se le pregunta qué les ha dicho el ministro.

“El doctor Jaramillo, temperamental y severo, y acostumbrado a no rehuir debates, esta vez nos ha prestado oídos sordos”, dice uno de los habitantes de El Salado que además se reconocío a sí mismo como “activista del Pacto Histórico”.

Como ninguno de los alcaldes, incluido el actual ministro, han dado ofrecido explicaciones, la responsabilidad reposa ahora en hombros de mandos medios. Después de haber faltado a debates de control político en el Congreso, Erika Palma, gerente del IBAL, se hace acompañar por concejales a los barrios para ofrecer medidas paliativas ante la crisis.

A diferencia de lo que suele indicar la historias, las emergencias no solo se viven en sectores populares. Los residentes de la Arboleda Campestre, condominio construido sobre terrenos vendidos por la tradicional familia Laserna, están recibiendo en su acueducto aguas no tratadas del río Combeima porque allí tampoco llega el acueducto complementario.

Si el ministro de salud, que sorprendió al no postularse como precandidato a la presidencia de la República, decide volver a la política local, quizá tenga que apersonarse esta vez de la frustrada “obra del siglo”.

rpoleoZeta

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